Cultura 12/01/2018 - 12:00 a.m. viernes 12 de enero de 2018

Bufones, druidas y esclavos

En esta vida, cada uno elige el palo del cual ahorcarse, unos deciden ser honrados y discretos

Mónica Miguel Franco
monicamiguelfranco@hotmail.com

¿Sabían ustedes que, al lado de los generales que entraban en victoria en Roma iba siempre un rapaz, un esclavo, cuyo único cometido era repetir al oído del tipo cubierto de gloria: ‘Recuerda que eres mortal'? Por si acaso la glorificación y el endiosamiento se le subían a la cabeza y se lo iba a creer. Que lo de caer fortuitamente sobre el gladio andaba a la orden del día en aquella época en cuanto sacabas un poco los pies del tiesto.

En su Bibliotheca historicae, Diodoro Sículo nos cuenta que los druidas no participaban en las batallas, sino que se reunían, los de un bando junto con los del otro, encima de un altozano y contemplaban cómo se desarrollaba la contienda, ahora bien, si en un momento dado decidían que la cosa no llegaba a los adecuados niveles de honor, valor o calidad, podían detenerla y, (esto es suposición mía, pero bien trovada), puteaban a los suyos en plan: ‘¡Pero qué vergüenza, Panderetorix, que poco ímpetu he visto en tu mandoble!', o bien, ‘Alvinex, en cuanto lleguemos al castro le voy a decir a tu mujer que reculaste delante de aquel barbudo de allá, te vas a pasar tres meses durmiendo en las cuadras'.

¿Han oído ustedes hablar de los bufones? Esos tipos que las películas nos presentan vestidos de colorines, saltimbanqueando sobre las mesas en los banquetes y cantándoles sus verdades a los monarcas absolutos. Eran los únicos que solían tener la licencia para decirles las verdad a los tiranos y salir, casi siempre, ilesos (aunque registros hay de más de uno que cayó en desgracia con consecuencias más o menos tétricas).

¿A qué viene este rollo histórico?, se estarán preguntando ustedes, pues viene a que esta semana he recibido un correo preguntándome acerca de los pasos a seguir para inscribirse y colaborar con un partido político, en el que supuestamente yo milito. Já. Además, me hicieron otro comentario instándome a presentarme a un puesto de elección para dejar de criticar y empezar a hacer.

Pues miren ustedes, yo prefiero cualquiera de los papeles que detallé arriba, prefiero ser la druidesa, el bufón o la esclava. ‘Memento mori'. ‘Eres un cagón'. ‘Estás gordo, tu pueblo te odia y tu mujer te la está pegando con tu valido'.

Vamos, que a mí, lo que de verdad me gusta es ser la mosca cojonera. El pepito grillo que no te deja dormir en paz. La loba que te va a pegar la dentellada en el culo cuando metas la patita.

En esta vida, cada uno elige el palo del cual ahorcarse, unos deciden ser honrados y discretos, otros eligen ser políticos, y yo he decidido cantarle las cuarenta a todo zurriburri que se lo merezca, aunque el Excelentísimo Señor Presidente sugiera que los periodistas deberíamos dedicarnos a ser sus relacionistas públicos.

¿O sea, si un político hace las cosas bien hay que aplaudirlo? Ejem, no señores, están ustedes equivocados, a esa gente les pagamos, (y muy generosamente), para que hagan las cosas bien. ¡Ese es su trabajo, joder!

Cuando pensamos que deberíamos resaltar las cosas correctas que hace un gobierno o el otro, ¿no se dan cuenta de que los estamos aplaudiendo como si fueran héroes por algo que es su puñetera obligación? ¡Cómo estaremos de mal que creemos que es una heroicidad que un ministro o un presidente ejecute obras!

Por eso, y mientras las cosas estén como están, la menda seguirá repartiendo mordiscos.

Ahora bien, estamos en un país libre (o eso dicen) si tanto les molestan mis aullidos… ¿se puede saber qué coño hacen leyéndome?

COLUMNISTA

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