América 11/09/2019 - 6:03 a.m. miércoles 11 de septiembre de 2019

A 18 años del atentado a las Torres Gemelas en EE.UU.

Casi trece mil personas murieron bajo el trauma de la amenaza  de la red Al Qaeda

La Torre Sur cayó a las 9:59 (hora local en Nueva York), tras estar en llamas durante 56 minutos en un fuego causado por el impacto del vuelo 175 de United Airlines a las 9:03.. / Redes Sociales
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La Torre Sur cayó a las 9:59 (hora local en Nueva York), tras estar en llamas durante 56 minutos en un fuego causado por el impacto del vuelo 175 de United Airlines a las 9:03..

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Redacción Digital La Estrella
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Eran las 8:46 de la mañana en Nueva York cuando un Boeing 767 de American Airlines se estrellaba contra la torre norte del World Trade Center. Era el inicio de una pesadilla que dejó casi tres mil muertos y que la historia recordaría como los ataques del 11-S. A partir de allí, el mundo nunca volvió a ser el mismo.

Este miércoles se cumplen dieciocho años de dicho atentado que dejó miles de muertos, lo que supuso el comienzo de una nueva era en el orden mundial, una sacudida cuya onda expansiva alcanza la actualidad, y la amenaza del odio islamista contra los Estados Unidos y el Occidente liberal se mantiene.

Muchas cosas pasaron en todo este tiempo. El entonces presidente George W. Bush reaccionó al zarpazo terrorista declarando su "guerra contra el terror",  y con el apoyo de Washington lanzó las invasiones de Afganistán e Irak, intervenciones en las que se dejó las vidas de miles de sus militares, cantidades de dinero y gran parte de su crédito internacional.

Mientras, en paralelo a las guerras de Bush, al árbol terrorista de Al Qaeda le brotaron ramificaciones y sus seguidores realizaron atentados en lugares como Madrid, Londres o Nairobi.

En todo este tiempo, los servicios de inteligencia del Pentágono nunca cesaron en su batalla en la sombra contra el yihadismo, y el 2 de mayo de 2011 llegaba la noticia más esperada: el criminal más buscado, Osama Bin Laden, caía abatido por un comando de los Navy Seals en su escondite al norte de Pakistán.

La desaparición de su líder fue un duro golpe, pero no terminó con el terrorismo. Los meses posteriores confirmaron que la política de eliminación de líderes destacados tampoco era suficiente.

Con su no intervención en Siria y su marcha atrás en la decisión de armar a los rebeldes que combaten a Al Assad, Washington permitió que el bien organizado y financiado Estado Islámico se convirtiera en un enemigo tanto o más mortífero que aquel Bin Laden de 2001.