América 08/07/2017 - 12:00 a.m. sábado 8 de julio de 2017

Concluye misión de buque chileno en Haití y pasa por Panamá

Por votación unánime de los miembros del Consejo de Seguridad, se puso fin a la presencia militar de la ONU en el país caribeño

El fin de la MINUSTAH responde, según la ONU, a los avances alcanzados durante los últimos años en la estabilización de Haití. / Armada de Chile | Cortesía
Armada de Chile | Cortesía

El fin de la MINUSTAH responde, según la ONU, a los avances alcanzados durante los últimos años en la estabilización de Haití.

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Juan Alberto Cajar B.
juan.cajar@laestrella.com.pa

Cumplida más de una década de la presencia pacificadora de Chile en Haití, el buque ‘Sargento Aldea' que apoyaba al destacamento militar chileno zarpó de la isla para repatriar los últimos pertrechos, vehículos y efectivos que prestaron servicios bajo la bandera de las Naciones Unidas en la necesitada nación.

El puerto panameño de Rodman sirvió de escala operativa para la embarcación, que desde el Caribe atravesó el canal interoceánico camino a casa, en las costas del Pacífico suramericano.

La Estrella de Panamá conversó con la tripulación del buque de la Armada de Chile y el personal que participó en la misión de paz más grande en la historia del país sudamericano.

‘Durante trece años mantuvimos alrededor de doce mil efectivos en Haití como parte de las fuerzas multinacionales de la Misión de las Naciones Unidas para la Estabilización en Haití (MINUSTAH)', explica el capitán Alberto Osorio, comandante del buque ‘Sargento Aldea', navío encargado de repatriar las más de 695 toneladas de material utilizado durante la prolongada operación.

El regreso no ha sido una tarea menor, siendo la primera vez que Chile realiza una operación de logística inversa a esta escala, y que se enmarca en una política de cooperación con una mirada de Estado a largo plazo, que no ha variado con los cambios de gobierno, subraya Osorio sobre el retorno de las tropas, desplegadas fundamentalmente en los departamentos de Norte y Artibonite.

ANTECEDENTES

De acuerdo a la Resolución 1524 del Consejo de Seguridad de la ONU, la MINUSTAH (por sus siglas en francés) fue constituida en 2004 para ayudar al Gobierno de transición haitiano a establecer un entorno seguro y estable, prestar asistencia en el restablecimiento y mantenimiento del Estado de derecho, la seguridad y el orden público.

La acción de la ONU llegaría después de que el presidente electo Jean-Bertrand Aristide fuera derrocado a través de un golpe de Estado en 2004, en medio de acusaciones del depuesto mandatario por la participación de los Estados Unidos y Francia, junto a sectores políticos y grupos paramilitares opuestos a su gobierno.

Obligado a abandonar Haití, Aristide salió al exilio hacia Sudáfrica para ser remplazado por el presidente de la Corte Suprema del país, Boniface Alexandre, que solicitó la intervención de la ONU.

MISIÓN DE PAZ

Según el capitán de fragata Cristian Eduardo Tapia, gracias a la MINUSTAH, la compleja situación en la isla ha mejorado a pesar de los largos años de convulsión política, perfilándose caminos de un futuro mejor para los haitianos.

‘Nuestra misión era contribuir a que el país lograra un ambiente estable y seguro, que permitiera un desarrollo social y político por ellos mismos, sin la intervención militar que provee hoy seguridad', indica el capitán.

Tapia, segundo comandante del Batallón Chile en Haití, reconoce las enormes dificultades que enfrentan los haitianos a pesar de los avances alcanzados.

‘Uno no dimensiona la precariedad en que vive el pueblo haitiano hasta que convive en el país durante un tiempo prolongado', afirma.

Y es que, la que fue la segunda nación en alcanzar su independencia en América, el primer Estado dirigido por esclavos negros autoliberados y el primero en abolir la esclavitud en el continente, es hoy el país más pobre del hemisferio occidental: Haití ocupa el puesto 163 entre 188 naciones en el último Índice de Desarrollo Humano de la ONU.

A esa desgarradora situación, se suman ciertas reticencias naturales de la población local a la presencia de fuerzas externas en su territorio.

Respecto a esto, el capitán Tapia destaca la importancia de los vínculos construidos por la misión chilena con la población, más allá del plan de consolidación de la seguridad.

‘Nosotros siempre buscamos nexos con el pueblo. Nuestra intención no fue aparecer como una fuerza de ‘imposición de la paz', sino como una organización colaboradora... estábamos allí para apoyarlos y contribuir a su desarrollo‘, apuntó.

El militar sostiene que sus fuerzas desarrollaron varias operaciones cívico-militares de apoyo a orfanatos, escuelas, participación ciudadana y charlas para estudiantes universitarios. En particular, después del terremoto del año 2010 que devastó el país dejando más de 200,000 muertos, de los cuales alrededor de 170 eran parte de la misión de la ONU en el país.

‘Para nosotros fue inevitable construir lazos con el pueblo de Haití, muchos trabajaban con nosotros y al compartir las experiencias de vida de ellos fuimos capaces de dimensionar la efectividad de nuestro trabajo, como ellos se sentían seguros y gratos con nuestra presencia', declaró Tapia.

CRÍTICAS

La MINUSTAH, sin embargo, no cierra exenta de polémica, en particular por algunos señalamientos de abuso de las fuerzas desplegadas y descontrol de la misión en país, en particular la epidemia del cólera en 2010, una enfermedad prácticamente desconocida en el país y que, según cifras oficiales, ha provocado unas diez mil muertes.

Aunque el contingente chileno no ha sido señalado en ningún caso, el capitán precisa que la misión tiene muchas restricciones y medidas para el personal que está desplegado, mientras las fuerzas las cumplan cabalmente, no debería ocurrir ese tipo de situaciones.

Por su parte, Tapia defiende que las fuerzas regresan a Chile con una buena experiencia en la regiones donde se desplegaron.

‘Nosotros por lo menos, en nuestro departamento, experimentamos que nuestra presencia era bien vista, porque efectivamente se promovían espacios para el desarrollo de la comunidad que tenían un efecto multiplicador positivo... es un pequeño aporte que dejamos', declaró.

El militar considera también la reciente emigración haitiana a Chile como un efecto del buen trabajo hecho por los chilenos en Haití, aunque aclara que el pueblo haitiano no necesariamente esté buscando emigrar.

‘Los haitianos están muy comprometidos con su gente y en buscar salidas a la situación en la que están, son bien patriotas con su país', recalcó satisfecho con su trabajo y con la importante misión internacional.

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El ‘Sargento Aldea’, del Caribe al Pacífico Sur
 
El navío “Sargento Aldea” pertenece al comando anfibio de la Armada de Chile y es el encargado de hacer el retorno de los últimos efectivos chilenos desde la isla La Española, en el Caribe, que Haití comparte con República Dominicana, hasta la ciudad porteña de Valparaíso, en el Pacífico chileno.
 
Siendo un buque multipropósitos y preparado para el combate, hoy cumple una función de transporte ante posibles catástrofes naturales.
 
De paso por el Canal de Panamá, la nave despliega espacio de helipuerto, tiene incorporado un hospital para trabajo humanitario y una dotación de 250 miembros.
Cumplió su último día con las fuerzas militares chilenas en Haití el 30 de junio.
 
En estos momentos ya no queda misión de paz en el país, solo algunos  destacamentos, como el de Brasil, con mayor cantidad de efectivos,  permanecerán hasta el 15 de octubre de este año.
 
La operación sucesora de la MINUSTAH será otra enfocada al apoyo a la Policía de Haití, vigilar por los derechos humanos y promover el Estado de derecho.
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