Columnistas 17/03/2019 - 12:03 a.m. domingo 17 de marzo de 2019

No afloje las riendas...

‘Si permitimos que el sistema se siga suavizando, nos iremos todos al despeñadero. Debemos empezar con nosotros mismos'

Jorge Samaniego
opinion@laestrella.com.pa

Manejando una mañana hacia mi trabajo, escuchaba lo que decía un psicólogo en la radio con respecto al porqué algunas comunidades tenían conductas antisociales. El psicólogo exponía su opinión respecto a que las personas que incurren en faltas, leves o graves, eran víctimas del sistema, y que no debían ser consideradas como culpables, sino que debían recibir todo el apoyo del Estado.

Me sorprendió que un individuo educado dijera que a una persona a la que se le había reubicado de su antigua morada, que era una barraca sin las mínimas medidas sanitarias, a una unidad residencial nueva construida por el Estado no se le podía exigir que pagara renta, pues nunca lo había hecho. Además, decía el psicólogo, que era incorrecto cobrarle a la persona, pues ella no solicitó ser reubicada. Asimismo, que no se podía esperar que la persona reubicada pagara las cuentas de electricidad, de agua potable, o la recolección de los desechos, pues nunca lo había hecho. Y no lo había hecho nunca porque ‘se le había permitido' vivir así por décadas.

Sentí un empujón de sangre caliente a la cabeza, y decidí aparcar unos minutos para calmarme. ‘¿Cómo era posible que alguien defendiera el juegavivo, y las malas costumbres de la gente?'. ‘¿En qué cabeza cabe que los buenos ciudadanos somos los responsables del mal comportamiento de otros?'.

Me calmé, y seguí mi camino pensando. Con esa idea en la cabeza, llegué a una conclusión: en la actualidad, son muchas las personas que promueven la flexibilización de los estándares so pretexto de ser más inclusivos. Hay demasiados pandereteros que para ocultar su incapacidad de llegar a la meta, sugieren ‘suavizar' las normas de siempre.

‘Si los muchachos en la escuela no llegan al promedio mínimo del ‘pase' de grado, pues hagamos una mediana, y así el porcentaje de fracasos disminuirá'. ‘Si el deportista es bueno, pero no cumple con las normas de comportamiento, miremos hacia otro lado y que continúe jugando'. ‘Si el asesino es menor de edad, no debe ser responsable de sus actos'. ‘Si nuestras figuras de autoridad no cumplen con su trabajo, no propician el desarrollo ni tienen valores, pues, la respuesta es obvia: debemos votar por ellos otra vez!'.

No acabo de entender en qué momento nos transformamos en esta raza de perezosos y cobardes. Nos hemos convertido en adefesios, y para no ver nuestra fealdad, hemos decidido romper todos los espejos, como si con eso solucionáramos el problema. ‘Mal de muchos, consuelo de tontos', reza el refrán.

‘Ah, pero es que aquí no estamos en una situación como la de Venezuela', escucho con frecuencia, cuando la verdad es que nos estamos encaminando a lo mismo. Venezuela tiene petróleo y oro. No obstante, al flexibilizar los parámetros para elegir a sus gobernantes, permitieron que una turba de maleantes iletrados se hiciera con todo el poder, y el resultado es desastroso.

Las sociedades incipientes son como un potro. Tienen todas las capacidades para llegar a ser un gran caballo, productivo, fuerte y bonito. No obstante, se requiere de mucho trabajo, iniciando desde lo poco hasta llegar a lo mucho. Primero, hay que ganarse la confianza del potro, al punto de que permita acercarse. Después, de una manera casi tímida, se produce el primer contacto, manos del jinete y nariz del animal. Luego, después de haber repetido los ejercicios iniciales, el potro llega a tener algo de certeza de que el jinete no lo va a lastimar, y permite acariciar cuello y lomos. Se crea la rutina de cepillar al potro y el animal confía hasta que el jinete, con calma, trabajo y experiencia logra subirse a los lomos. Una vez arriba, comienza realmente el trabajo, pues hay que desarrollar una comunicación entre dos especies que tienen maneras muy diferentes de expresarse. Algo es muy seguro: al inicio, no se le debe aflojar la rienda al potro, pues, tanto el jinete como el potro pueden salir muy lastimados por algo tan sencillo como una mala interpretación. Así de delicado es el proceso. En algún momento, el potro tratará de escapar, de desbocarse, y es allí donde una mano firme en la rienda, mucho balance y un buen ‘rejazo' serán la diferencia entre el éxito, o un doloroso y polvoriento fracaso.

Toma tiempo, pero bien vale la pena, pues al final, el nexo que se desarrolla entre caballo y jinete es tal, que ni siquiera se necesitan riendas para moverse como una unidad eficiente, poderosa, perfecta.

Actualmente, los políticos y los pandereteros, como el mencionado psicólogo, defienden que la sociedad no necesita de medidas correctivas, y refuerzan toda mala actitud con premios, beneficios y hasta felicitaciones. Luego, no comprenden por qué la sociedad anda como anda.

‘¿Te embarazaste siendo menor? Toma un subsidio!'. ‘¿Estás fracasado en la escuela? Toma una beca!'. ‘¿Eres un maleante? Te pagaré por eso!'.

Volviendo al ejemplo del potro, sería como si cada vez que el animal nos patea, nos muerde o simplemente no nos hace caso, le diéramos palmaditas y un mango de premio a su mal comportamiento.

No nos llamemos a engaño, si se le da poder de decisión a un individuo sin criterio, lo más probable es que el resultado sea equivocado. Si se siguen premiando las malas actitudes de los ciudadanos, las personas, lejos de mejorar, van a empeorar sus prácticas y costumbres. Si se defiende lo malo, ya nadie querrá ser bueno, y seguirán apareciendo pandereteros en los medios de comunicación defendiendo a los delincuentes.

Para que nuestra sociedad vuelva al camino del progreso debemos dar un buen tirón a las riendas de los ciudadanos para volver al rumbo de lo correcto. Si permitimos que el sistema se siga suavizando, nos iremos todos al despeñadero. Debemos empezar con nosotros mismos.

Recuerde amigo lector, no afloje las riendas.

Dios nos guíe.

INGENIERO CIVIL, MIEMBRO DE COICI, SECCIONAL AZUERO, INSPECTOR AD HONÓREM DE JTIA.

‘[...], si se le da poder de decisión a un individuo sin criterio, lo más probable es que el resultado sea equivocado'
 
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