Cultura 07/08/2017 - 12:00 a.m. lunes 7 de agosto de 2017

‘Más que mil palabras'

Todas ellas serían preguntas de investigación en el campo de los Estudios Visuales panameños.

Claudia Cordero
periodistas@laestrella.com.pa

Todos tenemos ese amigo que se ha vuelto fotógrafo de la nada. Hace 15 o 20 años era un oficio de pocos en Panamá, pero hoy es para muchos una alternativa como ingreso extra, o incluso como segunda profesión luego de una carrera poco satisfactoria. Que haya tantos fotógrafos nuevos puede resultar fastidioso para quienes se han consagrado a este arte mucho antes de que estuviera en boga, y aunque podríamos vernos tentados a pensar que se trata de otra moda adoptada por los ‘wannabes' panameños, en realidad es un fenómeno que se manifiesta en muchas partes del mundo y responde a las transformaciones culturales producidas por la globalización y el llamado ‘capitalismo del conocimiento'. Panamá no escapa al hecho de que se haya disparado el interés en las profesiones creativas, particularmente aquellas relacionadas con la creación pictórica, síntoma de que en nuestro tiempo, crear imágenes se ha vuelto tan crucial como (ad)mirarlas.

A principios del siglo XX, la filosofía comienza a dar una importancia sin precedentes al lenguaje como molde y reflejo de la experiencia humana, lo que fuera denominado ‘giro lingüístico' por el filósofo austriaco Gustav Bergmann. La filosofía del lenguaje cobra mayor relevancia hacia los años setenta, y su impacto en las humanidades se traduce en que las teorías semiótica, retórica y lingüística se convierten en herramientas para el análisis crítico de los medios, imágenes y otras manifestaciones culturales, entendiendo que, al igual que cualquier texto, éstas pueden ser leídas como poseedoras de su propio discurso. Más tarde, en los noventa, el teórico visual estadounidense W. J. T. Mitchell se refiere a la dimensión social de las imágenes y habla de un ‘giro pictorial', o una cultura dominada por las imágenes, entendiendo que ‘nuestra cultura común parece ser cada vez más producto de lo que vemos y no de lo que leemos'.

Los Estudios Visuales nacen como una escisión antiortodoxa e interdisciplinar de la Historia del Arte, y ven su principal desarrollo en las potencias culturales del mundo anglosajón. Aunque su llegada a Latinoamérica es bastante reciente, países como Costa Rica, Colombia, Venezuela o México han entendido la importancia de la alfabetización visual y ya cuentan con programas académicos en Estudios Visuales. En el caso de Panamá son pocos los estudios formales sobre las imágenes, que aún son analizadas en términos básicos desde la semiótica en asignaturas de carreras afines a la publicidad o las artes. Ninguna de nuestras universidades ofrece la carrera de Historia del Arte ni asignaturas de Estudios Visuales, algo que podemos atribuir a nuestro contexto sociohistórico como país de tránsito devenido en un moderno hub de negocios, donde no se cultiva el interés por estos conocimientos considerados inútiles o sin salida laboral. Lo paradójico es que en Panamá hay cada vez más interesados en crear imágenes, pero nadie que las interprete o las discuta críticamente, dentro o fuera de la Academia.

¿Qué nos dice el gusto por los personajes de dibujos animados en los adultos de los barrios marginales? ¿De qué manera afecta la arquitectura contemporánea de nuestra ciudad a la construcción identitaria y subjetiva de sus habitantes? ¿Cómo influyen las imágenes de la cultura visual estadounidense en los imaginarios colectivos panameños? ¿Qué función ideológica cumplen las imágenes que muestran los medios en Panamá? ¿Existe una visualidad panameña consolidada en el diseño, la pintura o la ilustración? ¿Qué papel juega la publicidad en la construcción de la masculinidad y la feminidad en Panamá? ¿Por qué unas imágenes tienen mayor visibilidad que otras, como la pollera azuerense por encima de la pollera congo o la enagua indígena? Todas ellas serían preguntas de investigación en el campo de los Estudios Visuales panameños.

Las imágenes –incluidos los objetos que miramos a diario– están investidas de valor cultural, desde un meme o un anuncio, hasta las escenas de una telenovela turca, pero son tan cotidianas que no nos detenemos a reflexionar sobre su significado, de qué maneras nos subjetivan, o cómo nos apropiamos de ellas para producir nuevos significados que distan de aquellas intenciones con las que fueron creadas. Panamá, al igual que cualquier otro país, tiene su propia cultura visual, y el surgimiento de nuevos artistas y nuevos medios la robustece, pero también es crucial que se someta a discusión e investigación para generar nuevo conocimiento. Ante una realidad social completamente mediada por las imágenes, el desarrollo del pensamiento crítico, al igual que la práctica y la apreciación artística, dependen de que aprendamos a mirar.

COLUMNISTA

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