Cine 23/10/2017 - 12:00 a.m. lunes 23 de octubre de 2017

La fórmula de Tim Burton

En una filmografía entera dedicada a explorar la diferencia, los monstruos quijotescos de Tim Burton son seres sensibles 

Carolina Cordero
periodistas@laestrella.com.pa

S e acerca Halloween y la TV por cable se pone a tono con los clásicos (y no tan clásicos) de horror, pero si cada año hay un nombre recurrente en los canales de películas, es el de Tim Burton. Escenarios retorcidos, mundos yuxtapuestos y personajes extravagantes se combinan para dar vida a historias tan cercanas como excéntricas, tan oscuras como cautivadoras, en un trabajo cinematográfico que a lo largo de las décadas ha logrado marcar un estilo visual inconfundible. El cine de Tim Burton entrelaza sutiles matices del expresionismo alemán con una ingeniosa reimaginación de lo gótico y una retórica descomplicada, donde (toca aceptarlo) no es una narrativa finamente hilada la que ocupa el foco de atención, sino unas extraordinarias puestas en escena y unos personajes memorables.

Como bien han espetado sus críticos y los alérgicos al mainstream , el suyo es un cine simple, infantil y formulario. Cargado de múltiples influencias, es un perfecto ejemplar del pastiche posmoderno, que para el filósofo y teórico cultural Frederic Jameson es el típico síntoma de una época caracterizada por su imposibilidad de producir algo nuevo. Pero si bien su trabajo es repetitivo y no juega con los laberintos conceptuales amados por los cinéfilos más snob , su relevancia cultural radica en su capacidad de conectar con una audiencia muy amplia por medio de una narrativa sencilla y un estilo visual propio, sin dejar de abordar algunas de las cuestiones más relevantes de la modernidad: lo individual versus lo colectivo, el cuerpo humano ante la ciencia, las contradicciones de las sociedades industrializadas, el conflicto de clases (El cadáver de la novia), el fracaso de las instituciones o el control gubernamental (El planeta de los simios, Mars attacks!).

En una filmografía entera dedicada a explorar la diferencia, los monstruos quijotescos de Tim Burton son seres sensibles que cuestionan la aparente normalidad de las cosas en universos donde lo inusual, lo oscuro y lo imperfecto son piezas esenciales de una experiencia humana naturalmente caótica. Así, el espectador es invitado a examinar sus propias particularidades con historias donde las perturbaciones psicológicas y la rareza se vuelven rasgos aceptables y hasta deseables. Los científicos locos y las máquinas industriales, también elementos repetidos en el trabajo de este director, aparentarían una idealización del modelo técnico-científico de principios del siglo XX, pero en su lugar, señalan las paradojas y la insuficiencia del pensamiento positivista para comprender y transformar la sociedad, algo que terminan por descubrir hasta los personajes más cuadrados y científicamente racionales. En alguna ocasión, Burton ha expresado que pasamos gran parte de la adultez tratando de resolver nuestros traumas de la niñez, de modo que su cine incorpora elementos simbólicos similares a los de los cuentos de hadas, que evocan el subconsciente y abordan problemas de la vida adulta desde un punto de vista infantil.

Con personajes visiblemente rotos como Sally (Pesadilla antes de Navidad); Edward (El joven manos de tijera), Emily (El cadáver de la novia) o su versión de Gatúbela, Tim Burton representa las dolencias de un mundo profundamente fracturado. El héroe burtoniano suele ser un outsider trastornado e incomprendido que vive en la periferia del sistema social, marcado por la diferencia y completamente distanciado del arquetipo de masculinidad tradicional, en tanto no es una actitud de macho ni una gran fuerza física las que lo guían hacia su cometido, sino el arte, la sensibilidad y la creatividad como formas de resistencia ante una sociedad deshumanizada. Estas constantes apelaciones a la individualidad y a la otredad hacen que el cine de Tim Burton cobre aun más sentido en la actualidad, donde los principales movimientos sociales se han enfocado en las políticas de la identidad.

El suyo no será el trabajo cinematográfico más refinado, pero aun sin suponer un reto intelectual para sus espectadores, de cierto modo propone una crítica de la racionalidad instrumental, del optimismo ilustrado que busca estructurar la experiencia humana desde el cientificismo más rancio, y de la imposición de una normalidad represora; una constante citación a la célebre frase de Jiddu Krishnamurti: ‘no es signo de buena salud estar bien adaptado a una sociedad profundamente enferma'.

COLUMNISTA

‘Con personajes visiblemente rotos como Sally (Pesadilla antes de Navidad); Edward (El joven manos de tijera), Emily (El cadáver de la novia) o su versión de Gatúbela, Tim Burton representa las dolencias de un mundo profundamente fracturado.
 
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