Columnistas 17/02/2018 - 12:01 a.m. sábado 17 de febrero de 2018

El 9 de Enero de 2018

Este amplio abanico de participantes hacía que en tales actividades confluyeran elementos del más variado comportamiento

José Ángel Garrido Pérez
opinion@laestrella.com.pa

Pasado más de un mes desde los acaecimientos de esta interesante fecha, soy del parecer de que cabe un balance de lo ocurrido, pues considero que ella ha significado un punto de inflexión en el que nuevos factores han entrado en juego, y nuevos actores en las lides políticas panameñas.

A. Antecedentes. Hasta 2017, las actividades del 9 de Enero, tanto oficiales como las realizadas por organizaciones políticas y sociales, se habían centrado en la recordación de la Gesta de los Mártires de 1964. Sobre todo en lo que concierne a estas últimas, el discurso contra el imperialismo estadounidense había ido experimentando variantes en que se anexaban conflictos sociales y económicos o casos de corrupción política de los partidos tradicionales. El ‘Día de los Mártires' era marco propicio para denunciar diversa clase de situaciones en donde predominaba el enfoque de la que suele llamarse ‘izquierda', la cual, en nuestro país, tiene variopintas características y las hay desde la que ha colaborado francamente con los Gobiernos de turno y con las burguesías locales hasta la que mantiene el más ortodoxo enfoque clasista. Este amplio abanico de participantes hacía que en tales actividades confluyeran elementos del más variado comportamiento. Juntos, pero no revueltos, solían participar en las marchas, y dar discursos, elementos fácilmente reconocibles, tanto por su prestigio como por su desprestigio. Solo el respeto debido a la causa profunda que concitaba la actividad impedía que tal amalgama estallase como pasó, por ejemplo, en la concentración posterior a la marcha conmemorativa del 20 de Diciembre de 2016, donde los participantes del PRD fueron duramente recriminados por los de otras organizaciones que se encontraban allí.

La corrupción que campea victoriosa e impune en nuestra nación, no fue, sin embargo, soslayada por otros sectores de la sociedad que también manifiestan heterogénea composición. Igualmente reivindicadores de la memoria de los Mártires, pero con un enfoque más beligerante para la ocasión, varios grupos de ciudadanos, en su mayoría jóvenes, consideraron que la fecha era propicia para realizar una concentración popular que enviara un mensaje no solo al Gobierno de turno, sino a los políticos, empresarios, y a los partícipes más notables de los actos de corrupción. Estos grupos de jóvenes pueden caracterizarse en dos vertientes: la de aquellos que, ligados a grandes medios, utilizaron su influencia para figurar ellos mismos (quizá incluso impulsados para eso por los dueños de tales medios), y la de otros que, rompiendo con el enfoque tradicional, tratan de abrir una nueva perspectiva de análisis de la realidad nacional en donde otros elementos que reclaman mayor libertad política y jurídica y más amplios reconocimientos sociales y económicos, rebasan la barrera del clasismo ortodoxo, pero no terminan de definir un proyecto político concreto. Saben lo que no quieren, pero no tan claramente lo que quieren. Ya veremos cómo estás diferencias influirán en la capitalización subsecuente de los hechos de ese 9 de Enero.

B. Los hechos. Manifestada abiertamente la intención de realizarse una concentración anticorrupción, enseguida una primera organización que se dice popular, el FER-29-Frenadeso-FAD, con su habitual sagacidad, consideró que era mejor para ellos matar en su cuna cualquier iniciativa social que reivindicara la memoria de los Mártires para emprender una lucha activa. Apelando al emotivismo, proclamaron que tal actividad era marginal y que ‘profanaba' la memoria de los caídos. Para ello, centraron sus ataques en el personaje televisivo que en principio hizo la convocatoria, conocido por su chabacanería extrema, misoginia, burla homofóbica y otras taras. Paradójicamente, el líder máximo del Frenadeso, la misma víspera del Día de los Mártires, estuvo involucrado en un accidente automovilístico por exceso etílico, presumiblemente de algún festín. Ínterin, los ánimos y motivaciones se fueron caldeando, al punto que, por primera vez en muchos años, las actividades tradicionales del 9 de Enero tuvieron una asistencia récord, pero, a su vez, la concentración anticorrupción en la Cinta Costera registró la presencia de más de 10 000 personas, un grupo importante de las cuales fue posteriormente al edificio donde reside el presidente Juan Carlos Varela a recriminarle por ser partícipe de la corrupción.

Hubo varios aspectos interesantes en ambas actividades: 1. ambas fueron muy concurridas; 2. en las actividades tradicionales del 9 de Enero también, como es tradicional, se presentaron personas conocidas por haber participado en actos de corrupción de Gobiernos anteriores o incluso personas que como dirigentes sociales o líderes estudiantiles son conocidos por ser beneficiarios de prebendas o corruptelas en mediana o menor escala; 3. en la concentración anticorrupción podían contarse con gran reserva las personas a las que se les reconociera algo similar. Ello quizá fue debido a la advertencia previa que se hizo en redes sociales en donde se anunciaba que a cualquiera que se asomara para figurar, y fuera reconocido, se le exhibiría públicamente, como había pasado antes, p. ej., con la diputada Zulay Rodríguez y con el excontralor Alvin Weeden; 4. los grandes medios televisivos, propiedad de consorcios cuyos miembros se les vincula con negocios corruptos o dudosos, hicieron amplia propaganda para la concentración anticorrupción, cosa que fue motivo para que sus detractores señalaran con suspicacia la actividad; 5. los debates previos a ambas actividades fueron altamente interesantes y pulularon en medios radiales y en redes sociales; en ellos, los organizadores de la concentración consolidaron su convocatoria, especialmente cuando se persuadieron de que era mejor dejar esa tarea a los de la vertiente que no estaba directamente ligada a los grandes medios. Entretanto, los de las actividades tradicionales tuvieron éxito en exacerbar el romanticismo nacionalista y, o antimperialista de muchos que habían dejado de participar en ellas y que así las engrosaron; 6. lejos de lograrse el objetivo de arrastrar a todo el movimiento popular contra la iniciativa anticorrupción, una gran cantidad de personas de amplia trayectoria en las luchas sociales, populares y reivindicativas, participaron de la actividad. Es menester reconocer, sin embargo, que el espectro social de esta actividad era mucho más amplio, como también más amplias son las aspiraciones de sus participantes. En esta ocasión, p. ej., personas del movimiento LGTBI, ecologistas o feministas que habían asistido en años anteriores a las actividades tradicionales, fueron, en esta ocasión, a la concentración anticorrupción.

C. Consecuencias: 1. el resurgimiento de un espíritu nacionalista clásico en un sector de la comunidad política; 2. el fin del monopolio conmemorativo. En adelante, las fechas históricas podrán ser usadas libremente para las actividades políticas; 3. la agudización del disgusto popular ante la corrupción. El presidente de la República acusó recibo de lo que le endilgaba el pueblo tajantemente, al punto que reunió al Gabinete, acusó a los organizadores de la concentración de estar al servicio de otros corruptos y hasta cometió el desliz inconstitucional de tratar de prohibir las manifestaciones en las plazas y avenidas próximas a su residencia; 4. la Asamblea Nacional prohijó una nueva ley de ‘muerte civil' para los corruptos. Sin embargo, no se espera que dicha iniciativa prospere.

D. Balance y proyecciones: 1. la conmemoración clásica del 9 de Enero parece haber renovado energías; 2. el haber terminado el tiempo en que las actividades conmemorativas del 9 de Enero se realizaban de un solo modo y con un solo enfoque, abre un amplio surtido de probabilidades para la acción política. El pueblo muestra mayor madurez al identificar estas fechas conmemorativas como ocasiones para la lucha antes que como pretexto para solazarse; 3. se aprecia la ya conocida fragmentación de la Izquierda, un sector de la cual, llevado por una convocatoria que explotó el emotivismo sin que tuvieran interés en reivindicarlo realmente, desperdició la oportunidad de asociar su enfoque al de la lucha de clases, tanto en sentido estricto como amplio. Desde una perspectiva gramsciana, fue una ocasión dorada para incursionar en un terreno que les permitiera disputar el liderazgo de las luchas sociales canalizando hacia una perspectiva popular el disgusto general, o, al menos, tener parte beligerante y reconocible en ella; 4. nuevos actores entran a las lides políticas y viejos actores son absolutamente execrados. Se aprecia, entre los organizadores de la concentración anticorrupción, una división que disminuye, al menos temporalmente, sus capacidades de acción y que nace de las contradicciones subyacentes, previas a la actividad. No es de extrañar que quienes dependen de los grandes medios, dominados por poderosos burgueses, hayan entrado en conflicto con quienes no manifiestan esa dependencia. Tal contradicción, mientras tanto, habrá de resolverse hacia uno u otro lado y de ello dependerá tanto la determinación de los fines políticos como la duración y efectividad de la novel organización. En todo caso, se trata de establecer si prepondera la responsabilidad política que el movimiento ha adquirido con el pueblo que acudió a su llamado y tiene una visión empática de sus propósitos, o si esta responsabilidad se diluye, y con ella, la confianza popular.

ESPECIALISTA EN LENGUA Y LITERATURA ESPAÑOLA.

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