Columnistas 14/05/2019 - 12:00 a.m. martes 14 de mayo de 2019

Algo huele a podrido en el Tribunal

La democracia panameña no puede resumirse a quién desempeñó mejor ‘el libreto', mucho peor aún, flotando sobre leyes dispares y sesgadas. 

Víctor Paz
opinion@laestrella.com.pa

Algo huele a podrido en el Tribunal, y no en el tribunal electoral de Dinamarca. Es increíble la capacidad de retentiva de algunos ciudadanos nuestros (candidatos o votantes), que con un par de actos solemnes apenas, tienden a perder la memoria. No, yo no me creo esto de los discursos, los actos pomposos, la llamada a ‘la cordura' y todas estas hierbas aromáticas con las que suelen adormecernos después de cada punto de quiebre en la política panameña. Porque, con este cuentito, los corruptos de siempre han sobrevivido hasta el panamá de hoy. Hay momentos en la historia de todo pueblo, en los que urge dejar en claro todas las cosas, para no seguir siendo manejados como si fuéramos seres sin consciencia, moral, ni voluntad.

La democracia panameña no puede resumirse a quién desempeñó mejor ‘el libreto', mucho peor aún, flotando sobre leyes dispares y sesgadas. Todavía recuerdo los últimos fraudes electorales en la dictadura, y toda la fanfarria que hacían, un poco menos artesanal pero mucho más dramática. Entonces se escuchaban testimonios de robos de urna a mano armada, vandalismo electoral de todo tipo, conteos imposibles etc. No había una fuente de información imparcial y confiable que diera luces auténticamente democráticas. Hoy contamos con una institución encargada de ‘Garantizar la defensa de los principios democráticos y éticos', y que a su vez ‘se subordina al cumplimiento de la Constitución y la Ley'. ¿Pero qué sucede cuando la Constitución está desfasada, es violada constantemente y la ley ha sido hecha por personas de dudoso proceder?... El discurso de ‘garantizar la defensa de los principios democráticos y éticos' podría simplemente invalidarse en la peor antítesis democrática, subordinándose al ‘cumplimiento de la Constitución y la Ley'.

Ahora que la conciencia cívica panameña parece estar despertando hacia el voto independiente y no reelegir a quienes les decepcionaron, el Tribunal Electoral ha manifestado una actitud demasiado tibia para con eventos en los que debieron mostrar mayor determinación, prontitud y seguridad. Es una respuesta muy poco profesional y ética alegar que: ‘No les compete tal o cual situación'; refugiarse en la ley ‘del voto en plancha, residuo o el cociente'; u ocultarse bajo el formalismo histriónico para no ejercer lo primordial de su misión: ‘Garantizar la defensa de los principios democráticos y éticos'. Son muchas las quejas, y la duda a nivel nacional, que han quedado esta vez.

Sin embargo, eso no comenzó con estas elecciones. Los fallos en el sistema fueron ampliamente expuestos, desde mucho antes por algunos candidatos independientes, que denunciaron la falta de legitimidad en la manera como el Tribunal les invalidaba las firmas. Inclusive, las leyes que determinaban la postulación de las candidaturas independientes, el trato que se les daba en comparación al de los partidos políticos, tanta desproporción e inequidad expuso falta de preparación y profesionalismo de tales autoridades para con el fenómeno independiente. Fenómeno, que dicho sea de paso, y dada la tendencia, parece muy promisorio y más definitivo en las próximas elecciones.

¿Estará el Tribunal en condiciones de afrontar la debacle definitiva de los partidos políticos?... Yo creo que, en honor a la verdad y la sensatez, eso es algo que deberían preguntarse institucional y muy formalmente. Fuera del subterfugio alienante de meter más tecnología para resolver deficiencias humanas, el Tribunal debe, y tiene que reformularse antes de que la realidad electoral termine reduciéndolo (por incapaz) a un simple ‘cuenta votos' electrónico.

INGENIERO EN SISTEMAS.

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