Cultura 30/11/2014 - 12:00 a.m. domingo 30 de noviembre de 2014

El advenimiento del hombre metrosexual

Los nuevos cánones de la moda masculina como síntoma de alienación y unidimensionalidad en el hombre contemporáneo

Por la creciente demanda masculina, muchas cadenas de cosméticos han elaborado una amplia oferta de productos de todo tipo. / Archivo | La Estrella de Panamá
Archivo | La Estrella de Panamá

Por la creciente demanda masculina, muchas cadenas de cosméticos han elaborado una amplia oferta de productos de todo tipo.

Alberto Valdés Tola
periodistas@laestrella.com.pa

Hoy por hoy, no es extraño observar por las populosas avenidas y centros comerciales a hombres que se arreglan de una manera particular, tomándose un especial cuidado en la presentación de su imagen. Se destacan por su vestimenta muy elegante y cuidada, por una cierta meticulosidad en cuanto al cuidado de su cuerpo y comportamiento en público.

Hay aspectos evidentes como ropa de marca y a la moda, corte de cabello al mejor estilo del momento, uñas esmaltadas, físico escultural y mirada seductora. Ellos reflejan, de manera manifiesta, esta nueva tendencia masculina.

La cual, lejos de destacar lo femenino que hay en el hombre, como algunos creen, no es más que cierto patrón sociocultural de moda muy difundido y socializado en la contemporaneidad.

El modelo proviene principalmente de actores de cine, deportistas famosos, modelos internacionales, personalidades y profesionales relacionados a los medios de comunicación de masas, entre otros ejemplos.

DIMENSIONANDO AL METROSEXUAL A TRAVÉS DE LA HISTORIA

Aunque es una tendencia de moda masculina de finales del siglo XX y principios del siglo XXI, ya en la antigua Grecia se puede apreciar el culto a la imagen juvenil y la búsqueda de la belleza corporal; lo que se evidencia, por medio de los derruidos monumentos antropomorfos que dan testimonio silencioso de este fenotipo ideal.

Otro ejemplo significativo son las esculturas y dibujos del renacimiento, que muestran figuras humanas casi perfectas (dimensionalmente hablando). Por otra parte, la sociedad cortesana del barroco y el clasicismo destacan por el uso de pelucas, polvos de cara, perfumería, bisutería, etc; así como por la elegancia de la ropa y el estilo de vestirla.

Históricamente, este modelo cortesano duró hasta la llegada de la burguesía al poder, la cual asumió estos extravagantes cánones de belleza en un periodo de oscuridad, hasta finales del siglo XX.

No es aventurado suponer que todos estos referentes socio-históricos, en cuanto al cuidado del cuerpo y el vestir, hayan tenido cierta influencia en la actual moda metrosexual. Si bien la moda, en términos del sociólogo Georg Simmel, no tiene específicamente que ser de una manera u otra, sí posee un componente sociológico de clase.

Así, la moda siempre responde a una necesidad de distinción de clase; los estratos socioeconómicos altos buscan diferenciarse de los bajos, y al tiempo que estos últimos alcanzan los cánones estilísticos de los primeros, se exige un nuevo cambio de moda. No obstante, los cánones actuales también responden a la racionalidad posmoderna de nuestro tiempo, que privilegia la ambivalencia identitaria.

CARACTERIZANDO EL UNIVERSO METROSEXUAL

Los metrosexuales se encuentran perfectamente enmarcadas en la sociedad de consumo de finales del siglo XX y principios del XXI, en la que los medios de comunicación masivos y la publicidad brindan los principales insumos en cuanto a apariencia y moda del momento. Esto implica que los gustos están orientados por patrones de socialización mediáticos (esbozados en revistas de moda, programas de televisión e internet).

Entre sus principales características de consumo, los metrosexuales suelen vestirse de ropa de marca; muchos de ellos usan cosméticos y, en algunos casos, asisten también a clínicas nutricionistas, de depilación y modificación corporal (cirugía estética); además, son asiduos a los gimnasios, boutiques y salones de belleza.

Debido a la creciente demanda masculina, muchas cadenas de cosméticos como Biotherm, Lab Series, La Mer, Nivea, L’Oréal, Clinique, Vichy y Lancome, ya elaboran una amplia oferta de productos de todo tipo, como cremas de afeitar, exfoliadores, líquidos para lavar la cara sin jabón, hidratantes y revitalizantes de piel, cremas antiarrugas, etc.

METROSEXUAL COMO CONCEPTO SOCIOLÓGICO

A finales del noventa, el escritor Mark Simpson acuñó el término metrosexual, para describir una tendencia particular en el vestir y en el cuidado corporal que estaba generalizándose entre hombres y mujeres de la alta sociedad. Sin embargo, en la actualidad, este término solo se le asigna al género masculino.

Ahora bien, se puede definir al metrosexual como un hombre citadino, ya que comúnmente vive en la metrópolis urbana; de clase media o alta; que gusta del buen vestir, los cosméticos y estilos de vida elegantes; y, tiene una casi narcisista obsesión y preocupación por su imagen corporal. Ideológicamente, el metrosexual representa la imagen del hombre posmoderno, su vanidad y su significación; es una suerte de ícono de la masculinidad ambivalente de nuestro tiempo, al igual que un símbolo de la unidimensionalidad de la sociedad y de la época.

El metrosexual no solo es el ejemplo más claro de explotación por parte de la industria cultural y el mercado capitalista avanzado que en su afán de establecer estereotipos de masculinidad cosmopolitas han cimentado las bases racionales de la sociedad de consumo, sino que refleja la decadencia intelectual y crítica de los hombres de nuestro mundo global que, voluntariamente, se convierten en autómatas del mercado y los medios de comunicación de masas.

HACIA UN NUEVO HOMBRE UNIDIMENSIONAL

En síntesis, el metrosexual supone la imagen de un hombre barroco, para el que la ornamentación corporal y vestimenta son imprescindibles, más allá de cualquier otra consideración humana.

Por ende, pintarse las uñas, sacarse las cejas, el caminado elegante, el arreglo del pelo, la ropa de marca, el ir al spa o a las cámaras de bronceados, etc., no solo representan patrones estilísticos de clase social, sino que, además, reflejan cómo las fuerzas sociales han moldeado el espíritu de muchos hombres, al punto de hacerlos artificiales, individualistas, hedonistas, narcisistas, consumistas y, sobre todo, alienados de su propia existencia humana. En fin, juguetes de la sociedad de consumo.

Acuñando el término propuesto por el filósofo y sociólogo alemán Herbert Marcuse para describir a cierto tipo de hombre acrítico y poco comprometido políticamente con su sociedad, se considera que el metrosexual representa, antropológica y sociológicamente hablando, al nuevo hombre unidimensional del siglo XXI; más superficial, alienado y controlado que el anterior.

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