Cultura 25/09/2017 - 12:00 a.m. lunes 25 de septiembre de 2017

Cómicas, nostalgia y adultez

Los personajes de ficción son alegorías de las ideas, miedos y ansiedades de una época, y los animados no pasan desapercibidos

Claudia Cordero
periodistas@laestrella.com.pa

En junio de este año, RPC anunció por medio de sus redes sociales que la Tanda Manga estaba de vuelta. Quienes tengan alrededor de 25 y 45 años, sabrán que se trata de la franja de anime japonés que pasaba Telemetro cada tarde entre semana a partir de las 3 en los años 90, con ‘Dragon Ball', ‘Ranma ½', ‘Caballeros del Zodiaco', ‘Sailor Moon' o ‘Samurai X'. Con su regreso, esta vez a las 9:30 de la noche, parece que Medcom ha entendido que en los últimos años no sólo se ha robustecido el mercado de la nostalgia, sino que además los dibujos animados se han instalado firmemente en el consumo cultural del público adulto joven.

La explicación más fácil sería la típica sentencia cascarrabias de que las nuevas generaciones están perdidas, que no quieren madurar y ven dibujos animados para no hacerse cargo de la realidad, pero aunque no deja de ser cierto que se han redefinido los patrones de adultez con respecto a otras generaciones, ver dibujos animados no es necesariamente un signo de inmadurez. Ya en los años 20, Disney realizó algunos cortometrajes con contenido sugerente, los 30 ven nacer a ‘Betty Boop' y en los 40, ‘El pájaro loco' se enfrenta a la censura. Entre aquellas décadas y los 80, aparecen otros dibujos animados dirigidos a un público intergeneracional, como ‘Los Picapiedra' o ‘Los Supersónicos', pero es a partir de 1987, con el nacimiento de ‘Los Simpson', cuando verdaderamente se abre camino para la animación como vehículo para la exploración de temáticas complejas y de interés adulto, sin dejar de atraer a niños y jóvenes.

Si ‘Los Simpson' ha parodiado la institución de la familia y prácticamente todos los conflictos ideológicos que existen (comunismo y capitalismo; islam y cristianismo, entre muchos otros), también ha habido espacio para el existencialismo retorcido de ‘Ren y Stimpy', el pesimismo misantrópico de ‘Daria', la vulgaridad crítica de ‘South Park', la fantasía paranormal de ‘Coraje' y la incorrección política de ‘Padre de familia'. Más recientemente, ‘Hora de Aventura', ‘Bob's Burgers', ‘Rick & Morty' y ‘BoJack Horseman' han cautivado a jóvenes y adultos hasta alrededor de los 45, con temáticas tan variadas como provocadoras.

También el cine de Hayao Miyazaki, altamente valorado por una audiencia con una cultura general amplia, expone realidades problemáticas desde la fantasía, pero con un discurso de matices feministas, ecologistas y antibélicos, mientras ‘Las aventuras de Tin Tin' aborda la realidad geopolítica en la Europa posterior a la Segunda Guerra Mundial, con un protagonista cuya relevancia cultural en algunos países europeos es comparable a la de Superman en Estados Unidos.

Los personajes de ficción son alegorías de las ideas, miedos y ansiedades de una época, y los animados no pasan desapercibidos. En la cultura popular panameña, aquella que se cuece en los barrios marginalizados, es común ver a Gokú, los Looney Tunes o a He-Man en los «diablos rojos» que aún circulan; a Piolín, a Garfield o a Winnie the Pooh en los bolsos de las mujeres e incluso en algunos tatuajes, o a Gollum pintado en la fachada de una barbería popular, todo ello como parte de la apropiación simbólica de los personajes en su función expresiva e identitaria. Del mismo modo, en las capas medias crecen el cosplay , el coleccionismo y las subculturas que derivan del cruce entre la industria de la animación y la cultura de consumo (si cabe separarlas).

A día de hoy se ha disuelto casi por completo el estigma de la animación como un género exclusivo para el público infantil, pero los dibujos animados para adultos, al igual que cualquier expresión cultural, no son neutrales ni inofensivos: están impregnados de ideologías; es decir, de ideas, principios o concepciones del mundo. En las últimas 2 décadas ha crecido el interés de las ciencias sociales y los estudios culturales por las llamadas «cómicas», porque al igual que el resto de los contenidos mediáticos, los dibujos animados intervienen en la socialización y en la construcción de la subjetividad, a la vez que para algunos es una forma de resistencia pasiva a las exigencias de la adultez. Si ‘Capitán Planeta' logró sensibilizar a los niños de los 90 sobre el cuidado del medio ambiente, ¿pueden las cómicas crear una sensibilidad movilizadora sobre los grandes problemas de nuestro tiempo?

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