Mundo 07/08/2019 - 6:15 a.m. miércoles 7 de agosto de 2019

Marruecos es un socio de presente y futuro para España, afirma Pedro Sánchez

El mandatario español, Pedro Sánchez, ha calificado como un socio y amigo al Estado marroquí

Pedro Sáncehz ha realizado dos visitas oficiales a España, la primera en noviembre de 2018 y la segundo en febrero de este año. / EFE
EFE

Pedro Sáncehz ha realizado dos visitas oficiales a España, la primera en noviembre de 2018 y la segundo en febrero de este año.

Demetrio Olaciregui Q.
dolaciregui27@outlook.com

El presidente del gobierno de España en funciones, Pedro Sánchez,  afirmó que “Marruecos es un socio de presente y de futuro, un Estado amigo, un pueblo hermano”.

“España mira a Marruecos como un socio estratégico de primer orden. Juntos compartimos prosperidad y seguridad”, escribió Sánchez en el diario El País, en ocasión de los 20 años de entronización del rey Mohamed VI, de Marruecos.  “La estrecha relación que nos une se articula en torno a una tupida red de intereses compartidos”, añadió.

Sánchez, que visitó Marruecos en noviembre del año pasado y febrero último,  resaltó que actualmente más que nunca los dos países están  unidos por múltiples vínculos, no solo en el presente, sino con una relación estratégica que se proyecta hacia el futuro.

Puso como ejemplo la cooperación en materia migratoria y lucha antiterrorista, que representa un modelo para toda la Unión Europea. “Su fundamento es la confianza bien asentada, el respeto mutuo y la comunicación permanente. Este excelente nivel de colaboración resulta clave para garantizar nuestra seguridad y para luchar conjuntamente contra cualquier amenaza que pueda percibirse en el ámbito regional o internacional”, enfatizó.

Logros de 20 años

En su mensaje Mohamed VI dijo que desde que llegó al trono hace 20 años ha consolidado su mandato asentado sobre la proximidad al ciudadano, asumiendo sus preocupaciones y ambiciones, y actuando para brindar respuestas a sus demandas.

Al inicio de su reinado creó la Instancia Equidad y Reconciliación, más tarde aprobó el nuevo Código de Familia y tras las reformas constitucionales del 2011 fundó el Consejo Nacional de Derechos del Hombre, cuya misión es promover y proteger los derechos humanos.

La consolidación del pluralismo político y de los procesos electorales, en el marco de la nueva constitución, abrió el país a reformas del poder judicial y cambios democratizadores decisivos. Ese proceso ha dado paso a una monarquía parlamentaria y otorgado potestades en favor de un gobierno escogido por los integrantes del Parlamento elegidos por voto popular.

Han sido  20 años de modernización política, social y económica, que han transformado el rostro de Marruecos.

Cuando el monarca marroquí, de 55 años,  heredó la corona el 31 de julio de 1999 tras la muerte de su padre, Hasan II, fue ungido como el “rey de los pobres”. Recibió un país de 28 millones de habitantes y considerables dificultades económicas, altas tasas de desempleo y pobreza, y una fuerte desigualdad entre el mundo urbano y el rural. La población actual es cercana a los 38 millones de habitantes.

Durante el reinado de Mohamed VI se han producido mejoras notables en materia social, con un fuerte incremento de la escolarización y una reducción pronunciada de las tasas de pobreza.

A nivel económico, Marruecos ha experimentado en los últimos 20 años un crecimiento sostenido del 4%, y dado un gran salto de su Producto Interno Bruto (PIB), que de $41,000 millones creció a $120,000 millones. En ingreso per cápita pasó de $3,580 a $8,930 anuales. Es la quinta economía de África y, según el Banco Mundial, figura entre los mejores posicionados de la región para hacer negocios.

En los últimos 15 años, el Plan de Electrificación Rural Global ha pasado de alcanzar solo 18% de comunidades del país a cubrir el 99,5% de la demanda nacional. En cuanto al agua potable, el acceso en el medio rural es del 97%.

Mayor puerto de África

En el 2007  Marruecos inauguró en 2007 el megapuerto de Tánger Med, clave para el desarrollo del país, y el mayor de África. Eso ha propiciado el desarrollo industrial. El grupo Renault-Nissan abrió en 2012 en Tánger una fábrica con una capacidad de producción de 400,000 vehículos anuales.

A mediados del año pasado la alianza francesa Peugeot-Citroën, inauguró en la ciudad de Kenitra, a media hora de Rabat, otra planta con capacidad para producir 200,000 vehículos a partir del año próximo. En apenas 10 años, y gracias a la implantación de zonas francas cerca de sus instalaciones portuarias, Marruecos ha desplazado a Sudáfrica y tiene el liderazgo continental de la exportación de automóviles.

Marruecos es el segundo inversor en el continente, después de Sudáfrica, y  ha sembrado de sucursales de sus grandes bancos una treintena de capitales africanas.

En 2016, Marruecos puso en marcha la megaplanta solar Noor, en Tánger, una de las mayores del mundo. En 2018 entró en funcionamiento el primer tren de alta velocidad en el norte de África. La distancia entre Tánger y Casablanca ha pasado de casi cinco horas a solo dos.  Cuando Mohamed VI ascendió al trono había 400 kilómetros de autopistas construidos y ahora suman 1,800 kilómetros.

Los modernos aeropuertos en permanente expansión han contribuido también al incremento del turismo. A pesar de los atentados de Casablanca en 2003 y  de Marrakech en 2011, que cobraron más de 60 víctimas, Marruecos ha consolidado una imagen de nación segura. Gracias a ella, el turismo supone la segunda fuente de ingresos del país detrás de la agricultura, con un 11% del PIB y 12 millones de visitantes extranjeros en 2018.

Autocrítica

Mohamed VI identificó todos esos logros como pasos cualitativos, lo mismo que el reconocimiento internacional  en el afianzamiento de los derechos y libertades y de la consolidación del sano ejercicio democrático.

“No obstante, somos conscientes de que las infraestructuras y reformas institucionales, por muy importantes que sean, no bastan por sí solas.

Así pues, en aras de la transparencia y objetividad, podemos decir que este balance positivo se ve afectado por el hecho de que los efectos de tal progreso y realizaciones, desgraciadamente, no han abarcado suficientemente a todos los sectores de la sociedad marroquí”, acotó.

El monarca marroquí llamó a revisar y actualizar el modelo de desarrollo que, en sus palabras, ha dado la prueba de su incapacidad para responder a las crecientes necesidades de un sector de los ciudadanos, así como para contrarrestar las disparidades sociales.

Frente a esa realidad planteó  la instalación de una Comisión Especial para el Modelo de Desarrollo, integrada por el sector público y privado, cuya misión  temporalmente limitada, será abordar los problemas de la educación, la sanidad, la agricultura, la inversión y el sistema tributario, con el objetivo de aportarles calidad y mejorar su eficacia.

El objetivo es que Marruecos se incorpore al tren de los países avanzados, mediante la aceleración económica y la eficiencia institucional y forjar una economía fuerte y competitiva.

El fomento de la iniciativa privada, el lanzamiento de nuevos programas de inversión productiva y la creación de mayores oportunidades de empleo, debe acompañarlo, con “patriotismo activo”,  una urgente y verdadera revolución del sector público de tres dimensiones. “Una revolución para la simplificación, una revolución para la eficacia y una revolución para la moralización”, afirmó Mohamed VI.

Escenario internacional

El monarca marroquí subrayó que la fiesta del trono “constituye el momento más expresivo que nos permite reafirmar nuestro sólido aferramiento, tanto a la marroquidad de nuestro Sahara, como a nuestra unidad nacional e integridad territorial y a nuestra plena soberanía sobre cada centímetro del territorio de nuestro Reino”.

Reiteró la “inamovible es la postura de Marruecos” y “su sincera adhesión al proceso político, exclusivamente auspiciado por las Naciones Unidas” (ONU) para encontrar una solución al diferendo sobre el Sahara.

Expresó, además, que “la única vía de arreglo solo  tendrá lugar en el seno de la total soberanía marroquí y en el marco de la iniciativa de autonomía”, presentada al Consejo de Seguridad de la ONU en el 2007 y  que está en marcha desde las reformas constitucionales del 2011.

La Unión Africana acogió el retorno de Rabat en el 2017 y desde entonces una mayoría de Estados de ese continente han respaldado la iniciativa de autonomía para el Sahara, mientras  sigue tejiendo su red diplomática, religiosa y económica en ese continente.

Mohamed VI manifestó, por otro lado, su “compromiso sincero de continuar tendiendo la mano a nuestros hermanos en Argelia, fieles a los vínculos de fraternidad, de religión, de lengua y de buena vecindad, que siempre han unido a nuestros dos pueblos hermanos”.

Argelia, creador y protector de la guerrilla del Frente Polisario, mantiene un enfrentamiento con Marruecos, lo que ha impedido desde 1989 impulsar un  mercado común con la Unión del Magreb Árabe.

El Polisario, aliado del movimiento terrorista libanés Hezbolá y a Irán, es el instrumento de Argelia por lograr el control hegemónico en el norte de África y romper la unidad territorial del Sahara marroquí.

Geopolítica de un rey

“Es obvio que es todo un pueblo el que logró esta modernización, pero se hizo bajo el impulso y la voluntad constante de un hombre, un rey. Vínculo causal entre esas transformaciones y la fuerte legitimidad de un soberano”, dijo el geopolitólogo francés Aymeric Chauprade, entrevistado por la revista Le Point Afrique.

Chauprade, autor de la obra Geopolítica de un rey, que acaba de publicar ediciones Eclipse, consideró que una de las fortalezas de Mohamed VI es que es el Comendador de los Creyentes, lo que une su legitimidad política con la religiosa, esencial en la tierra del islam.

“Afortunadamente, su visión es la de un islam moderado y rechaza las lecturas radicales de la religión de su pueblo, lecturas que actualmente hacen mucho daño en todo el mundo”, comentó Chauprade.

El Instituto Mohammed VI de formación de imames, inaugurado en el 2014 en Rabat y presente en numerosas capitales africanas y europeas, promueve un islam moderado, contra la propagación de un islam radical.

Por otro lado, de acuerdo a Chauprade, el continente africano tendrá en el 2050 tres africanos menores de 25 años frente a un europeo cercano a los 50 años. “La influencia de Marruecos en África será muy útil para los europeos en su relación con ese joven continente, en plena explosión demográfica, y con los desafíos migratorios que conocemos y que, si continúan sin ser tratados en Europa, conllevarían a un cierre brutal de Europa a su vecindario africano y mediterráneo”, anticipó.

“Marruecos es actualmente un Marruecos multipolar –precisó Chauprade- cercano a Francia, a Estados Unidos, pero que también mantiene buenas relaciones con Rusia, y discute con Pekín las etapas de las rutas de la seda en el Magreb. Hay que decir que Europa, África, el mundo, se enfrentan a grandes desafíos y que Marruecos, el nuevo líder africano, se encuentra en la encrucijada de todos estos desafíos, migratorios, políticos, religiosos, económicos, y para más precisión, migratorios y demográficos, terroristas y doctrinales, de desarrollo y de justicia”.

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