Entre Lineas La gente se pregunta por qué tenemos que vivir en dos Panamá tan diferentes: el de los decentes, cumplidores de la ley, honrados, trabajadores, que aman a su familia y ayudan al prójimo. Y el de los maleantes. Estos últimos son dueños de los barrios. En la parte vieja de la ciudad nueva —para hablar solo de ese sector— El Chorrillo y Curundú son cual trampas de arena que se tragan a sus habitantes. Allí los delincuentes roban, amenazan, hieren y matan a inocentes y a rivales lanzando balaceras a placer. Y destruyen viviendas por medio del fuego de Molotov. ¿Cuándo serán definitivamente peinadas y saneadas estas áreas? ¡Qué distinto un Panamá cuyo viejo sector fuera seguro y presentable a propios y turistas! Donde los niños puedan jugar y no ser heridos y muertos a diario, sin que —lo más triste— la autoridad haga algo significativo para evitarlo.
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