Columnistas 21/10/2018 - 12:03 a.m. domingo 21 de octubre de 2018

Un arte perdido

Los que se distrajeron por los correos electrónicos y las llamadas perdieron 10 puntos en su cociente intelectual, el doble de lo que mostraba el impacto de consumir marihuana.

Berna Calvit
opinion@laestrella.com.pa

El título de un artículo cuya lectura recomienda en un tuit la joven investigadora en neurociencias, Gabrielle Britton, captó mi atención. El impacto de tecnologías de comunicación en nuestras vidas es tema que surge con frecuencia; hay quienes consideran que son imprescindibles e inocuas; otros somos conscientes de que ofrecen muchísimas ventajas, pero pueden, también, afectar negativamente la vida familiar, escolar, el trabajo, la salud. El artículo, ‘The lost art of concentration- being distracted in the digital world', en español ‘El perdido arte de la concentración: distraídos en un mundo digital', de Harriet Griffey fue publicado en The Guardian. Dice el escrito que es difícil imaginar la vida antes de que nuestro mundo personal y profesional estuviera dominado y conectado por los teléfonos inteligentes y otros dispositivos que nos hacen accesibles a la distracción, a la interrupción cada segundo del día. Nos hemos adaptado con facilidad a la falta de concentración (que llamo ‘revoloteo mental'); la constante fragmentación de nuestro tiempo y de nuestra concentración se ha convertido en normal. Pero, según los expertos, estas interrupciones y distracciones perjudican nuestra capacidad de concentración. Con estas aseveraciones no podría estar más de acuerdo y que, consciente de esa dependencia, me propuse prescindir por horas del celular que engancha, que crea adicción. Las investigaciones en 2005 por el doctor Glenn Wilson, del Instituto de Psiquiatría de Londres, mostraron que la interrupción persistente y la distracción en el trabajo tienen efectos profundos. Los que se distrajeron por los correos electrónicos y las llamadas perdieron 10 puntos en su cociente intelectual, el doble de lo que mostraba el impacto de consumir marihuana. Más de la mitad de los 1100 participantes dijo que contestaba los correos casi inmediatamente o lo más pronto posible; 21 % admitió que interrumpirían una reunión para hacerlo. Estas interrupciones constantes pueden tener el mismo efecto que perder una noche de sueño. Y más grave aún, que el uso excesivo de redes sociales podría afectar negativamente la salud mental.

En otro artículo el escritor Nicholas Carr admite que su capacidad de leer un libro o un escrito largo ha disminuido; pierde concentración después de pocas páginas, se inquieta, empieza a buscar alguna otra cosa que hacer; la lectura profunda se le ha convertido en una lucha. En 2018 un estudio de Ofcom, regulador de las telecomunicaciones británicas, reportó que los usuarios de celulares inteligentes lo chequean cada 12 minutos; 71 % nunca los apaga y 40 % lo revisa en los primeros cinco minutos tras despertar. El término CPA (Continuous Partial Attention), Atención Parcial Continua, significa estar en constante estado de alerta, a toda hora, en todo lugar; con esta conducta andamos sin realmente prestar atención completa a nada. En la laptop o el celular las noticias en un par de líneas; así me entero de inundaciones en Francia; que para Kenia Porcell es ‘refrito' la investigación de Adelita Coriat; del incendio en un mercado mexicano; de los ‘yo no sabía' del expresidente Martinelli; de la apresurada visita de Pompeo a Panamá, etc. Nos quedamos en la superficie de las noticias con el mínimo de información por falta de concentración para leerlas con detenimiento; la distracción lleva la atención hacia otros asuntos (servirse otra taza de café, regar las plantas, revisar otra vez el celular, etc.). A corto plazo, dice el escrito, nos adaptamos bien a estas demandas (tengo que estar al día), pero a largo plazo las hormonas del estrés, la adrenalina y el cortisol, crean un estado de hiperalerta, que necesita estímulo, ¿qué está pasando, me estoy perdiendo de algo?; esto provoca un estado de adicción que se calma temporalmente al chequear el dispositivo.

Creo que esto explica la ansiedad cuando no se tiene el celular o se está en algún lugar donde no hay señal; perdió la conexión con el mundo y afecta, porque la capacidad de vivir con nosotros mismos es nula; esto no lo dice el artículo, pero creo que es parte del problema.

Lo positivo de estos estudios es que aseguran que la capacidad de concentración es recuperable. Para lograrla recomiendan eliminar sonidos de avisos de mensajes y aplicaciones de redes sociales; apagar el dispositivo por períodos cada vez más largos y buscar alguna actividad que requiera total atención; a mí no me falla un buen libro. La conclusión de los expertos es que la concentración hace más fácil la vida. Apretar el botón de pausa la hace menos estresante y más productiva. Vale la pena intentarlo.

COMUNICADORA SOCIAL.

‘Lo positivo [...] es que [...] la [...] concentración es recuperable. [...]. La conclusión de los expertos es que la concentración hace más fácil la vida'
 
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