Columnistas 12/07/2018 - 12:01 a.m. jueves 12 de julio de 2018

Ambivalencias y efectos de la tecnología

Los primeros trabajos sobre temas específicos eran verdaderas obras de arte literario casi merecedoras de premios en la categoría de ensayo

Jaime Cheng Peñalba
opinion@laestrella.com.pa

Cuando el uso de Internet empezó a copar poco a poco los espacios académicos dentro de la escuela, muchos docentes nos alegramos por el aporte valioso que esto significaba en el desarrollo de investigaciones sobre temas muy puntuales y de interés común. Sin embargo, cuando empezamos a revisar las primeras monografías ‘elaboradas por los estudiantes' vislumbramos luces de advertencias que no habíamos contemplado deslumbrados quizá por el brillo de tan maravilloso invento.

Los primeros trabajos sobre temas específicos eran verdaderas obras de arte literario casi merecedoras de premios en la categoría de ensayo. Los jóvenes daban charlas sobre conceptos que ni siquiera conocían ya que repetían al pié de la letra sus escritos que eran producto del ‘copiar – guardar- pegar'. Esta forma de apropiarse de conocimientos se volvió viral y muchos docentes simplemente los aceptaron para no ahondar en polémicas y salir fácilmente de una calificación. Los docentes conscientes del problema que se presentaba advertían sobre el delito del plagio o robo de información como si fuéramos los autores del trabajo presentado. La falta de orientación, el poco hábito por la lectura y la cultura de la pereza dieron pie a miles de trabajos donde se recogían informaciones como retazos de diversas obras pero donde no se expresaba en lo mínimo el aporte personal del estudiantes, pues repetían como verdaderos ‘papagayos' sus trabajos monográficos sustraídos sin el uso correcto de la cita bibliográfica.

Siempre he insistido que en los cursos de pre-media y media debe dictarse una cátedra obligatoria de método y técnica de investigación donde el estudiante sepa distinguir lo que es una cita textual y un texto personal. Las citas textuales conllevan un requisito para ser enunciadas de lo contrario incurrimos en el delito de robo de la producción literaria (plagio).

No pasó mucho tiempo de este acontecimiento cuando ya en las escuelas observábamos a los estudiantes sumidos en el uso de los celulares donde los jóvenes utilizaban frases y palabras distorsionadas heredadas de las ‘comunicaciones' por correo electrónico. La K se volvió famosa y reemplazó sin desparpajo a las palabras que llevaban Q y poco a poco fuimos testigo de una escritura pedregosa con atajos y abreviaturas que poco favor le hizo al esfuerzo literario y por ende al lenguaje de ‘Cervantes'. Las transformaciones tecnológicas viajan a años luz sobre todo en el último decenio y en menos de lo que se esperaba los teléfonos ‘gallitos' dieron paso a las tablets modernas o teléfonos inteligentes donde ya traen incorporadas hasta una aplicación para medir tu estado de ánimo. Si el Internet le quitó el espacio existencial a las bibliotecas, el uso de WhatsApp le está robando la esencia a la comunicación personal. No es un secreto que el uso excesivo de esta herramienta nos sumerge en una burbuja reconfortante, para muchos precisamente porque evita el contacto cara a cara y es una excusa perfecta para escabullirnos de lo poco o mucho que tenemos de extrovertidos.

Hoy día, precisamente por el uso negativo de la tecnología y el abuso de ciertas aplicaciones se ha ido olvidando el placer que nos daba la lectura de un buen libro y que en mediano plazo nos convertiría en buenos y responsables interlocutores de temas a profundidad. La arremetida de la tecnología mal empleada en la escuela no se ha detenido, pues hace pocos años algunos centros escolares sobretodo particulares están empleando la agenda escolar o virtual (MEREB) que se ha vendido como pan caliente. Un programa en el cual los docentes deben presentar todas las actividades que se desarrollaran durante la semana y que permite al padre de familia monitorear desde su casa (si están al día con la mensualidad) lo que sus acudidos deben hacer ‘sin necesidad de ir a la escuela' matando las visitas personales que los acudientes hacían a los maestros y profesores. Este sistema también aniquila la ‘espontaneidad' e improvisación en distintos temas ya que el docente tiene que ceñirse a lo programado en la agenda escolar. Definitivamente que estos acontecimientos debemos hacernos meditar no solo como escuela sino como sociedad para tratar de frenar la deformación y el uso negativo que se le está dando a la tecnología que definitivamente ha demostrado tener diversos usos dependiendo de los intereses.

SOCIÓLOGO Y DOCENTE PANAMEÑO

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