Cultura 17/07/2017 - 12:00 a.m. lunes 17 de julio de 2017

Cultura en tiempos de Assilem

Es probable que, al igual que Nilka Denis, Assilem regrese a su vida normal en menos de lo que pensamos, pero mientras tanto

Claudia Cordero
periodistas@laestrella.com.pa

En 1968, Andy Warhol predijo que en el futuro todo el mundo tendría sus 15 minutos de fama. El pasado 6 de julio, una chica del barrio 24 de Diciembre anunció su fiesta de cumpleaños con un video en las redes sociales, y hasta la fecha, DJ's han hecho remezclas musicales con su voz, artistas visuales han pintado su retrato y barberos han esculpido su rostro en el cabello de fans. Una fiesta con mucha ‘bomba y plena' no es nada fuera de lo común en Panamá, pero sí lo es que marcas de cerveza, cantantes, supermercados, noticieros, shows televisivos, talleres mecánicos y hasta una diputada hayan contactado a la anfitriona para apoyar el evento o hacer publicidad con ella. Mientras para algunos ha sido gracioso, otros se preguntan con molestia por qué se ha prestado tanta atención a algo tan superficial en un país con tantos problemas, y aunque los críticos tienen algo de razón, sí vale la pena dedicarle tiempo como un fenómeno social que nos habla de nuestra realidad. Es cierto que se vuelve molesto y trillado, pero ignorar los sucesos no hará que desaparezca su impacto.

Si intentamos responder por qué se hizo viral este video, lo más obvio sería decir que en cualquier país la gente necesita relajarse con algo gracioso, o que se debe a que es una mujer auténtica que habla de «bomba y plena», «gorreros» y «pollas» con una naturalidad y espontaneidad encantadoras. Cualquiera que sea el motivo, el video de Assilem pertenece a lo que Guy Debord denomina «sociedad del espectáculo», a la que define como la forma en que se relacionan las personas por medio de las imágenes en lugar de la experiencia. Es un reflejo del modelo económico reinante, en el que se desdibujan los límites de la realidad y todo es susceptible de convertirse en entretenimiento y mercancía. Por otro lado, a riesgo de sonar conservadores, añadiríamos el debilitamiento de elementos socializantes como la comunidad, la escuela y la familia (en cualquiera de sus variados tipos), lo que da como resultado una identidad colectiva fragmentada y maleable.

Por supuesto, el humor tiene una función social y está sujeto a las particularidades de cada contexto, pero el nuestro es uno culturalmente empobrecido. También hay que tomar en cuenta que desde los años noventa, las mujeres de los barrios populares han sido convertidas en una caricatura, lo que tal vez hiciera al video aún más atractivo. Las «racatacas», como se les llama despectivamente (y como muchos han catalogado a Assilem), son extrovertidas, insumisas y frontales, pero son objeto de burla y sátira por sus gestos, estilo de vestir y expresiones poco refinados para los estándares de la mujer modelo, que por supuesto, ello corresponde a su origen socioeconómico. Recordemos a Nilka Denis con su ‘Calderón, ayúdame', o a la propia One Two, aunque sea una parodia. Muchas mujeres de los barrios, al igual que los hombres gays, desafían las convenciones sociales y personifican realidades incómodas que la gente prefiere reducir a chistes.

Por exagerado que pueda sonar, las personas como Assilem son el producto de procesos históricos y de los propios problemas sociales que moldean su identidad y luego las convierten en entretenimiento. Aunque podría pensarse que ha sido una casualidad afortunada para una persona de origen humilde y que reside en uno de los barrios más peligrosos y pauperizados de Panamá, su accidentada popularidad alimenta la esperanza de quienes sueñan con volverse famosos de la nada, o con que un golpe de suerte cambie sus vidas. Es probable que, al igual que Nilka Denis, Assilem regrese a su vida normal en menos de lo que pensamos, pero mientras tanto, el público espera a su próxima estrella de 15 minutos.

COLUMNISTA

comments powered by Disqus