Cultura 16/05/2018 - 12:00 a.m. miércoles 16 de mayo de 2018

Descendientes Caranqui buscan recuperar raíces

La pequeña choza guarda piezas arqueológicas de esta antigua etnia, en un intento por recuperar las raíces ancestrales

Fernando Colimba, Rosa Sandoval y la hija de ambos. / EFE
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Fernando Colimba, Rosa Sandoval y la hija de ambos.

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Descendientes de la etnia indígena Caranqui, de las más antiguas de Ecuador, buscan recuperar su cultura e identidad a través de una pequeña choza-museo que alberga utensilios y artesanías encontradas en tumbas precolombinas por toda la provincia de Imbabura.

En la comunidad de Angochagua, uno de los asentamientos donde aparentemente residieron los Caranquis hace más de 500 años, la pequeña choza guarda piezas arqueológicas de esta antigua etnia, en un intento por recuperar las raíces ancestrales que les fueron arrebatadas por los incas y españoles en los siglos XV y XVI.

Revestida con paredes de adobe y techo de paja, ha recibido el nombre de museo Samay Huasi, voz quechua que en español significa ‘casa de descanso'. Alberga fotografías, telares, vestimentas típicas y otros artículos como vasijas, ollas, y lo que parecen ser piernas de muñecas de cerámica que fueron encontrados en el interior de ‘tolas' o montículos de tierra donde se enterraba a los caciques.

‘Todo lo que se exhibe aquí es exclusivamente una memoria de los abuelos de la comunidad', dijo el fundador del museo, Fernando Colimba, descendiente de una etnia que en la actualidad reclama aglutinar a más de 6,360 miembros repartidos por la provincia de Imbabura, al norte de Quito.

En las visitas guiadas por el museo, los turistas escuchan relatos sobre antiguas costumbres de la comunidad: ‘La idea es explicar cómo nuestros antepasados trabajaban por ejemplo con la lana o utensilios con los que cocinaban', comenta Rosa Sandoval, esposa de Colimba.

Algunos de los utensilios fueron obtenidos mediante el trueque, otros comprados y el resto los recuperaron gracias a arqueólogos con los que han trabajado a lo largo de los años.

El museo tiene quince años de vida y empezó por iniciativa familiar de Colimba, un comunero de Angochagua que veía en los objetos de uso cotidiano verdaderas reliquias que preservar.

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