Cultura 18/09/2016 - 12:00 a.m. domingo 18 de septiembre de 2016

Arquitectura bellavistina, patrimonio desamparado

Los intentos por salvaguardar este estilo arquitectónico, valioso testigo del pasado istmeño, han sucumbido ante los intereses comerciales

Las pocas estructuras de estilo bellavistino que quedan en pie, se encuentran rodeadas de rascacielos. / Leila Nilipour | La Estrella de Panamá
Leila Nilipour | La Estrella de Panamá

Las pocas estructuras de estilo bellavistino que quedan en pie, se encuentran rodeadas de rascacielos.

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Leila Nilipour
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Dos frondosos árboles de ficus le ofrecen su sombra a la amplia acera que bordea al edificio Hispania en Bella Vista.

El susurro de la brisa sobre las hojas coincide en el aire con los trinos alegres que sueltan los pájaros en aquel refugio bellavistino.

El octogenario edificio de apartamentos color rosa vieja, junto al Sousa, su vecino mostaza, es uno de los pocos testigos de un Panamá histórico que se ha ido extinguiendo en la zona, demolición tras demolición.

A un costado del Hispania, sobre la calle 44, se anuncia casi imperceptible el Museo Biblioteca Archivo Ricardo J. Alfaro, en memoria de su dueño original. Del otro lado de la vía, intenta tocar las nubes un moderno edificio, cuya arquitectura podría encontrarse en cualquier otra parte del mundo.

HISTORIA

El inicio del deterioro de la ciudad

El planificador urbano Álvaro Uribe revela que fue a finales de los años sesenta y mediados de los setenta que se dieron las hechos que llevarían a lo que es una mal planificada y congestionada ciudad de Panamá actual.

Esto empezó cuando se permitieron los cambios de zonificación a nivel de lote. ‘El dueño podía ir al Ministerio de Vivienda y decir que quería construir un edificio en el lote donde tenía su casa. Eso fue desvirtuando la idea de conjunto, la ciudad se fue convirtiendo en una serie de inversiones individuales', denota. ‘Era una visión desde la industria de la construcción o del aprovechamiento inmobiliario del espacio, no desde la planificación'.

Siendo la Plaza Cinco de Mayo el centro de la ciudad en esa época, la idea fue densificar las áreas circundantes, aprovechando las nuevas tecnologías de construcción en las alturas, pero sin tomar en cuenta las capacidades del entorno en áreas diseñadas originalmente como zonas residenciales de baja densidad.

En otras palabras, no se contempló la necesidad de ampliar las vías de tránsito para evitar congestión, o los drenajes, para prevenir inundaciones, entre otras cosas.

Punta Paitilla, dice Uribe, se empezó a urbanizar a finales de los años sesenta y se convirtió en la pauta de lo que se podía hacer en la ciudad en adelante. ‘Aparecieron edificios de 15 a 20 pisos. Bella Vista, que estaba cerca, empezó a tomar parte de este movimiento', indica.

Además, después del golpe militar se congelaron los alquileres, con el objetivo de acabar con el modelo de renta de casas de inquilinato, admite el urbanista.

Esto resultó en que se empezaran a vender los apartamentos, en lugar de alquilarse. Sin embargo, estos se empezaron a desarrollar sobre dos espectros extremos: o muy finos y caros o de vivienda popular.

‘Al mismo tiempo se creó el centro financiero y la banca hipotecaria. Todo el mundo tuvo acceso al crédito para comprar una casa y todo el mundo la compró', anota Uribe, refiriéndose a la clase media. Y dado que estas casas quedaban alejadas del centro, el acceso al crédito también resultó en la compra de carros para desplazarse hacia él.

‘Ahora todos esos carros vienen diariamente al centro, que sigue siendo el mismo de los años sesenta, con el agravante de que ahora le pusimos edificios de apartamentos y se ha hecho aún más congestionado'.

De aquel lado de la acera no hallamos resguardo contra el sol de mediodía, ni colores vistosos, ni museos. Pero aparece un salón de belleza, se percibe el smog del ambiente y las aves son silenciadas por los ruidos de múltiples construcciones y las bocinas del constante tranque que rodea al histórico barrio.

Su realidad actual contrasta con sus orígenes en 1911, cuando las familias adineradas de San Felipe llegaron en busca de ‘un lugar más saludable y seguro', según asegura la geógrafa Johana Heredia, quien junto a su compañero de maestría Félix Rodríguez, presentó los resultados de una investigación conjunta durante el Congreso de Antropología e Historia de Panamá. Esta se tituló ‘El estilo bellavistino panameño, arquitectura en peligro de extinción: Hacia su patrimonialización'.

UN ACIERTO ARQUITECTÓNICO

El estilo bellavistino, como se conoce a la arquitectura neocolonial que surge en el istmo durante la primera mitad del siglo XX, refleja el destino de Panamá como país de tránsito. Quienes diseñaron la mayoría de las residencias en aquellos años eran en su mayoría arquitectos extranjeros, pues Panamá aún no contaba con una carrera de arquitectura establecida.

Entre ellos destacan el peruano Leonardo Villanueva Meyer o el norteamericano James Wright y su socio el húngaro Gustavo Schay, a quienes se les atribuye el diseño de los aún sobrevivientes Sousa e Hispania (1935), Riviera (1935) o la antigua residencia Toledano (1937).

Este mestizaje de influencias fue el que le otorgó al estilo bellavistino su singularidad o, como lo describiría el arquitecto panameño Samuel Gutiérrez, un estilo único en América Latina y un acierto a la arquitectura nacional.

El estilo se empleó principalmente en viviendas unifamiliares, sus plantas eran en forma rectangular o de L, contaban con patios exteriores e interiores, disponían de rejados de hierro, techos de teja, puertas y ventanas en formas de arco y balcones. También utilizaban la piedra como elemento decorativo para las fachadas.

Aunque no tan antigua como la de San Felipe, que goza de protección por su calidad de distrito histórico, la arquitectura bellavistina estuvo conectada con otra fase de la historia panameña y nos ofrece una ventana a un pasado más reciente.

Para el planificador urbano Álvaro Uribe se trata de un fragmento importante de la memoria de la ciudad y su calidad original.

En esto lo secunda el arquitecto Darién Montañez, quien asegura que el valor del estilo bellavistino no solo radica en la individualidad y atención al detalle de cada estructura, sino también en la calidad de los materiales utilizados y la superioridad de su arquitectura.

‘Se siente nostalgia por el deterioro de la calidad de la ciudad de Panamá. Que cosas muy bien pensadas se reemplacen por otras de muy poco valor', sostiene, sobre la progresiva destrucción de estas obras para sustituirlas por torres ordinarias en el mejor de los casos y lotes de estacionamiento en el peor de ellos.

RESCATES FRUSTRADOS

En el 2004, el entonces director general del Instituto Nacional de Cultura, Reinier Rodríguez, firmó una resolución por la cual se declaraba un área del corregimiento de Bella Vista como ‘Zona de Interés Cultural'.

Esta resolvía: ‘solicitar a las autoridades locales, regionales y nacionales al igual que a todos aquellos interesados en realizar intervenciones arquitectónicas y paisajísticas dentro de la Zona de Interés Cultural de Bella Vista, que se asesoren con la Dirección Nacional de Patrimonio Histórico del Instituto Nacional de Cultura'.

Sin embargo, esta carecía de peso legal. En 2007 se llevó a cabo otro intento por preservar esta zona, a través de un proyecto de ley que se presentó ante la Asamblea Nacional. El mismo era prohijado por el entonces diputado del PRD Denis Arce y gozaba del apoyo de Jose I. Blandón, también diputado en aquella época.

Se titulaba ‘Por la cual varios sectores de los Corregimientos de Calidonia y Bella Vista de la Ciudad de Panamá conformarán el Conjunto Monumental Histórico de ‘Calidonia y Bella Vista', se declaran varios Monumentos Nacionales y se dictan otras disposiciones'.

Este planteaba que ‘la actual especulación y desarrollo inmobiliario están afectando dramáticamente este entorno cultural de la ciudad, destruyendo poco a poco nuestro patrimonio histórico arquitectónico. La construcción de grandes torres de apartamentos dentro de estos barrios demerita sus calidades urbanísticas y arquitectónicas, rompiendo con los esquemas inicialmente planificados de barrios residenciales de muy baja densidad. Debemos preservar nuestro legado arquitectónico y la calidad de vida que siempre existió en estos sectores de nuestra Ciudad. La destrucción de nuestro patrimonio no se puede justificar por ningún motivo. Debemos respetar y hacer respetar nuestro legado cultural, para disfrute nuestro y de nuestros descendientes'.

No obstante, dos artículos del documento causaron el descontento de varios desarrolladores de proyectos inmobiliarios: la prohibición de construir edificios muy altos o de demoler edificaciones de más de medio siglo.

‘Queda prohibida la demolición de toda edificación ubicada dentro del Conjunto Monumental Histórico de Calidonia y Bella Vista de la Ciudad de Panamá sin previa autorización de la Dirección Nacional del Patrimonio Histórico. Las edificaciones de cincuenta (50) o más años de antigüedad se considerarán automáticamente como Inmuebles de Interés Cultural', establecía el artículo 7.

‘Queda prohibida la construcción de edificaciones nuevas dentro del Conjunto Monumental Histórico de Calidonia y Bella Vista de la Ciudad de Panamá sin la autorización previa de la Dirección Nacional del Patrimonio Histórico. La altura máxima de nuevas edificaciones podrá ser de Veintiocho (28) metros, contados desde el nivel de acera hasta la parte superior de la edificación, aplicando la zonificación vigente y sus correspondientes normas de desarrollo', decía el artículo 9.

Los intereses comerciales se encargaron de que el proyecto de ley no fuera considerado ni para primer debate. Ese mismo año, el grupo Documentación y Conservación de Monumentos Modernos (Docomomo), produjo un documento que detallaba el valor patrimonial y arquitectónico de 84 inmuebles de los barrios de La Exposición y Bella Vista.

‘Si no cuidamos el lugar en el que vivimos, mucho menos vamos a tener consideraciones sobre la cultura, porque la cultura no se come, es alimento espiritual',

ÁLVARO URIBE

PLANIFICADOR URBANO

‘Eduardo Tejeira estuvo muy envuelto en ese asunto, pero yo colaboré desde el punto de vista urbanístico', sostiene Uribe, quien considera que lo que se inició con buenas intenciones se tradujo en un ‘tiro por la culata'.

‘De una vez empezaron a tumbarlos', dice, refiriéndose a aquellos inmuebles valiosos. ‘Los propietarios vieron una fuente de lucro y no había ningún incentivo para mantener esas propiedades'. Temían que sus residencias se convirtieran en patrimonio histórico.

Jaime Salas, el ingeniero municipal de turno, que luego fuera investigado por enriquecimiento ilícito y blanqueo de capitales, fue quien dio los permisos de demolición, asevera el urbanista.

Esto condujo a la destrucción acelerada de inmuebles bellavistinos y la barriada se sumó a la tendencia capitalina de construirse de una manera muy individualista, sin tomar en cuenta su entorno o su capacidad para aguantar un repentino y considerable aumento poblacional.

‘Si no cuidamos el lugar en el que vivimos, mucho menos vamos a tener consideraciones sobre la cultura, porque la cultura no se come, es alimento espiritual', agrega Uribe. ‘Pero en una sociedad que solo está pensando en la panza, esto no tiene ningún valor'.

ARQUITECTURA AGONIZANTE

‘Yolanda Marco en el libro Panamá, Historia Republicana, dice que el estilo bellavistino se encuentra gravemente amenazado por el crecimiento urbano que se ha generado en esta ciudad y por la destrucción', sentencia Heredia. ‘Yo me atrevería a utilizar un término más fuerte, diría que es una arquitectura en peligro de extinción'.

La dinámica inmobiliaria de Bella Vista ha resultado en cada vez menos estructuras de estilo bellavistino, las pocas que quedan asfixiadas por los rascacielos que las circundan.

Recorriendo la barriada se aprecian vestigios de lo que fue residir allí, al transitar por las amplias aceras sombreadas. ‘Era bonito caminar a cualquier hora del día, porque era muy fresco y escuchabas los trinos de las aves', dice Félix Rodríguez. Esto contrasta con los comentarios usuales que recibe el resto de la ciudad por parte de los transeúntes: que es extenuante desplazarse a pie por causa del calor.

PROPUESTAS

Ofrecidas por especialistas y los investigadores

Hacer un inventario de los inmuebles que se conservan y tienen un valor histórico.

Crear incentivos para que valga la pena mantener los inmuebles bellavistinos.

Crear un acuerdo municipal basado en el polígono establecido en 2007 y desarrollar normas de protección con el apoyo de la Dirección Nacional de Patrimonio Histórico.

Concientizar a la población general sobre el valor que constituye Bella Vista como patrimonio de la nacion.

Desarrollar instrumentos de gestión urbana.

En otras áreas de Bella Vista se descubren láminas de zinc circundando proyectos de construcción, entrecruzados con los residuos de lo que fueran muros de piedra típicos del estilo. Otro histórico inmueble bellavistino reemplazado por la modernidad y el progreso.

‘Esta dinámica se ha convertido en el principal enemigo de un patrimonio histórico que está a punto de desaparecer de nuestras memorias', concluye la geógrafa.

Pero Uribe mantiene la esperanza. Él propone que se desarrollen normas para hagan económicamente factible la preservación de estos bienes históricos.

‘Si no se establece alguna forma de compensación, la gente va a ver eso como un menoscabo, aunque tampoco hemos educado a la comunidad para que aprenda a apreciar esas cosas. Es una sociedad que vive para la imagen y le interesa muy poco lo demás', subraya. Sin embargo, añade que con las nuevas generaciones está cambiando la situación.

‘Los más jóvenes son conscientes de que la colectividad es más importante que el individuo', esboza. ‘La sociedad humana ha pasado por momentos de ceguera y de lucidez, y creo que estamos en el umbral de un momento de lucidez importante'.

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