Columnistas 08/08/2018 - 12:00 a.m. miércoles 8 de agosto de 2018

A 60 años de la educación superior herrerana

La Extensión Universitaria de Chitré comenzó labores en 1959 en los locales del Colegio José Daniel Crespo

Milcíades Pinzón Rodríguez
opinion@laestrella.com.pa

La educación superior interiorana comenzó en Aguadulce, provincia de Coclé, cuando el Dr. Octavio Méndez Pereira estableció, en 1949, los Cursos de Actualización Pedagógica que se impartían a educadores en ejercicio. Desde entonces el trajinar de la Universidad de Panamá ha experimentado diversas propuestas organizativas, las que se han conocido como Extensiones, Centros y, más recientemente, Anexos Universitarios.

En el caso de la tierra de Ofelia Hooper Polo, la presencia se materializa al aprobar la Asamblea de Diputados la Ley 4 del 13 de enero de 1958, que establece una partida de B/50 000.00 para la creación de las Extensiones Universitarias de Chitré, Santiago y David.

La Extensión Universitaria de Chitré comenzó labores en 1959 en los locales del Colegio José Daniel Crespo. Con una matrícula de 61 estudiantes, allí recibió cobijo hasta 1968, año aciago cuando los militares intervienen la casa de estudios superiores. El apagón cultural se mantuvo hasta 1970, cuando se establece la modalidad de Centro Universitario.

Como puede deducirse de lo indicado, la verdadera institucionalización de la educación superior no corresponde a los Centros, sino a las Extensiones, porque los cursos de actualización fueron la prolongación de la facultad de la que formaban parte. Sin embargo, se acostumbra conmemorar la segunda modalidad —Centros—, como si no existieran antecedentes o se viviera en un limbo histórico. En efecto, en el caso de la provincia de Herrera el año 1958 es clave para la historia universitaria provincial, ya que se da inicio a la educación superior. Así, en 2018 se cumplen 60 años de ese trajinar universitario, con altas y con bajas, pero con fe en los derroteros de redención humana y de proyección comunitaria.

Lo lamentable, en todo caso, radica en la indiferencia con la que se miran tales hitos, así como el prurito con el que nos empeñamos en distorsionar una historia que deberíamos cubrir con el dosel de la investigación y la vergüenza académica, para gloria de Clío y sus seguidores.

La educación superior herrerana es digna de mejor suerte; y no es que se haya hecho poco, pero tampoco lo suficiente luego de seis décadas de bregar. Aún seguimos adosados como rémora institucional a los avatares del campus central, situación que debería ser superada en instituciones que claman por autonomía, academia e investigación.

Lo anterior debería llevarnos a reflexionar sobre cuál ha de ser el futuro de la educación superior interiorana, así como los sistemas organizativos que deberíamos implementar para lograr superar los yerros del ayer cercano. Desde mi particular perspectiva, debo afirmar que el modelo conocido como Centro Universitario ya no se corresponde con la globalización del mundo ni con las demandas de la emblemática península istmeña.

Luego de sesenta años, la provincia herrerana necesita otra universidad, más robusta, menos politiquera y más académica, centrada en la investigación y la docencia, así como dotada de personal que le sea mayoritariamente propio. Mientras arriba ese momento de redención, levanto mi voz para desearle a la universidad interiorana el mejor de los cumpleaños, al mismo tiempo que abrazo efusivamente a directivos, docentes, administrativos y estudiantes.

SOCIÓLOGO

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