Cultura 25/02/2015 - 12:00 a.m. miércoles 25 de febrero de 2015

A 90 años de la Revolución Guna

Con un desarrollo del turismo propio, resguardan sus creencias y prácticas ancestrales. El camino de lucha hacia la victoria propia

El pueblo guna hoy supera los 80 mil habitantes. Pese a los golpes que recibieron sus ancestros, hoy siguen creciendo.

El pueblo guna hoy supera los 80 mil habitantes. Pese a los golpes que recibieron sus ancestros, hoy siguen creciendo.

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Ana María Pinilla V.
periodistas@laestrella.com.pa

Tras la creación del Estado panameño en 1903, el pueblo Guna y sus líderes comenzaron a vivir momentos difíciles, según las autoridades de la nueva república todo lo originario era bárbaro. Así se dictaron las primeras políticas para evangelizar y ‘civilizar’ a los pueblos indígenas.

La consigna era terminar con la cultura de la región caribeña, obligaron a las mujeres a cambiar la mola tradicional a la indumentaria occidental, prohibieron ceremonias tradicionales a la fuerza. Represión recibió el pueblo Guna, pero a la vez comenzaba una nueva historia de liberación.

Ologindibibbilele (Simral Colman), el líder máximo, ya avanzado de edad encontró fuerza y soporte en los líderes como Nele Kantule de Usdub, Olonibiginya de Gardi Sugdub, Susu de Uggubseni, Nugelibbe de Dubbir, entre otros, quienes iniciaron estrategias para enfrentar la opresión de parte de los policías coloniales que iban avanzando a lo largo de la Comarca.

Según una charla dictada por autoridades y estudiosos del tema guna como: Jesús Smith Kantule, Maximiliano Ferrer y Aiban Wagua en la Universidad de Las Américas (UDELAS), ‘la situación se agravó el 12 de febrero de 1925, en la que se celebró un congreso kuna en Ailigandí, en donde se reunieron los principales jefes de 45 aldeas y tribus. Allí se decidió proclamar la República de Tule, y se fijaron los límites territoriales; pero para hacer su sueño realidad debieran luchar contra la policía’.

Para el 4 de marzo de 1925, el estado panameño firmó un acuerdo de paz con el pueblo Guna. Lo que posteriormente llevó a la definición del territorio que hoy conocemos como la Comarca Gunayala, tierra de los Guna o los Dules.

Se establecieron leyes relacionadas con el estatus del pueblo Guna, producto de este levantamiento que hoy sustenta su autonomía como pueblo.

De esta sublevación de 1925 surgió una bandera, la cual fue confeccionada por Waga Ebinkili (María Colman), nieta del cacique Simral Colman. Tenía un diseño rectangular con franjas. El centro era de color rojo y con una figura esvástica levógira. Un diseño original y propio, que representa a un símbolo ancestral de los gunas.

Inspirados en las enseñanzas de los ancestros como Ibeler, Duiren la dirigencia guna de esta época llevaron la lucha hasta el final del camino, liberando a las comunidades y exigiendo respeto a sus valores culturales, sus tradiciones. El pueblo Guna y su dirigencia están conscientes que no todo está dicho y acabado.

La lucha continua hasta el último canto para la consolidación de la integridad territorial, cultural, social del pueblo guna que hoy supera los 80 mil habitantes.

El cineasta guna Orgun Wagua viajó a su tierra natal para celebrar los 90 años de la revolución que marcó su historia, ‘mi Madre-Abuela, Melania me crió en la isla de Ustupu (Kunayala) hasta mis 15 años, cuando me vine a la ciudad a cabalgar los otros mundos, supuestamente para estudiar. Ella fue la guardiana de mi niñez junto a mi Papa-Abuelo Alejandro, hizo mi infancia muy feliz. Me enseñaron a caminar por los bosques, a sembrar, a pescar y a soñar. Me decían: Si fracasas en las cosas que hagas, recuerde que tienes un territorio donde puedes volver, buenas tierras para sembrar y mar para pescar. Esta tierra no fue un regalo, costó mucha sangre para vivir tranquilo’.

‘Han pasado 15 años desde que partí del puerto de Ustupu y nuestra comarca cumple 90 años desde que los viejos exigieron paz para sus hijos a punta de escopeta, fue un febrero de 1925, en la Luna de la Iguana. Y mi Madre (Mamá de mi mamá) se tatuó en mí. Ella soy yo’, agrega el cineasta.

La historia del pueblo Guna, del territorio mal llamado San Blas, se quedó escrita para la posteridad con la tinta de sangre de aquellos que con valentía y coraje enfrentaron a la policía panameña que buscaba doblegar y acabar con su cultura ancestral.

Después de 90 años de revolución el pueblo Guna es un ejemplo de organización, muchos hemos ido de visitar sus islas acondicionadas como un pequeño y nacional resort.

‘Ay, esos indios cobran por todo’, se quejan algunos de los impuestos de transporte y más, pero cuando se va a una de las costosas cadenas de hoteles manejadas por extranjeros, allí nadie reclama. Y es que esa es la diferencia entre el panameño de las provincias y el panameño Guna, los últimos valoran lo propio, lo ancestral, el balance necesario entre lo terrenal y lo divino; encarnado en la naturaleza. Saben que todo costó y cuesta muchísimo, pues su cultura que es la base de su pueblo, sus molas, sus bailes y el valor inmaterial que tienen de la tierra y el mar también está en constante tensión con la modernidad. Ellos que ganaron, hoy celebran en la resistencia.

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