De mentiras a verdades
01-27-2009 | MARIO A. ROGNONI
Opinión Un periodista y político argentino escribió el siguiente artículo, que tiene una permanente actualidad: “Don Quijote nunca le dijo a su escudero: “Ladran, Sancho; señal de que cabalgamos”. No hay en el libro de Cervantes ningún pasaje donde se lea esa frase.
Sherlock Holmes jamás exclamó: “Elemental, mi querido Watson”. Esa réplica no aparece ni en los cuentos (56), ni en las novelas (4) que escribió Arthur Conan Doyle, el creador del mítico detective.
Charles Darwin no creía que el Hombre descendiera del mono. Nadie encontrará semejante idea en “El origen de las especies” ni en “La descendencia del Hombre”.
La guillotina no fue inventada por Joseph—Ignace Guillotine, y éste no fue decapitado durante la Revolución Francesa. Murió en 1814, de carbunclo en un hombro.
Dalila no cortó los cabellos de Sansón. La Biblia (Jueces 16:19) dice que fue “un hombre”.
En 1492, no se creía que la Tierra fuera plana. Dos milenios antes, Pitágoras había descubierto que era esférica. Cuando Colón partió del puerto de Palos, hacía 1732 años que se conocía hasta la circunferencia: Eratóstenes la había calculado en 40,000 kilómetros y (hoy se sabe con precisión) es de 40,046 kilómetros y 400 metros.
Hay falsedades que, de tan repetidas, tornan dudosa la misma verdad. Es un fenómeno de error y negación: primero se desacierta por ignorancia; luego se toma lo falso por verdadero, y por último se desarrolla una resistencia a la verificación”.
Cuán cierto todo lo anterior, simplemente las mentiras, si las repetimos lo suficiente, las convertimos en verdades.
Los políticos de hoy saben esto, desde tiempos inmemoriales se han esforzado en engañar a los electores con promesas, supuesta trayectoria, ilusiones y esperanzas, simplemente repitiéndolas hasta que el electorado las crea ciertas.
Al final, la verdad en el caso de los políticos prevalece, porque una vez electos tienen que cumplir y generalmente no lo hacen.
La campaña actual, en Panamá, es una muestra de la convicción de los políticos que creen y están convencidos de que pueden engañar al electorado.
Un candidato, tras ser parte de dos gobiernos anteriores, uno arnulfista y uno torrijista, ahora se proclama independiente, cambió, según él, a los gobiernos anteriores donde participó.
De igual manera, el candidato y sus voceros se dedicaron por meses a criticar a los políticos miembros de los partidos que ellos denominan tradicionales. Para luego, por arte de magia, buscar alianzas con esos mismos que han criticado y censurado. Buscando engañar al electorado, le venden a los incautos que esos políticos eran malos si lo adversaban, se convierten en buenos si lo apoyan.
El juego entre verdad y mentira lo ha llevado a engañar a sus propios aliados, prometiendo alianzas con cargos acordados, desde la alcaldía de la capital hasta candidaturas juntas a diputado, solo para no cumplir y seguir ofreciendo a otros lo ya ofrecido.
Todo por el apoyo a su candidatura, donde ha quedado a un lado la propuesta, plan de gobierno o proyecto de país, supeditada a simplemente ganar el poder y compartirlo como mejor le plazca al final.
Aquel viejo resabio de “el fin justifica los medios” hoy se ha convertido en “la toma del poder justifica las mentiras”.
-El autor es ingeniero y analista político.mrognoni@sinfo.net