Cultura 15/04/2018 - 12:01 a.m. domingo 15 de abril de 2018

Yeguas y razas

Llegué a Panamá por primera vez hace veintidós años, un septiembre, con la determinación de construir un futuro en este trocito de mundo

Mónica Miguel Franco
monicamiguelfranco@hotmail.com

Llegué a Panamá por primera vez hace veintidós años, un septiembre, con la determinación de construir un futuro en este trocito de mundo. Yo no conocía a nadie aquí y quien me impulsó a venir, decidido a que me involucrara, preparó una fiesta en mi honor. En aquella fiesta hubo brindis y discursos emotivos dándome una bienvenida, que sé, por demás, sincera. De pronto, en uno de esos, la frasecita: ‘(…) guapa y de buena familia, para mejorar la raza'. Y aún no me repongo del asombro. Sé que fue en broma, un chiste tonto para romper el hielo y hacer que me sintiera acogida y querida. Pero no. Ahí está. Mejorar la raza. Los chistes, el humor, como los frutos, nunca caen demasiado lejos del tronco. Si nos reímos de ello, o si nos duele, es porque pellizca una realidad.

Mejorar la raza, no está tan lejos de la Constitución de 1941, una constitución votada por todos los legisladores de aquel momento, por todos menos por seis. Que ya es mucho decir. Una constitución, arnulfista y panameñista, por cierto, en la cual, este ‘crisol de razas' este país ‘donde nadie es extranjero', este ‘pro mundi beneficio', dejaba bien claro que había razas de primera y razas de segunda al mejor estilo nacionalsocialista teutón.

No, no se crean que estamos tan lejos de ese momento, la sociedad panameña fue y es racista, clasista y discriminadora. No, no miren ustedes para otro lado, ‘Yo no fui, fue Teté'. ¿Cuántos de ustedes viven en un edificio donde las empleadas deben usar un ascensor diferente al de los patrones? ¿Y se han opuesto a esa regulación asquerosamente discriminadora? ¿Cuántos de ustedes estarían felices si su hijo les presenta a su futura nuera y ella es kuna, por ejemplo, y se viste con molas y winis? Señora, no se sonría, ¿usted aprobaría que su hija le presentara a su novio, con sombrero ngäbe, chácara y dientes limados?

Está muy bien lo de ser inclusivos e igualitarios, siempre que los que incluyan sean otros. Los que se mezclen sean otros, y el que acepte al diferente sea el de al lado y lo acepte del lado de allá de la cerca.

La semana pasada hubo un pequeño tsunami mediático cuando una de las candidatas a proclamarse Señorita Panamá, ngäbe, por más señas, vio puesta en duda su filiación paterna, o su ascendencia indígena. Me parece patético, ruin y denigrante para los que han entrado al trapo y para los que han comentado cosas como ‘es que las indias también pueden ser bonitas' ¿¡Peeeerdón!?

Los concursos de belleza no son santo de mi devoción, ahora bien, si el certamen busca a la panameña más bella, que alguien, por todos los dioses, me explique, ¿que una mujer sea indígena o no, la hace más o menos? ¿Más o menos bonita? ¿Más o menos digna de ganar concursos? ¿No se dan cuenta de lo ridículos y lo patanes que se ven discutiendo sobre el genotipo y el fenotipo de alguien?

Señores, supérenlo, ninguno de nosotros, ninguno (no, señora, usted tampoco), tienen algo parecido a una ‘raza pura', eso, señores, no existe. Y por cierto, todos los panameños tienen genes indígenas, y negros. Y europeos. Supérenlo.

Por mi parte, a mí me gusta la cerveza mezclada con güisqui y lo único que les he dicho a mis hijos cuando han empezado a tontear con chicas es que en mi casa no puede entrar nadie bruto. La estulticia está vetada en mi entorno. Pero pensándolo bien, he de añadirles que el racismo, el clasismo y la pendejada tampoco son aceptables.

COLUMNISTA

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