Cultura 02/12/2017 - 12:05 a.m. sábado 2 de diciembre de 2017

Inmortalizan el arte ‘diablorrojístico'

Julia Regales y Mónica Guardia publican ‘Diablos rojos ‘forever”, un libro ilustrado que reflexiona sobre el arte popular que revistió buses

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Daniel M. Alarco
dmolina@laestrella.com.pa

Nunca más completa una charla sobre la idiosincrasia panameña, como cuando se traen a colación los afamados ‘diablos rojos'. Esos coloridos y, por supuesto, ruidosos autobuses que dejaron la vida de transporte escolar en los Estados Unidos para convertirse en un lienzo en blanco para el arte popular en el Istmo.

‘Hay cuatro arquetipos que son la base de la personalidad del hombre, según Jung: el guerrero, el hechicero, el rey y el poeta. Y todos están pintados en los diablos rojos',

MÓNICA GUARDIA,

ESCRITORA

La escritora Julia Regales tiene una visión aún más aguda y romántica. Para ella, estos vehículos ‘con sus pinturas, decoraciones, música y tronera' son, más bien, ‘una obra ambulante, una puesta en escena que capta la cultura popular del panameño'.

Sus palabras surgen a propósito de la presentación del libro Diablos rojos ‘forever' , una obra que publicó junto a Mónica Guardia, quien también se encargó de tomar las fotografías que ilustran el ejemplar. En este, adentran al lector hacia los arquetipos presentes en las pinturas de los vehículos de transporte público, su historia y las frases impresas en el chasis.

VIAJAR AL CORAZÓN DEL ‘DIABLO'

Una vez que terminaron de documentar los autobuses en imágenes, ambas escritoras comenzaron a analizar las pinturas que los revestían ‘a través de la luz junguiana'.

‘Hay una serie de mensajes que el artista plasma, porque es la antena del grupo que siente y percibe lo que está pasando a su alrededor, como dice Carl Jung', comenta Guardia. Hay cuatro arquetipos que son la base de la personalidad del hombre, según Jung: el guerrero, el hechicero, el rey y el poeta. Y todos están pintados en los diablos rojos, añade la autora.

‘El arquetipo del guerrero lleva un mensaje inspirador frente a la batalla que es la vida. También hay hechiceros, que dicen que los problemas se van a resolver, que tengan fe', explica la coautora de Diablos rojos ‘forever' .

Pocos ‘diablos' son ajenos al arquetipo del rey, que presume de su riqueza y poder. Mucho menos podría obviarse la imagen del poeta, que —con o sin rima— cristaliza su sabiduría en pregones populares y pícaras frases sueltas.

Está la ingeniosa ‘El zorro pierde el pelo pero no la maña', la irreverente ‘Amigo, tu mujer nos engaña', la cínica ‘Chofer casado, mejor bocado', la piadosa ‘Solo los justos heredarán la tierra', y la nostálgica ‘Uno solo muere cuando lo olvidan'.

Estas líneas propias del universo ‘diablorrojístico', ‘exteriorizan los sentimientos del dueño y el pintor' en complicidad. ‘(Reflejan) visiones como el machismo, ser vivo y gozar la vida, la religiosidad y la necesidad de reírse del destino ineludible', diría el antropólogo Stanley Heckadon, citado en este mismo libro.

PINTURA LÍQUIDA, MEMORIA IMBORRABLE

El solo oficio de pintar, continúa Guardia, es un fenómeno para ‘humanizar la máquina'. ‘Esto se ve en todo el mundo, como por ejemplo en la India, donde los vehículos reflejan su propia cultura y sus múltiples figuras religiosas'.

En Panamá, contrasta la ganadora del Ricardo Miró, los diablos rojos reflejan la cultura de los medios de comunicación; además, dejan ver una cultura muy sexista, que usa anglicismos, y exhiben mensajes que hablan del panameño como un hombre rebelde.

La pintura hace al diablo rojo. Y su importancia la sugiere el prestigio de quien pinta. Los responsables de convertir, como dice Regales, el autobús en ‘una ópera ambulante', son respetados por la colectividad.

Los artistas de diablos rojos, reseñados en este mismo libro, han creado un estilo, que Guardia y Regales han bautizado como ‘diablorrojístico', y que tuvo su auge en la década de 1960.

Aquel que no lo vivió en carne propia, hoy puede consultar el ejemplar escrito por ambas autoras y comprobar que habían, contra todo pronóstico, diablos rojos famosos, como Sir Lenox, una descomunal máquina de techo cubierto con madera, innumerables adornos y una imponente abreviación de su alias en la parrilla delantera.

Lo mismo sucedía con el ‘Fantomas', un monstruo clásico de fama nacional adornado al límite de la opulencia. ‘(La modificación) es un lenguaje que nos dice: esto es una prolongación de mi hogar, de mi hombría, mi lujo de fantasía', agrega Regales.

Hay, incluso, ‘hitos' en la historia de la pintura ‘diablorrojística'. Uno de ellos, según Guardia, fue cuando ‘Yoyo' pintó en la parte trasera de un vehículo la Torre Eiffel, y no había pintor que evitara voltear a ver tremenda pieza. Otro momento cumbre fue cuando ‘Salazar' pintó en el bus Mama Inés el rostro de Ismael Rivera.

Finalmente, algunas imágenes del libro fueron tomadas en las décadas de los setenta y ochenta por la artista Sandra Eleta. La diferencia entre la destreza del artista de entonces y el actual es abismal, y Guardia cataloga esto como una ‘involución'. De cualquier forma, en su obra logró inmortalizar a ambos.

‘Cuando hicimos este libro, queríamos que la persona que lo leyera sintiera que estaba entrando a un bus, que sintiera los colores y los elementos abigarrados', concluye Regales.

HISTORIA
‘Hay cuatro arquetipos que son la base de la personalidad del hombre, según Jung: el guerrero, el hechicero, el rey y el poeta. Y todos están pintados en los diablos rojos',
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