Cultura 12/01/2018 - 12:00 a.m. viernes 12 de enero de 2018

De historietas, cómics, tebeos o mangas

El panorama del cómic en Panamá ha sido difícil. El mercado resulta escaso para que una buena oferta de estas publicaciones se mantenga. Sin embargo, hoy es más fácil adquirirlos

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Rolando Rodríguez De León
periodistas@laestrella.com.pa

Durante la preparación del módulo de Maestría ‘El lenguaje del cómic en proyectos de comunicación', fue posible hacer un repaso de su historia, los precursores, las edades doradas y de plata, los altibajos de la industria su influencia a nivel nacional y mundial. Pero se metamorfoseó en el recuento nostálgico a nivel personal, en especial en momentos en que ha surgido una generación de creadores de historietas en Panamá.

Mis primeros encuentros con el cómic fueron gracias a mi madre, que entonces enseñaba inglés y estudiaba francés, quien compraba historietas como Little dot, Casper, Richie Rich, Wendy the little witch o Hot Stuff, todos de la desaparecida Harvey Comics.

Ella leía los bocadillos y luego nos traducía al castellano a mi hermana y a mí, en su afán de despertarnos interés por los idiomas desde temprana edad. Mi padre también aportó, aunque a regañadientes, pero le era imposible ocultar sus revistas MAD, los tomos del Snoopy de Schultz y la abundante cantidad de libros de autores latinoamericanos y caribeños con los que conocimos a Mafalda, Boogie el aceitoso, Condorito y Los supermachos entre tantos otros.

El cómic Europeo llegó de la mano de una tía que vive en Francia, cuando visitaba traía tomos de Tintín, Asterix y Obelix o Lucky Luke. Por suerte una vez leídos, se podía seguir las tiras cómicas de los periódicos El Matutino y La Estrella de Panamá , que en la década de los setenta publicaban una página completa con historias de Fantomas, Mandrake el mago, Olafo el amargado, El Fantasma y muchos más.

Para mediados de los ochenta un profesor de la Universidad de Panamá que trabajaba en una publicitaria me regaló el libro The Smithsonian collection of newspaper comics , e hizo que me enamorase de la afamada Krazy Kat de Herriman; además,un compañero hizo que nos reencontráramos con el noveno arte, esta vez de la mano de los super héroes de Marvel y DC.

Al iniciar estudios de maestría en España se dio la oportunidad de conocer obras de temática compleja y autores europeos como Enki Bilal, Paco Roca y Moebius. Debo reconocer que el cambio radical fue el acceso al manga japonés, mediante las historias escritas de muchas series o películas como Akira, Astroboy o Alita, ángel de combate.

Este periplo comiquero me ha llevado por veintiocho tiendas de cómics en seis países diferentes y a especializarme formalmente en animación japonesa a nivel de doctorado, ya que como decimos coloquialmente, la distancia entre el cómic y la animación es un tiro de piedra.

El panorama del cómic en nuestro país ha sido un poco difícil. Los fanáticos dependíamos de Distribuidora Lewis, Gran Morrison o Farmacias Arrocha para saciar el hambre de historias, también era conveniente hacerse amigo de la encargada de la sección de libros, pues al llegar los cómics preferidos daba una llamada que evitaba corretear los títulos en diferentes almacenes.

Los cómics llegaban en inglés, no había más opciones. Siendo tiempos previos al internet, pedir por catálogo era cosa de meses, pero entre los lectores comenzó a surgir el gusanillo por buscar títulos diferentes de los que llegaban al país, uno de los ‘mordidos' fue Guillermo Robles, quien en el patio de su casa armó Panamá Cómics, lugar de peregrinaje para conseguir lo que no llegaba o lo que se nos había escapado de las manos. Después de eso vinieron Battlezone y Metrópolis Cómics, ambos en locales comerciales, que diversificaban la oferta entre juegos y otras formas de entretenimiento, desafortunadamente, el escaso mercado de compradores hizo que ambas cerraran. Este bajón también afectó a los grandes distribuidores, que poco a poco fueron subiendo los precios y disminuyendo la cantidad de revistas que traían, cuyas ventas eran reducidas por estar en inglés y poco a poco fueron desapareciendo.

Arriba, publicaciones panameñas .

izquierda, variedad de cómics disponibles en Panamá.

De los ochenta a la primera década del dos mil hubo producción nacional, pero fue ínfima, se pueden mencionar tres trabajos específicos: El primero fue ‘Pedro Prestán, bajo el furor de las tormentas' (1986), que trata la vida de dicho personaje, con Guión de Romulo Bethancourt y dibujos de Ologuagdi, hecho probablemente a plumilla y sin colores, con más de noventa páginas. Es una muestra de lo que se pudo lograr, mas su calidad no ha permitido que envejezca bien.

El siguiente, en 1990, con poco más de doce páginas fue ‘Just Caos, aventuras del perro Buaysito en la invasión' de Heriberto Valdés, que relata de forma satírica los sucesos en Panamá durante y después de la invasión gringa. El tercero fue ‘Satori' en 2011, de Guillermo ‘Memo' Mezza, con veinticuatro páginas y el único con formato decómic. El guión y dibujos son del autor, cuenta una historia psicológica y existencial cuyo estilo pasa de lo realista a lo fantástico mientras se desarrolla.

En 2006 o 2007 se inició la reintroducción esporádica de cómics en el país, impresos en México, traducidos al español, que, aunque más accesibles en precio, el cambio no sentó bien a los puristas quienes preferían la versión original, pero el idioma les abrió el mercado a un mayor público. Al cómic de EE.UU le esperaba un golpe al surgirle un nuevo competidor, el manga. En un principio Exedra Books traía tomos de España, pero los precios al cambio elevaban los costos. Para colmo de males, muchos se podían conseguir de forma pirata en diversos sitios, reduciendo aún más las ventas.

Otras librerías decidieron traer mangas hechos en México o Argentina, comprando bultos o series completas, lo que abarataba los costos, pero el público no recibía el beneficio completo, ya que si no compraba la serie completa se arriesgaba a quedarse sin uno o varios tomos.

Recientemente la facilidad de comprar en línea ha permitido que los fanáticos adquieran los cómics de forma más segura o incluso reservando los que están por salir. En Panamá existen personas especializadas en hacer pedidos y distribuirlos, no obstante, el último bastión apareció recientemente en Albrook mall. La librería El hombre de la mancha abrió una sucursal dedicada exclusivamente al cómic lo que es una corriente de aire fresco para los fanáticos de la vieja guardia y la nueva generación.

Rolando José Rodríguez De León es Doctor en Comunicación Audiovisual y Publicidad, por la Universidad Complutense de Madrid

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