Mundo 24/03/2019 - 12:00 a.m. domingo 24 de marzo de 2019

Turquía: las elecciones municipales, claves para las ambiciones de Erdogan

Tras ser reelegirse en julio del año pasado, el presidente turco busca afianzar su poder ganando los próximos comicios regionales

EFE

Los comicios municipales turcos del próximo 31 de marzo son las últimas elecciones antes de la fecha simbólica en la que la República de Turquía cumple cien años: 2023.

Una vez recontados los votos, el país tendrá por delante cuatro años de estabilidad, sin campañas electorales, algo casi inaudito: a los ciudadanos se les ha llamado a las urnas diez veces en los últimos diez años, entre comicios locales, nacionales, presidenciales y referendos.

Este periodo de tranquilidad será un tiempo crucial para los planes del presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, que en los últimos años ha aprovechado su poder para convertir lo que era una república parlamentaria en una presidencialista, concentrando cada vez más el poder en sus manos.

Su visión o sueño es una Turquía más grande e influyente, elevada a una potencia geopolítica islámica de primer rango, cabeza y guía de los musulmanes en todo el mundo. Por eso considera fundamental que su partido gane también estas elecciones municipales. Para dejar todo bien atado.

¿Quiénes compiten?

Dos partidos: Justicia y Desarrollo (AKP), el partido islamista fundado por Erdogan que gobierna Turquía desde 2002, y el Partido Republicano del Pueblo (CHP), la oposición socialdemócrata liderada por Kemal Kiliçdaroglu. Las otras tres formaciones presentes en el Parlamento hacen esta vez de comparsas: el ultraderechista MHP, dirigido por Devlet Bahçeli, está en coalición con el AKP, y su escisión moderada IYI Parti, encabezada por la exministra Meral Aksener, se ha aliado con el CHP. El partido izquierdista HDP, portavoz de los movimientos kurdos, se limita a las regiones del sureste donde concentra el grueso de sus votantes.

¿Cuántas ciudades están en juego?

En realidad dos: Estambul y Ankara. La tercera urbe del país, Esmirna, está firmemente en manos del CHP y gran parte del resto son plazas fuertes del AKP. Además, un cambio en un gobierno municipal no tendría efecto sobre la política nacional, salvo en la capital, por su valor simbólico y, especialmente, en Estambul. Esta ciudad congrega el 20 % de la población de Turquía y su perfil de votantes refleja el del país entero: congrega la izquierda liberal que predomina en la costa occidental, los nacionalistas del Mar Negro, la pequeña burguesía religiosa de Anatolia central, el campesinado kurdo que en los noventa se trasladó a la metrópoli... Si el AKP pierde la alcaldía de Estambul, significaría que, de haber elecciones generales, Erdogan perdería Turquía.

¿Puede ocurrir?

Puede. En las elecciones generales del año pasado, la alianza AKP-MHP se impuso en Estambul con una ajustada mayoría absoluta, del 50,7 %. El apoyo a Erdogan, que ese mismo día renovaba su cargo presidencial, quedó en el 50 % exacto. Fuentes del CHP aseguraron a Efe que ahora, la diferencia en la intención del voto entre los dos candidatos, según los sondeos manejados por el partido, está "dentro del margen de error". La noche electoral será muy tensa.

¿Habrá manipulación?

Tanto la oposición socialdemócrata como las organizaciones cívicas turcas de observadores electorales coinciden en que en las últimas citas con las urnas hubo intentos de fraude, pero a un nivel tan reducido que el resultado no se vio afectado. El problema real de los comicios no es una hipotética manipulación de las urnas sino el enorme desnivel de la campaña: todos los medios de comunicación públicos y prácticamente todos los privados, propiedad de empresas aliadas con el AKP, cubren en directo día y noche los discursos de Erdogan sin ceder prácticamente espacio a la oposición.

¿Erdogan es candidato?

No, pero como si lo fuera. Recorre el país dando cada día tres o cuatro mítines en los que pide el voto para el AKP. Plantea los comicios como un nuevo referéndum a favor o en contra de su persona, como ha hecho en todas las elecciones de los últimos años, casi siempre con éxito. El verdadero candidato a la alcaldía de Estambul, Binali Yildirim, durante años ministro de Transportes y primer ministro hasta la abolición del cargo el año pasado, apenas aparece.

Y si pierde... ¿qué pasa?

En primer lugar sería un golpe de imagen. Demostraría que la crisis económica del verano pasado le ha pasado factura a Erdogan, pese a todos sus intentos de denunciarla como un "ataque exterior" de "terrorismo económico" contra el que hay que mantenerse unidos. Indicaría que tras dos décadas de encadenar victorias (aunque nunca superando el 53 %), la ideología de Erdogan se halla en una curva descendente. Y esto puede dificultar la labor del Gobierno si tras las elecciones se ve obligado, como creen los economistas, a implantar medidas fiscales y recortes impopulares para estabilizar la economía, seriamente socavada por años de un crecimiento basado en el consumo interno y una rápida devaluación de la lira el verano pasado.

¿Es todo cuestión de imagen?

No. Frente a la fuerte inflación -alrededor del 25 %, muy por encima del 10 % habitual en la última década- y la pérdida de poder adquisitivo de grandes capas de la población, el Gobierno ha intentado apaciguar el descontento estableciendo puestos municipales de verduras a precios subvencionados. Además, la colaboración municipal es importante para los grandes proyectos urbanísticos, que llevan años siendo una herramienta del AKP para fomentar empleo, crecimiento y consumo, pero también para repartir favores en forma de licitaciones públicas a los conglomerados empresariales que poseen el grueso de los diarios y cadenas de TV del país e influyen decisivamente en la opinión pública. Perder la alcaldía de Estambul, que concentra el 30 % del PIB del país, podría mermar seriamente la capacidad del AKP de salir bien parado de la crisis.

Entonces ¿todo se decidirá en 2023?

Hay quien cree que la crisis, hasta ahora relativamente soportable, se agravará en los próximos meses, y que unas hipotéticas protestas populares podrían forzar elecciones anticipadas, algo que parece dudoso. Pero aunque el AKP tenga tranquilidad hasta 2023, Estambul jugará un rol fundamental en los próximos años: la alcaldía de esta ciudad fue el trampolín desde el que Erdogan conquistó el poder. Si el carismático político vuelve a ser candidato en 2023, es difícil que alguien le haga sombra. Pero si faltara, a su partido le costará encontrar un sustituto. En ese caso, el próximo presidente de Turquía podría ser la persona que se haga este mes con la alcaldía de Estambul.

ILYA U. TOPPER

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