Cultura 04/03/2018 - 9:04 a.m. domingo 4 de marzo de 2018

La música es más fuerte que las armas en Afganistán 

La música ha formado parte de la riqueza cultural de Afganistán durante siglos, pero con la guerra civil y la llegada de los talibanes al poder, fue proscrita

Iniciativas buscan recuperar la tradicional música afgana. / Shutterstock
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Iniciativas buscan recuperar la tradicional música afgana.

EFE
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La música desafía las creencias más conservadoras y las amenazas de los talibanes en el Instituto Nacional de Música de Afganistán (ANIM) un oasis que ha cambiado las vidas de niños y niñas necesitados, y que está permitiendo recuperar la tradicional música afgana tras décadas de ahogo.

Naria era muy pequeña cuando se enamoró de la música. Su abuelo Wanj, un arpista tradicional, le abrió la puerta y encendió la chispa de su pasión musical. En 2011 sus padres decidieron sacarla de su pequeño pueblo de la oriental provincia de Nuristan y mandarla a Kabul para que ingresara en el ANIM, un instituto único en su clase en la historia de Afganistán.

Su admisión en el ANIM no solo no fue motivo de orgullo en su pueblo sino que desató el rechazo de muchas personas que consideran la música como un pecado. "Los aldeanos nos dijeron que aprender música era un pecado prohibido por la religión y me pidieron que lo dejara", dijo a Efe Nazira, hoy con 18 años y que desde entonces no ha vuelto a una aldea en la que solo se escucha y se toca música en la oscuridad de la noche, fuera del alcance de los extremistas.

Las amenazas de los fundamentalistas lograron que su familia se mudara finalmente a Kabul al año siguiente, pero lo que no pudieron fue impedir que la joven creciera como una talentosa chelista. Nazira fue seleccionada como primera chelo de la Orquesta Zohra del instituto, establecida en 2016 y la primera en la historia del país integrada únicamente por mujeres.

Hasta ahora, la joven ha actuado en 30 países incluidos los escenarios de lugares tan importantes como el Carnegie Hall de Nueva York y el Kennedy Center en Washington. Ella y sus compañeras no son las primeras en sus familias en aprender y tocar un instrumento, pero sí las primeras en 30 años.

La música ha formado parte de la riqueza cultural de Afganistán durante siglos y en los años 80 docenas de orquestas poblaban el país, pero con la guerra civil en los 90 y la llegada de los talibanes al poder en 1996, fue proscrita. Los extremistas talibanes fueron particularmente duros durante su gobierno de cinco años del país, castigando a quienes escucharan música e incluso rompiendo las manos de los músicos cuando eran cogidos tocando.

"Nadie tenía el derecho a tocar, escuchar o aprender música con los talibanes", declaró a Efe Ahmad Sarmast, hoy director del ANIM y uno de los primeros en regresar al país cuando se produjo la caída de los integristas en 2001 con la invasión de Estados Unidos.

Aunque la mentalidad de los talibanes es fuerte en las partes más conservadoras de la sociedad, la música ha traído cambios positivos a la sociedad y ahora más familias permiten a sus hijas aprender música incluso en provincias apartadas y poco desarrolladas. "Esto es un cambio para bien", indicó Sarmast.

El instituto ha pasado de tener apenas una niña en 2010 a 75 en 2017 de un total de 250 alumnos, la mitad de ellos niños de la calle, hijos de familias pobres y huérfanos que antes de enrolarse en el ANIM tenían una "dura vida". Su trabajo fue reconocido con el premio de Música Polar, considerado el Nobel de la música, junto a la banda estadounidense Metallica.

"Intentamos cambiar sus vidas con la música", indicó Sarmast, al señalar que estudiantes talentosos como Nazira seguirán la tarea como profesores. Pero los talibanes no le perdonan esa afrenta.

En 2014 este grupo insurgente atacó una espectáculo teatral en el que los jóvenes de la orquesta ponían la música de una obra en el que representaban un ataque suicida en Kabul. Una explosión hizo que 14 de los presentes murieran y el propio Sarmast resultó seriamente herido. "La explosión hizo que la pieza se volviera una obra de verdad", dijo. Pero pese al ataque ni una sola familia retiró a sus hijos del instituto. "Esa fue su respuesta al extremismo", dijo Sarmast.