Cultura 13/05/2018 - 12:02 a.m. domingo 13 de mayo de 2018

El cuento transnacional en Panamá: Eric Walrond

La consciencia de la fluidez, que es la consciencia de la modernidad, es lo que hace de Walrond un autor contemporáneo su escritura se niega a estar encerrada en los simples frascos de las identidades cerradas

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Foto: Fotógrafo - La Estrella

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Luis Pulido Ritter
luispulidoritter@gmx.net

No hay literatura sin movimiento. Ella no se ahoga en las fronteras lingüísticas y nacionales. Algunos textos, los llamados clásicos, son apresados en los discursos nacionales, no obstante, Goethe, ya había reconocido que existe algo que se llama literatura universal, literatura hecha para todos los seres humanos de una época, de una generación, de una sensibilidad determinada.

Es tiempo, es necesario, ir más allá de las consagraciones nacionales a través de la literatura. Y, en este sentido, Eric Walrond (1885-1944) es quizás un pionero, no solo por su literatura, que transcurre entre Panamá, el Caribe y por los Estados Unidos, sino por su propia vida de haber nacido en la Guyana Británica, crecido en Bárbados y Panamá, y muerto en Londres. Fue redactor en el Star Herald de Panamá y salió para New York con dieciocho años para vincularse con uno de los movimientos literarios, artísticos y culturales del siglo XX, el Harlem Renaissance, que consistió en la revaloración del negro en la letras y las artes.

Dentro de este movimiento, Walrond escribió su único y emblemático libro de cuentos en 1926, Tropic Death (‘Muerte Tropical'), que reune diez cuentos, cuya mitad de ellos transcurren en Panamá. También escribió otros cuentos que transcurren en Panamá, como ‘Godless City' (1924), en el cual describe uno de los fuegos que destruyó a la ciudad de Colón en el primer cuarto del siglo XX.

ERIC WALROND

Nacido en la Guyana Británica, crecido en Bárbados y Panamá, y muerto en Londres. Fue redactor en el ‘Star Herald' de Panamá y salió para New York con dieciocho años. Allí se vinculó con uno de los movimientos literarios, artísticos y culturales del siglo XX, el Harlem Renaissance, que consistió en la revaloración del negro en la letras y las artes.

No es que debamos considerar ahora a Walrond solo por el hecho de haber escrito algunos de sus cuentos más significativos en Panamá. Sería muy poco. Debemos considerarlo porque es un excelente narrador, con un dominio de la prosa literaria, cuya construcción revela un conocimiento lingüístico del creole inglés antillano, y con una clara consciencia del vivir histórico del mundo y de la región. No es un escritor que llega a la literatura, porque crea que el mundo sin él no pueda vivir, sino porque su estar en el mundo, su experiencia de vida, lo lleva a escribir lo que muy pocos hacían: contar el dolor desde la lucidez. Tanto lo es que sabe que la única manera de hacer verdadera literatura, mismo cuando se trata de construir al negro, no es realizando imposturas literarias de presentar al negro bajo un prisma positivo.

Debemos saber que el negro, como todos los seres humanos, está lleno de contradicciones, paradojas, éxitos y recaídas. Es lo humano de todos nosotros. Y es precisamente su humanidad, con sus sueños y pesadillas, es lo que lo hace ser parte de nosotros.

No es solo ver al negro cimarrón o al héroe como vamos a reivindicarlo ante nosotros y el mundo. En su narrativa no hay héroes, sino seres humanos, tan humanos como Miss Buckner que regentaba una casa de citas en Colón, cuyas siete hijas trabajaban allí. Ella, como muchos latinos, tenía además la esperanza de que sus hijas pudieran mejorar la raza que es un verdadero complejo colonial que no tiene fronteras lingüísticas o culturales en nuestro hemisferio.

Por lo tanto, para Walrond no hay postura ideológica que justifique hacer del negro un super-ego sin fisuras. Esta consciencia literaria, es decir, lo que hace a la literatura, literatura y, en este caso particular, la cuentística de Walrond, es lo que hace que sus cuentos sean coherentes, creíbles en sí mismos, porque, además, no se regodea ni falsifica su prosa. Él no pretende demostrarnos qué tan bien escribe. Tampoco es un escritor que quiere mostrarnos qué tan sufrido fue el negro al ser un esclavo o un trabajador explotado y, precisamente por esta actitud, todos y cada uno de los cuentos nos hablan con entera profundidad del dolor humano expresado en los que son conocidos como negros.

Él mostró la opresión, la explotación y la exclusión. También la rebeldía, el odio, el rechazo. Y tampoco dejó de mostrar la paradójica situación del negro con ‘éxito', como el Panama Man, que al regresar a su isla, pierde su tienda y vida en un fuego sin lograr conquistar a una nativa.

Me parece que en Panamá hay una tradición cuentística que hay que explotar. Y es el cuento transnacional que, como Walrond, transcurre entre países, regiones y ciudades. Pero esta manera de estar en el mundo, no es tampoco una construcción ideológica de este trotamundos, sino que es la experiencia vivida y sentida desde la niñez de un mundo que se construye en movimiento como cuando leemos en el cuento ‘Tropic Death', lo siguiente: ‘The little boy was overwhelmed at being sudddenly projected into a world of such fluid activity ' [El pequeño niño se sintió abrumado al estar repentinamente proyectado en un mundo con tal actividad fluida].

Esta consciencia de la fluidez del mundo, esta manera de estar, es lo más profundo de una vida de un escritor que elabora su literatura en esta fluidez de vivencias, reflexiones y transformaciones. Este era también su exilio, porque, precisamente el movimiento de sus experiencias, la honestidad y la lucidez de su crítica, le revelaba que era de muchos lugares y de ninguno, o, mejor dicho, tenía un abanico de relaciones, donde Panamá, su experiencia panameña, lo hacía sentir también vinculado y tener afecto por el país.

Esta consciencia de la fluidez, que es la consciencia de la modernidad, es lo que hace de Walrond un autor contemporáneo, pues su escritura se niega a estar encerrada en los simples frascos de las identidades cerradas ya sean literarias, nacionales o culturales. Ojala su cuentos puedan ser traducidos al español algún día. Ojalá.

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