Columnistas 10/11/2017 - 12:02 a.m. viernes 10 de noviembre de 2017

El alcohol de los niños

No obstante, si eres un deportista y entrenas durante dos horas diarias y quieres consumir un Gatorade, ¡está bien! No habría ningún problema.

Rafael Carles
opinion@laestrella.com.pa

Frente al elevado consumo de comida procesada en el mundo y la proliferación de enfermedades como diabetes tipo 2, hígado graso y obesidad, ¿qué podemos hacer para enfrentar este problema? Existen estrategias que podemos utilizar y todas se refieren a aumentar la tasa metabólica del azúcar en el hígado. Por ejemplo, realizar ejercicio físico aumenta el número de mitocondrias que ayudan a quemar energía, en lugar de almacenarlas en forma de grasa en el hígado. Al hacer ejercicio, podemos consumir una cantidad mayor de azúcar que si no lo hacemos. No obstante, si eres un deportista y entrenas durante dos horas diarias y quieres consumir un Gatorade, ¡está bien! No habría ningún problema.

Pero, ¿qué pasa si no eres deportista y bebes un Gatorade? La cantidad de azúcar en un Gatorade de 20 onzas supera la capacidad metabólica del hígado y puede producir una enfermedad llamada hígado graso. La pregunta es, ¿para quién está comercializado el Gatorade? Si estuviera orientado para los atletas, lo único que tendrían que hacer es publicitarlo en los eventos deportivos para los atletas. Pero no, el Gatorade y todas las bebidas energéticas y azucaradas se están promoviendo para los niños, para que sean más parecidos a los atletas. Y la verdad es que, ninguna bebida energética o azucarada puede convertirlos en atleta.

La obesidad en los niños es un problema serio y muy grave. Innumerables médicos y profesionales de la salud han dado la voz de alerta porque están observando bebés de seis meses obesos. La buena noticia es que en investigaciones se ha encontrado que esos niños obesos, al eliminar el azúcar de sus dietas, obtienen una enorme mejoría en los factores de riesgo cardiovascular después de tan solo pocos días. Y el único cambio es el consumo del azúcar. Es decir, al eliminar la azúcar agregada de las comidas y reemplazarla por carbohidratos complejos y almidón, los resultados son absolutamente notorios. No solo los parámetros cardiovasculares mejoran, sino que todos los demás parámetros metabólicos descienden, incluyendo la tolerancia a la glucosa y la sensibilidad a la insulina. Al eliminar el azúcar se soluciona la resistencia a la insulina y el problema de las mitocondrias y sus lípidos. Sin cambiar el número de calorías y sin perder peso. Y solo en pocos días.

Cada día hay más médicos convencidos por la ciencia acumulativa de que el azúcar es mucho peor de lo que pensamos. El antiguo paradigma decía que el problema con el azúcar era que proporcionaba calorías vacías y contribuía al aumento de peso, pero el nuevo entendimiento es que su consumo, independientemente de si estamos gordos o no, puede contribuir a enfermedades de corazón y ataques de corazón, diabetes, presión arterial alta y cáncer. Ahora sabemos que el azúcar cambia la contractilidad del músculo cardíaco y causa la acumulación de lípidos en la sangre.

El concepto de que solo el hígado puede metabolizar un compuesto, que cuando ese compuesto no contribuye para ningún propósito útil en el cuerpo, y que cuando el consumo en exceso de ese compuesto causa que diferentes procesos metabólicos produzcan innumerables enfermedades, tenemos un nombre para ese compuesto: toxina. Esa es la definición de toxina. El problema es que el azúcar ha conseguido un ‘free pass' y una absolución social e institucional con el cuento de que ‘hace feliz a la familia, aporta calorías para trabajar y es necesaria para vivir'.

La pregunta clave es la siguiente: ¿podemos nombrar una fuente de energía que no sea comida, que no sea nutritiva, que cuando se consume en exceso causa daño metabólico y celular, y de todas formas nos encanta y es adictiva? Respuesta: alcohol. El alcohol no es comida y no es nutritivo. Ningún médico o nutricionista en el planeta diría que el alcohol es beneficioso o que es un nutriente. No hay reacción bioquímica en ningún organismo del reino animal que utilice el alcohol para obtener energía. Sin embargo, el alcohol se considera una toxina y su venta es totalmente legal. Bueno, ¿saben qué? El azúcar reúne los mismos criterios. Por eso, tenemos que mirar esa molécula de azúcar de una forma muy diferente que antes. Porque, si comprendemos que el azúcar y el alcohol son metabolizados de la misma manera, y que un plato de cereales azucarados y una bebida azucarada de naranja constituyen tres veces la cantidad que los niños deben comer en todo un día (y eso es solo el desayuno), entenderíamos gran parte de los problemas de salud que sufrimos hoy.

EL AUTOR ES EMPRESARIO, CONSULTOR EN NUTRICIÓN Y ASESOR EN SALUD PÚBLICA.

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