Cultura 14/05/2017 - 12:00 a.m. domingo 14 de mayo de 2017

Homicidas y/o asesinos

Lo peor es que todos sabemos que esto está pasando pero no hay nadie que ponga el dedo en la llaga 

Mónica Miguel Franco
monicamiguelfranco@hotmail.com

Vamos a empezar el aullido de hoy con un par de definiciones para que todos estemos claros de lo que nos traemos entre manos: un homicidio es un delito consistente en matar a alguien sin que concurran las circunstancias de alevosía, precio o ensañamiento. Asesino es aquel que comete un asesinato, que es matar a alguien con alevosía, ensañamiento o por dinero.

Ahora que sabemos de lo que estamos hablando podemos seguir: los conductores de mulas, camiones, busitos de ruta, diablos rojos o cualesquiera otros vehículos grandes que conduzcan a más de 80 kilómetros por hora son unos homicidas en potencia, si es que no saben que están jugando con la vida de los demás. Y si son conscientes y aún así siguen dejando caer la zapatilla sobre el acelerador, son unos asesinos en ciernes.

Todos los conductores en este país lo sabemos, los hemos visto, autobuses volando por la carretera, bamboleándose en equilibrio inestable cuando agarran las curvas. Y de la mulas mejor no hablar, los que viven en el oeste sufren día tras días vuelcos, derrapes y descarrilamientos de esos monstruos que se desplazan a velocidades muy superiores a la recomendada, adelantando a los carros, haciendo regatas entre ellas. ¿He de hablar de los diablos rojos? Esos que ya creíamos que nos habíamos quitado de encima, a los que pagamos un dineral por desaparecer y que han vuelto por sus fueros como si no hubiera pasado nada.

Creo que no necesitamos definir la palabra ‘cómplice', ¿verdad?, pues eso es lo que son las autoridades. Cómplices de asesinato y homicidio en grado de tentativa. Porque las vidas de todos aquellos que van circulando dentro o alrededor de esas máquinas están en peligro de muerte. Un conductor ebrio es un peligro y debe caer sobre él todo el peso que la ley especifique. ¿Y el conductor de una mula cargada circulando a 110 kilómetros por hora? ¿El que maneja un autobús que te rebasa cuando tú vas en tu turismo por la autopista al límite de velocidad permitido? ¿A cuántos camiones o autobuses han visto que los policías de carretera detengan? Y entonces la pregunta es ¿Cómo hacen para que no los pillen cuando exceden la velocidad? ¿Pagan coima directamente y por adelantado? ¡Y los demás sin saberlo!

Lo peor es que todos sabemos que esto está pasando pero no hay nadie que ponga el dedo en la llaga y sea capaz de hacer algo al respecto. ¿Tanto miedo les tienen a los transportistas? ¿Tan jugoso es aquello con lo que les cierran la boca a los responsables de hacer algo?

Cada semana vemos casos de vuelcos, choques, accidentes con heridos, y estas noticias son tan comunes que no les damos importancia. Luego, un día, pasa una desgracia, hay decenas de muertos. Heridos graves con la vida destrozada. Familias deshechas. Y todo por culpa de un tiparraco trepado en una máquina enorme, con prisa para llegar adonde sea, sin ninguna autoridad que le ponga coto a sus desmanes. Sin conciencia. Sin respeto por la vida humana.

Quizás es que, al igual que un caradura afirmó no haber visto nunca huecos en las calles, los otros son ciegos a cualquier vehículo de más de cinco pasajeros.

Pero eso sí, cuando la desgracia pase todos lloraremos y nos tiraremos de los pelos y pintaremos corazoncitos azules en el asfalto, y alguien hará un documental y lucrará con la historia. Mientras tanto nadie tiene los redaños de coger al toro por los cuernos y poner un control real. Es más fácil mirar hacia otro lado y disfrutar de las prebendas del cargo.

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