Cultura 27/12/2015 - 12:00 a.m. domingo 27 de diciembre de 2015

El sacrificio del muñeco, el año se va con ellos

Martinelli, Varela, Maduro. Nadie está a salvo de esta tradición, perfeccionada por la comunidad de artesanos  

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Leila Nilipour
periodistas@laestrella.com.pa

Al margen de la Carretera Interamericana, se perfilan sobre un montículo de hierba las siluetas del exministro de Seguridad, José Raúl Mulino y el actual Presidente de la República, Juan Carlos Varela, protegido por un caparazón de tortuga.

Rellenos de hojas, las efigies se tuestan al sol, llamando la atención de los conductores. Un papelito adherido a sus ropas revela los dígitos y la identidad del autor, Víctor Álvarez.

BEJUCO

Una breve llamada revela la ubicación del artista plástico de 24 años, que el pasado diciembre confeccionó 18 muñecos. ‘Ya tengo seis años en esto', admite. ‘El primer año me gané el segundo puesto con uno de Eladio'.

Se refiere a una temática en común que recuerdan todos los artesanos que conversaron con Facetas : un concurso que organizaba el diputado Arturo Araúz (1999-2009), con el fin de incentivar la confección demuñecos de fin de año en las comunidades entre Sajalices y San Carlos.

Álvarez me muestra en su computador portátil las seis imágenes del ex-presidente Ricardo Martinelli —entre ellas una caricatura de Peña Morán—, mientras esculpe el hielo seco que le servirá de cabeza al muñeco.

Su hermano José, de 11 años, nos muestra varios cuadernos de dibujo en los que Álvarez trabaja los bocetos de cada pelele antes de esculpirlos. Las paredes de su sala están recubiertas de cuadros pintados por él. ‘Lo mío son las artes plásticas. No lo estudié, es algo empírico', relata, y explica que durante el año se dedica a la pintura, las maquetas escolares o la decoración de interiores.

Este año se ha impuesto el ‘desafío personal' de confeccionar al personaje del ‘Depredador', pues en el 2014 hizo al ‘Alien', de la misma película.

Se trata del monigote que hace para su familia cada año y es un ‘desafío' porque cada vez busca una figura más elaborada. También es el muñeco al que más tiempo y empeño le dedica. ‘El año pasado me ofrecieron 800 dólares por el ‘Alien' y lo rechacé', explica. ‘Me llena más una foto y un recuerdo que el dinero, porque el dinero va y viene pero el recuerdo queda'.

‘Three little birds' de Bob Marley suena en la sala y se fusiona con los cantos del gallo al cruzar hacia el portal delantero. Allí, José nos enseña los retazos de otros muñecos inconclusos que descansan sobre el concreto: manos, rostros, partes del Depredador.

Aunque desconoce el origen de la tradición, Álvarez sí recuerda que sus bisabuelos confeccionaban los llamados ‘borrachos', que se rellenaban de paja, llevaban un coco de cabeza, y se prendían en fuego recostados sobre una silla, como beodos sorprendidos por el Año Nuevo.

‘Yo quise reavivar esa tradición de los muñecos; innovar, sí, pero manteniendo la tradición'.

LOS NÍSPEROS

Paralelo al Riba Smith de Coronado, una vereda conduce a un colorido vecindario, entre cuyos pocos hogares se acallan los zumbidos de la Interamericana.

Johnny vive en la primera casa a la izquierda y se dedica a entrenar gallos de pelea. ‘Yo no, pero allá atrás todos hacen muñecos', dice, gesticulando hacia el callejón trasero. En una vivienda naranja encontramos a Lobeida Domínguez, quien lleva la misma cantidad de tiempo haciéndolos que Álvarez.

‘Yo vivía en Lajas y había un vecino que se dedicaba a eso', rememora. ‘Siempre era un acontecimiento cuando se acercaba el año nuevo'.

Describe la técnica de aquel vecino como sencilla, empleando una cabeza de coco o de trapo. En lugar de ‘bombitas', se rellenaba el cuerpo con hojas secas de guandú, ‘porque eso traquea cuando quema'.

Domínguez no tiene clara la raíz de la costumbre, pero esboza una teoría. ‘Era como una tradición de despedida del año, con las cosas malas y buenas que pasaron'. Y agrega que se confeccionaba el muñeco más feo posible, justamente porque representaba al viejo año por terminar.

‘Ahora se busca que se parezcan a personajes', señala. ‘Es bastante trabajo'.

PUNTA BARCO

La casa verde de Carlos Moreno se oculta de los conductores en la base de una loma. Desde la carretera solo se divisa un altar que ha erigido el policía de tránsito retirado, a la virgen de Guadalupe.

Su familia no mantenía la tradición de confección de monigotes de fin de año, pero la de su esposa, originaria de la carretera hacia El Valle, sí.

Para Moreno todo empezó hace varias décadas, cuando se encontró a su hijo mayor jugando con un muñeco ‘feo'.

‘Quise arreglárselo y terminamos fue armando un policía de tránsito', relata. ‘Lo vestí con mi uniforme y mi quepí y le amarramos la mano a una palma que teníamos afuera, cosa que cuando el viento soplaba el muñeco movía su mano, como si fuera un oficial'.

La ocurrencia de Moreno causó que los carros frenaran en la carretera y finalmente resultó en una colisión de cinco autos.

Después de ese primer intento, mantuvo la costumbre cada año nuevo. Entre los personajes que ha trabajado están el general Omar Torrijos en 1999, con el que ganó un segundo puesto en el concurso de Araúz; Mariano Rivera, Juan Carlos Navarro, cuando fue candidato a la presidencia y la cantante típica Catalina Carrasco, el año en que murió.

En la parte de atrás de su hogar nos encontramos con la ‘One Two', casi terminada. Moreno le levanta la blusa y nos muestra su ingenio: el busto protuberante son dos calabazos empotrados en un brasier.

COSTA ESMERALDA

La familia Lasso se autodenomina la ‘fundadora' de la tradición de los muñecos en el área. Miguel Antonio Lasso, el patriarca de 73 años, recuerda la primera vez que sus padres hicieron una pareja de monigotes, cuando él era un niño.

‘Los pusieron en una banquita por allá', apunta con el dedo hacia la parte baja del amplio jardín, ‘pero en la noche no los recogieron y al amanecer ya no estaban'.

El año pasado un americano les llevó un gran número de prendas de vestir y les encargó 20 muñecos. ‘Los vendimos en 30 dólares cada uno', comenta Eric Javier Lasso, uno de los hijos. ‘Parece que era para inaugurar una finca que se compró en Sajalices'.

Los Lasso tienen dos muñecos de pie en el exterior de su hogar, casi finalizados. Uno de ellos lleva una vestimenta tricolor, basada en la bandera venezolana. Se trata de Nicolás Maduro, un encargo especial. Todos en la familia son ‘muñequeros', pero la encargada del presidente de Venezuela es Celenia Lasso, la hija de 30 años de Miguel.

‘Entre todos hicimos más de 60 muñecos el año pasado y no quedó ni uno', destaca Eric Javier. ‘Tuvimos que armar uno rápido antes de la medianoche, o no hubiéramos tenido nada que quemar'.

CADA CABEZA, UN MUNDO

‘Lo que más se cobra es la cabeza', precisa Álvarez. ‘El cuerpo es algo que cualquiera puede hacer'.

Él talla los rasgos de su personaje en hielo seco, luego recubre la pieza con gypsum y varias capas de papel periódico. El gypsum permite que se conserve por más tiempo el rostro. ‘Así, al momento que tomas la foto de la hoguera, se ve a quién quemaste', esclarece el artista.

En Los Nísperos, la estrategia es un poco distinta. ‘Lo que más tiempo toma es la cabeza', sostiene Domínguez. Ella recubre una máscara de plástico con papel transparente de cocina y le va pegando periódico con goma blanca, para que tome la forma del molde. ‘Cuando el molde de periódico está seco lo despego y lo pongo encima de un globo'. A la mascarilla la reviste de gypsum , una capa de pintura blanca y concluye definiendo los rasgos del rostro.

Moreno, por su parte, utiliza un molde de una cabeza, que él mismo fabricó con arcilla roja. Primero lo recubre con tres capas de periódico y almidón de yuca. Luego, divide en dos la nueva cabeza con un cuchillo, para despegarla del molde original. Una vez separadas de este, vuelve a pegar las partes, baña la pieza con gypsum, la lija y le trabaja las facciones.

Por su parte, los Lasso prefieren elaborar el rostro con materiales como periódico, tela y cartón. Los rasgos los pintan con témpera.

Celenia me apunta hacia una esquina de la terraza donde reposa un montoncito de algodón —de su propio árbol— sobre un periódico. Está salpicado a medias con betún de zapatos negro. ‘Como tiene el cabello esponjadito le voy a poner algodón', se refiere al pelele de Maduro. ‘También le haré el bozo y las cejas grandes, porque él es bozudo y cejudo'.

EL MUÑECO MUERE DE PIE

Álvarez crea una especie de esqueleto para cada muñeco, usualmente con madera de ciruelo. Esto permite que los monigotes se quemen de pie.

‘El muñeco no se puede quemar acostado porque no revienta en su totalidad', explica, refiriéndose a la práctica de rellenar los espantajos de cohetes.

En los brazos y las piernas utiliza tubos de PVC, lo que le permite mayor flexibilidad para trabajar. Para él es importante utilizar materiales que no dejen residuos luego de la quema.

El cuerpo va relleno de hojas de tallo, según Álvarez el secreto para una hoguera exitosa. ‘No uso yerba seca, periódico, ni hojas de mango porque eso es más humo que nada'.

A la hora de vestirlos, consigue indumentaria de segunda a través de un amigo que la vende en Arraiján.

Domínguez está de acuerdo. ‘El cuerpo es lo más sencillo. Primero consigo ropa, de la que se le va quedando a los niños y la relleno con periódico', detalla. ‘Le meto un esqueleto de cartón, para que quede firme, porque a la gente le gusta quemarlo de pie'.

Moreno y la familia Lasso concuerdan con esto, y arman los esqueletos de sus muñecos con retazos de madera, ‘palos de monte' o de escoba. Aunque a la hora de rellenar el cuerpo, los Lasso prefieren el papel periódico, pues consideran que es más fácil de moldear y que los rellenos de hojas se ‘aguan' al recibir el sol.

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‘Yo quise reavivar esa tradición de los muñecos; innovar, sí, pero manteniendo la tradición',

VÍCTOR ALVAREZ

ARTISTA DE MUÑECOS DE AÑO NUEVO

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HISTORIA

Otra práctica española que llega al continente

La costumbre de la quema de los muñecos no es exclusiva de Panamá. Se reporta en otros países del continente como México, Ecuador, Uruguay, Colombia, Venezuela, Perú y Chile. En algunas partes se le conoce a los monigotes como Judas, aunque este nombre origina de la tradición española de quemar muñecos durante la Semana Santa. ‘En la literatura etnográfica española es frecuente toparse con ciertas costumbres populares que implican la destrucción de algún muñeco —hecho de materiales desechables—, con motivo de la celebración de ciclos festivos eclesiásticos específicos, o bien locales', expone el libro Demonio, religión y sociedad entre España y América . Asimismo, el texto destaca que ‘el muñeco en ocasiones también podría representar una ‘víctima expiatoria pública sobre la que recaían todos los males que habían afligido al pueblo durante el año anterior'. El historiador Jorge Enrique Kam señala que la práctica pudiese tener sus antecedentes en las fiestas Saturnales romanas, en las que se ofrecía un sacrificio en honor a Saturno, el dios de la agricultura, como parte de los ritos de invierno.

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TRADICIÓN

El testamento, una costumbre menguante

‘Señores, me voy y espero que al escuchar estos cohetes, no se cubran los oídos, pongan atención al ruido que está dentro del muñeco, tan aguado y patuleco, sabiendo que dentro de él, sin que lo crea ninguno, está guardado un pedazo del alma de cada uno', concluye la XXII y última estrofa del testamento de un muñeco de año nuevo de 1996, redactado por el difunto historiador panameño Jorge Conte-Porras.

Se indagó entre los manufactureros de muñecos entre Bejuco y San Carlos acerca de la tradición de redactar testamentos para la quema de los peleles, pero ninguno había escuchado de semejante costumbre.

‘No sabía de los testamentos', manifiesta Víctor Álvarez, confeccionista de monigotes de Bejuco. ‘Algunos le ponen cartas a los muñecos que se queman, pero no se sabe qué se escribe allí, si cosas buenas o malas'.

En cambio, el escritor Ariel Barría Alvarado confiesa que la tradición no le es del todo ajena. ‘En Chiriquí (Las Lajas), vi a personas hacer testamentos rimados a los muñecos, dejando favores o desgracias satíricas a los vivos', revela.

Asimismo, se encuentran varias alusiones en el texto Demonio, religión y sociedad entre España y América . Aunque las referencias no están necesariamente vinculadas a tradiciones de fin de año, sí se refieren a costumbres españolas que involucraban a algún muñeco o animal por ser sacrificado o quemado.

‘...se recurría a leer en público el llamado ‘testamento de carnaval' que, aunque casi siempre se refería al muñeco que iba a ser sacrificado, algunas veces lo hacía a algún animal... En cualquier caso, el testamento servía asimismo para la chanza generalizada de la población...'

Luego, en otro fragmento del libro, ‘...parece posible afirmar que la censura pública y popular presente en sermones, juicios o testamentos, podía hacer que en buena medida los perjudicados por ella acompañaran en cierta forma al monigote en su suerte; al convertirse ellos mismos también en el objeto de esa misma burla que les hacía víctimas del general escarnio público'.

Esto parece arrojar algo de luz sobre el origen de los testamentos, aunque en Panamá se haya ido diluyendo la costumbre con cada nueva generación.

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