Curiosidades 17/09/2017 - 10:16 a.m. domingo 17 de septiembre de 2017

Tatuajes de henna, la “crème de la crème”

La barbadense Rihanna se tatuó en la mano un diseño étnico y, en los últimos meses, no se han hecho esperar espectaculares variaciones

La cantante Rihanna en el Festival de Cine de Cannes (Francia)en mayo de 2017 luciendo en su mano derecha el tatuaje de henna que se hizo. / Julien Warnand | EFE
Julien Warnand | EFE

La cantante Rihanna en el Festival de Cine de Cannes (Francia)en mayo de 2017 luciendo en su mano derecha el tatuaje de henna que se hizo.

EFE
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Los estampados tribales y boho realizados en henna blanca son probablemente los que más éxito han tenido, pero lo cierto es que con esta pasta pasa igual que con el chocolate blanco: es una mentira a medias.

La llamada henna blanca, todo un éxito gracias a que luce bien en todos los tonos de piel e imprime un toque veraniego y "trendy" a cualquier atuendo, no proviene de la planta Lawsonia inermis como el tinte original.

Lo mismo ocurre con el último grito en estos diseños: aquellos que brillan en la oscuridad, hechos con pintura ultravioleta.

Además de no estar hechas a partir de la planta de la henna, las versiones que tanto se han puesto de moda últimamente permanecen mucho menos en la piel que el tinte original, que puede durar hasta tres semanas.

Y es por ello que la henna natural y su característico color anaranjado llevan siglos arrasando en culturas como la india, además de en países de Oriente Medio y Egipto.

¿CÓMO SE HACE LA HENNA?

La henna es una pasta hecha generalmente, aunque no siempre, a partir de hojas secas de la planta Lawsonia inermis.

En su libro "La historia secreta de la henna", Marie Anakee Miczak afirma que en algunas zonas árabes las mujeres utilizaban los frutos machacados de este arbusto, mientras que en partes de Egipto usaban las flores.

Para demostrar este último hecho, la autora alude a un fragmento de la obra "Un soldado aliado en Egipto", de William W. Loring.

"El tinte se hace con la flor del árbol de la henna, cultivada en Egipto y machacada. Al utilizarlo se diluye en agua, después se aplica y se cubre durante una hora", cuenta el antiguo militar sobre el procedimiento utilizado en el siglo XIX.

Aunque el polvo es normalmente mezclado con agua, Miczak mantiene que, según se dice, en Egipto también se combinaba con aceites o perfumes y en la India con sustancias naturales que sirviesen como tinte rojo, como la raíz de la planta onoquiles.

El secreto, a su juicio, reside en dejar secar las hojas, ya que esto es lo que inicia la reacción química que dejará un color naranja rojizo o amarronado en la piel.

Más allá de esto, agua y acidez son la única clave para obtener un color vivo.

Sin embargo, hoy en día muchos fabricantes utilizan químicos como la parafenilendiamina (PPD), un peligroso componente que puede causar graves reacciones alérgicas y quemaduras en la piel.

Aunque la mayoría asocian la PPD con la polémica mehendi negra (henna a la que  añaden colorantes no autorizados para oscurecerla), la autora de la "La historia secreta de la henna" advierte de que, hoy en día, se añade a todo tipo de hennas para incrementar el rastro del color.

Bajo el disfraz de hermosas tonalidades de negro, rojo y marrón, de otro modo inexistentes en la henna natural, la parafenilendiamina puede causar desde cianosis hasta cicatrices permanentes.

"Otra cosa a recordar es que la PPD es sólo una de varias substancias peligrosas que encuentran su camino hasta muchos polvos de henna", concluye Miczak en su libro.

TATUAJES, IMPRESCINDIBLES EN BODAS Y FESTIVALES

Toda boda que se precie en el norte de la India durará varios días y uno de ellos estará reservado para la llamada ceremonia de la "mehendi" o henna.

Uno, dos o veinte "mehendiwalas" o tatuadores, dependiendo del tamaño del grupo, acudirán adonde se encuentran reunidas las mujeres de la familia para adornar sus brazos de cara a la ocasión.

La novia será, sin duda, el lienzo de los diseños más complejos y opulentos, que generalmente cubrirán cada centímetro de sus pies y manos, además de buena parte de sus piernas y brazos.

Pavos reales, "mandalas" -esferas llenas de geométricas filigranas símbolo del universo- y guirnaldas florales esconden a menudo las iniciales del futuro marido, pequeñitas, casi invisibles.

Entre cánticos y esporádicos bailes, no es extraño ver a las invitadas dándose de comer en la boca unas a otras para evitar estropearse los tatuajes antes de que se sequen.

Y es que la henna es sinónimo de fiesta en la India, no sólo de bodas, que también, sino de todo tipo de festividades religiosas.

Cuando el mes sagrado musulmán del Ramadán toca a su fin o se acerca el festival hindú Karva Chauth, es rara la mujer que no lleva los brazos delicadamente ribeteados.

Por eso no es de extrañar que puestos como el de Virender Goel en el centro de Nueva Delhi salpiquen buena parte de los mercados de la ciudad.

Virender, con las manos tan manchadas de henna que sus palmas parecen completamente naranjas, tiene apenas 40 años, pero lleva trabajando como "mehendiwala" desde hace 27.

El artista explica a Efe cómo la henna es considerada "auspiciosa" y por ello es a veces ofrecida a los dioses durante las ceremonias religiosas. Y, lo más importante, tanto hindúes como musulmanas gustan de decorarse con ella para los festivales.

Los días previos a ciertas festividades religiosas los tatuadores no dan abasto, al igual que ocurre durante la temporada de bodas, cuando las novias hacen cola para llenar sus extremidades con pomposos diseños.

"La gente que quiere hacérsela no pierde ninguna oportunidad, hay algunas que también se la hacen para sus cumpleaños (...), en el día de nombrar a un bebé o si alguien se ha comprado una casa nueva", cuenta, divertido Virender.

Es más, según dice, para algunas mujeres la henna es todo un "hobby" y se tatúan una o dos veces al mes sin que haya ningún motivo especial para ello.

En el puesto de al lado, una "mehendiwali" dibuja delicados entramados en ambos reversos de la mano de una turista, con henna que emana de un tubo hecho con brillante papel dorado.

La turista todavía tiene en el otro brazo restos de un tatuaje anterior pero, explica a Efe, va a abandonar la India al día siguiente y quiere llevarse puesto un recuerdo de su estancia.

Y es que los tatuajes de henna son también todo un éxito entre las visitantes extranjeras.

DISEÑOS Y CUIDADOS

Cuando Virender entró en el mundillo hace casi tres décadas cobraba 5 rupias, menos de 0,10 dólares, por una mano.

Ahora las cosas han cambiado y el mínimo es de 50 rupias o 0,80 dólares, un precio que puede incrementarse hasta el cuádruple dependiendo de la complejidad del diseño y su tamaño.

Hoy en día la mayoría de las clientas piden diseños "árabes" o, cada día más, traen fotografías descargadas de internet que el tatuador ha de copiar al dedillo, detalla el 
artista.

Aún así, todavía hay quienes les permiten improvisar o escogen uno de los dibujos de los gruesos catálogos que todos los puestos tienen expuestos y cuyas páginas hacen volar cada vez que ven pasar a un posible cliente.

En el puesto de Virender, el proceso, que puede durar entre 10 minutos y 4 horas, comienza aplicando aceite de eucalipto para que la henna aparezca más oscura.
Según relata, para preparar la pasta simplemente mezcla el polvo de henna con agua y lo revuelve todo bien.

La mezcla se vende ya hecha en tubos por 10 rupias o unos 0,15 dólares para quien desee ahorrarse un poquito de trabajo.

En la actualidad hay todo tipo de colores disponibles, desde verde hasta azul, pero duran muy poco en la piel y Virender no los recomienda.

Algunos, incluso, ofrecen diseños embellecidos con purpurina, pegatinas brillantes y pequeños abalorios.

En otro puesto del mercado, Devi, de 31 años, insiste en que no utiliza henna negra por tratarse de una mezcla "química".

“Sin embargo, si algún cliente me la pide específicamente entonces la voy a comprar y realizo el tatuaje como excepción a la norma”, confiesa a Efe.

La joven, que lleva 20 años en el oficio, sólo suele utilizar henna natural, verdosa en apariencia y que tinta la piel de naranja, una mezcla que prepara ella misma y que luego pone en pequeños conos de papel impermeable para utilizarlos a modo de manga pastelera.

Una vez hecho el tatuaje, la henna tardará entre una y una hora y media en secar.
"Depende del tiempo, cuánto calor hace, cuánto suda la persona. Las personas que sudan mucho no obtendrán un color oscuro, la 'mehendi' se queda mojada y no se seca fácilmente", explica Virender.

Una vez seca, es tan sencillo como rascar o frotar el exceso de henna y ésta caerá, dejando detrás una estela de guirnaldas anaranjadas.

El experto recomienda aplicar aceite de mostaza o calentar clavo en una olla y pasar el brazo por el humo que se desprende.

Con estos sencillos trucos, el color del diseño se oscurecerá hermosamente pasadas unas horas.

Por: Noemí Jabois

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