Cultura 12/11/2017 - 12:00 a.m. domingo 12 de noviembre de 2017

Independencias y maltrato

Y en nuestro estúpido concepto de patriotismo y nacionalismo, de amor a la patria y de patrioterismo barato.

Mónica Miguel Franco
monicamiguelfranco@hotmail.com

A veces, mi cerebro, que no siempre sigue las rutas de pensamiento que hoy en día se suponen coherentes, hace ciertas asociaciones. Y yo soy dada a, y ducha en, elaborar mis disquisiciones mentales durante horas, en el tranque, por ejemplo, o en las filas para pagar en el supermercado, mientras la señora que va delante de mí le exige al muchacho que le empaque cada cosa en un cartucho pequeño, que luego mete en otro cartucho grande que después refuerza con otro cartucho; y los huevos aparte, por favor. Y el champú y el detergente no pueden ir juntos en el mismo cartucho que los yogures. Y yo, pienso en la gargantilla que lleva la doña al cuello, una silueta del istmo troquelada, en dorado, muy cuqui, con un corazoncito vaciado en el centro. Y pienso en cada una de esas bolsas de plástico, y voy sumando, y pienso en el montón de plástico que se va a botar al tinaco en cuanto la mujer elegante y emperfumada llegue a su casa. Y pienso en las tortugas que se comerán cada una de esas bolsas y que morirán por empacho plástico, y en los peces que se las tragarán creyendo que son algas. Y en nuestro estúpido concepto de patriotismo y nacionalismo, de amor a la patria y de patrioterismo barato.

Salgo del supermercado con mis bolsas de tela, con todo mezclado con todo, y los huevos encima del pan y los cereales. Y a los guineos pégueles el precio en la piel, no me dé cartucho. Yo, que al parecer no amo, veo en el estacionamiento, uno, dos, cinco, veinte carros con banderitas tricolores y estrelladas. Bandera de plástico, asta de plástico, ventosa plástica. Bien patrióticas. Banderas cuya vida útil, en la mayoría de los casos, no llega al mes. Banderas que se caen, las tiran, se vuelan, se rompen. Banderas que ya podemos ver en las cunetas, en las alcantarillas. Banderas de usar y tirar que contribuyen a empeorar el problema de contaminación y basura que tenemos en este país. Banderas que enarbolan aquellos que dicen amar a Panamá sobre todas las cosas. Loor a la patria libre.

Voy manejando y paso por delante de escuelas y de edificios públicos y veo más banderas, banderas sembradas, colgadas, puro amor a la patria expuesto, discutido; una bandera mal puesta es motivo de picota e insulto, porque si no la cuelgas bien no la amas bien.

Y justo debajo de metros y metros de amor incondicional y tricolor, un tipo se bebe la chicha y tira el vaso de foam al arcén, y se monta en una moto que tiene dos banderas flameando en el frente. Y es policía. Y ha jurado amar y proteger y defender a esta patria. El vaso de foam es empujado lentamente por la brisa, mientras yo lo miro, y el semáforo aún no cambia a verde, rueda inexorablemente hacia la boca de una alcantarilla, sin tapa, claro está, para que sea más fácil que todos se… ¡glup! Ya. La obscuridad de la alcantarilla se lo tragó. Allí estará ahora, haciendo compañía a otros cientos, que acompañarán a otros miles, cientos de miles de cartuchos plásticos, banderitas patrioteras, envases de comida y bebida.

Pienso todo esto, mientras empieza a llover y el agua limpia la mierda superficial y anega aquello que arrojamos, basura, orines, la refri vieja, el sofá, que viene diciembre y hay que cambiar la sala. Los restos de pintura, que hay que poner todo bien bonito para las fiestas. Porque el amor tiene que verse y el maltrato se maquilla con pintura fresca.

COLUMNISTA

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