Columnistas 24/06/2015 - 12:00 a.m. miércoles 24 de junio de 2015

América Latina ¿y Europa Latina?

Si los romanos solían referirse a los pueblos escandinavos colindantes con Alemania, como también alemanes

Ricardo Lasso Guevara
opinion@laestrella.com.pa

Meditando ‘a posteriori' sobre la manera en que, recientemente, tuve que salir vestido (con grueso abrigo, guantes, bufanda y sombrero) de mi residencia con una temperatura de diez (10) grados centígrados bajo cero, llegué a pensar en lo siguiente, que jamás había escuchado ni leído antes.

Así como nos hemos acostumbrado a referirnos a Canadá y a los Estados Unidos como Norte América, y al resto del continente como América Latina y a sus habitantes como ‘latinos' e ‘hispanos', ¿sería apropiado trazar una línea horizontal que dividiese al norte de Europa y a la Europa Latina, más romanizada?

Si los romanos solían referirse a los pueblos escandinavos colindantes con Alemania, como también alemanes, ¿resultará apropiado hablar del norte más germánico, incluidos los ingleses provenientes de los anglos y los sajones que cruzaron el canal de la Mancha al caer el Imperio romano?

¿Nos ayuda lo anterior a comprender mejor los diferentes desarrollos y subdesarrollos en ambos continentes? ¿Sería un reflejo de lo mismo que en el norte más desarrollado de la propia Italia exista un movimiento político tendiente a independizarse del sur menos desarrollado de la Península?

Ayudan o perjudican estas disquisiciones a la hora de disipar los prejuicios generalizados en el norte de Europa y América con respecto al sur? ¿Y qué decir de la influencia de aspectos evidentes que van desde el clima y la latitud, hasta aspectos relacionados con la acción del hombre que —a pesar de la creciente homogeneidad— apuntan a la cultura, desde el trabajo, la comida y las diversiones, hasta incluir las prácticas religiosas? Me refiero al papel diferente del sacerdote en la sociedad, cuando se le compara con el ministro protestante y al mayor o menor estudio personal de la Biblia, por ejemplo.

¿Y qué decir de la mayor tolerancia en el ámbito de las ideas, producto tal vez de la necesaria convivencia dentro del fraccionalismo religioso y sus sangrientas luchas?

En América Latina no han faltado voces que consideran que el desarrollo del norte obedece a la explotación del sur y, hasta mirando a Europa, sugieren que fue el oro del Brasil el que produjo el desarrollo de Inglaterra.

El problema es que unas colonias iniciadas mucho más tardíamente en el norte que en el sur, lograron transformarse en la Primera Potencia para fines del Siglo XIX. Las primeras se mantuvieron siempre unidas desde antes de su Independencia, y sin cruzar apenas los Apalaches próximos al océano Atlántico. Supieron luego, incluso, superar una sangrienta guerra civil. Me refiero al intento independentista de los Estados Confederados del sur durante la administración del presidente Lincoln.

En cambio, los Estados Des-unidos del sur han sido hasta el presente incapaces de lograr la unión y remontar nuestra separación característica, antes y después de la Independencia a principios del mismo Siglo XIX.

Y ¿hasta dónde estos razonamientos y preguntas representan un aporte adicional a lo que he dejado planteado en mi nuevo libro, ya en prensa, bajo el título La democracia histórica y América Latina (cartas, citas y reflexiones)?

ABOGADO Y ESCRITOR.

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