Columnistas 28/08/2015 - 12:01 a.m. viernes 28 de agosto de 2015

Acción Comunal: un hito imperecedero

Toda nación atesora hechos que, aunque pasado el tiempo, deben transcurrir vigentes en su evolución histórica.

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Héctor Peñalba
opinion@laestrella.com.pa

Toda nación atesora hechos que, aunque pasado el tiempo, deben transcurrir vigentes en su evolución histórica. Esos hechos constituyen verdaderas nutrientes de su idiosincrasia y base sustentadora en la transformación de sus instituciones democráticas y leyes.

Para mi concepto este es el rol desempeñado por el Movimiento de Acción Comunal, fundado el 19 de agosto de 1923, y que realizó ocho años después, el 2 de enero de 1931, el primer golpe de Estado (sin auspicio ni dirección militar alguna ni de potencia foránea).

Esta agrupación conformada por profesionales, comerciantes, industriales, artistas y elementos del pueblo les exigía a sus miembros, a decir del Dr. Víctor Florencio Goytía (cofundador): ‘Prácticas esotéricas, que tenía dogma rígido moral y política con rituales de rosacrucismo, teología, masonería y de sectas de fraternidades y doctrinas místicas dadas a través de los siglos'. Estas prácticas eran comunes en la cultura de la época en Latinoamérica y Europa.

En Panamá Acción Comunal fundamentó su mística ‘En los valores nacionales: folklore, idioma, cultura, tradiciones, símbolos patrios, trabajo, producción agropecuaria, moralidad (decencia y honradez), caracterizándose popularmente con el adagio ‘hable castellano y cuente en balboas', que para entonces era un mandato instructivo por la influencia del idioma inglés y la multiplicidad étnica-cultural que, como resabio de la construcción del Canal como también por la arrogancia y soberbia del norteamericano en virtud del Tratado Hay Bunau-Varilla (1904) que dio a Norteamérica la jurisdicción del istmo central panameño, nuestra región geográfica más valiosa geopolíticamente, excluyendo la Ciudad Capital en el Pacífico y Colón en el Atlántico. La jurisdicción Norteamericana, el estilo del norteamericano en esa época arrogante y soberbio, hizo sentir al panameño un paria en su propia tierra, solo hay que recordar los efectos perniciosos de la ley norteamericana denominada la tarifa Dingley que perjudicó grandemente en 1904 la economía nacional.

Como colofón de estos pesares y en mérito posterior logrado a través del tratado Torrijos Carter de 1977, transcribo la siguiente nota de Acción Comunal que ya en su tiempo fustigaba a los entreguistas de nuestra dignidad y prosperidad nacional: ‘No solo se vende la patria cuando se recibe un puñado de oro, como lo recibió Judas Iscariote por la entrega de Jesús. Vender la patria es aceptar para ella condiciones que la humillen y la hieran en su honra y bienes, vender la patria es dejar de exigir tesoneramente que se le acuerden y reconozcan los derechos que la justicia les concede, vender la patria es mostrarse benigno antes los intereses extranjeros, cercenando los intereses nacionales'. (Lección perpetúa al régimen que nos antecedió en los últimos cinco años que fraguó en complicidad con empresas nacionales y extranjeras los dineros del pueblo en provecho personal y político).

Acción Comunal enalteció los valores intelectuales y profesionales que ya, en modalidad nunca vista, habían regresado como una nueva generación, con grandes deseos de poner en práctica los conocimientos adquiridos en las siguientes ciencias de Norteamérica, Europa y Suramérica. Estos profesionales veían con tristeza el futuro incierto de nuestra nación por la hegemonía norteña, al punto que el Dr. Víctor Florencia Goytía reclamaba: ‘Nosotros teníamos la impresión de que el país se estaba extranjerizando', porque la dirección de instituciones educativas, policiales, económicas, sanitarias, hospitalarias, obras públicas y de acción social estaban en manos de ciudadanos y técnicos norteamericanos, en detrimento de los profesionales nacionales.

Esta realidad implicaba dos hechos: el país norteño había extendido en el orden nacional control estratégico y la juventud istmeña, sobre todo la profesional, ya no estaba dispuesta a seguir tolerando la situación gerencial extranjera y animó su espíritu y mente a la búsqueda de una solución inmediata y justa, ya que ‘el panorama nacional que se presentaba a los jóvenes que se iniciaban en la vida pública para nada era estimulante ni luminosa'.

Sin embargo, circunstancia motora del golpe de Estado del 2 de enero de 1931 y que exacerbaba la dignidad del pueblo panameño fueron los abusos y corrupción generalizada que cometieron los presidentes de los cuatrienios de 1924 a 1931 ‘que había convertido la República en agencia de negocios privados'. Evidencia que demostraba que la dirección y el propio Estado estaban abandonados e influidos por abyectos politicastros, negligentes y cómplices en negocios sucios. Vuelvo y coincido en que ‘la historia se repite en espiral', tal como lo señalara el filósofo Juan Bautista Vico. Para la generación de Acción Comunal el futuro exigía una transformación de valores éticos y morales. Solo así la República sería salva y enmendada.

Para la realidad panameña actual, en función de los peculados descarados, coimas, contratos nacionales e internacionales ilegales cometidos por Cambio Democrático y el expresidente Ricardo Martinelli, se impone el castigo en estricto derecho: ‘Venga de donde venga y caiga quien caiga'. De esta manera la sociedad panameña de hoy se verá resarcida por la justicia, igualmente los realmente necesitados y abandonados por la soberbia y egoísmo insaciable del poder corrupto.

Termino este escrito invocando el pensamiento de un sabio jurisconsulto norteamericano, Kelsen: ‘La idea de la democracia o autodeterminación política radica en ser autónomos. Democracia significa identidad de dirigentes y dirigidos, del sujeto y el objeto del poder del Estado'. De otra manera, se anochece siendo demócratas y se amanece siendo no demócratas. Esta ambivalencia no es honesta ni esencialmente demócrata, por lo que incito a las nuevas generaciones a mantener la lucha constante contra la corrupción política. Enalteciendo siempre la justicia, equidad y ayuda a los realmente necesitados y abandonados por la soberbia y egoísmo del poder corrupto. Esta mística enalteció y empujó audazmente a la generación de Acción Comunal.

Reconocimiento histórico a la generación de 1931 que alumbró al Dr. Arnulfo Arias Madrid como líder señero de esa generación.

EDUCADOR JUBILADO.

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‘... incito a las nuevas generaciones a mantener la lucha constante contra la corrupción política. Enalteciendo siempre la justicia, equidad y ayuda a los realmente necesitados y abandonados...'

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