Cultura 05/02/2017 - 12:00 a.m. domingo 5 de febrero de 2017

100 años de animación japonesa

Un viaje por los trazos que precedieron a ‘Astro Boy' y la expansión del anime

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Dr. Rolando José Rodríguez De León
periodistas@laestrella.com.pa

Hace cuarenta años, en diciembre de 1977, se presentó en las pantallas de RPC TV Canal 4 un anime que marcó la juventud de miles de niños de Panamá: Astro Boy, doblada al español por la compañía puertorriqueña Film and Dubbing Productions.

En la década del setenta hizo un recorrido por países como México, Venezuela, Perú y Costa Rica, entre otros.

Producido por Osamu Tezuka y Mushi Productions es la primera animación japonesa de más de cien episodios serializada para la televisión, apareció en las pantallas niponas tan temprano como 1963, hasta finalizar en 1966.

Esta no fue la primera vez que vimos una animación japonesa en los canales nacionales; los documentos escritos nos permiten inferir que pudo haber sido en 1974, aunque mediante entrevistas, tal vez podríamos ir un poco más lejos en la década.

El año 2017 es una fecha importante en el calendario japonés ya que marca los cien años del nacimiento de sus creaciones animadas, los primeros pasos de la industria que terminaría conquistando adeptos a nivel mundial.

EL PRIMER ‘ANIME'

Se inicia la incursión en el mundo de la animación cuando la compañía Tenkatsu (Tennenshoku Katsudo Shashin Kabushiki Gaisha) contrata a Oten Shimokawa, ilustrador de la revista satírica Tokyo Puck , para crear una serie de cortos animados.

Él inaugura su producción creando un personaje llamado Mukuzo Imokawa, que es el protagonista de varios cortos como ‘Mukuzo Imokawa el portero' (Imokawa Mukuzo Genkanban no Maki, 1917) y ‘Mukuzo Imokawa se va de pesca' (Imokawa Mukuzo Tsuri no maki, 1917).

Lamentablemente ninguna de sus creaciones sobrevive en nuestros días, lo mismo sucede con muchas otras producciones de la época de las cuales solo se tienen los nombres y alguna reseña de periódicos.

¿Por qué se perdieron? Puede deberse a los bombardeos aliados que destruyeron gran parte de las ciudades, como también al gran terremoto de Kanto en 1923, y los incendios subsiguientes.

Los primeros trabajos japoneses recuerdan a las Silly Symphonies de EE.UU., las cuales consistían en animales antropomórficos que bailaban al son de la música.

En otros casos, las acciones de los personajes eran interpretadas por un narrador (benshi), pero gracias a la proliferación de las animaciones, surgió en los artistas la idea de trabajar leyendas propias y usar de personajes del folclore nacional.

Lo subsecuente fue la aparición de ‘El mono y el cangrejo' (Saru to kani, 1917), ‘Momotaro' (1918), ‘El pequeño samurái' (Ushiwakamuru, 1925) y ‘Disturbio en la villa de los animales' (Dobutsumura no daisodo, fecha desconocida).

DEL CUADERNO A LA INDUSTRIA

Una nueva característica es el surgimiento de productoras de animaciones dentro de los estudios de cine, además de animadores independientes.

Sus producciones logran reconocimiento no solo en Japón sino a nivel mundial y animadores como Yasuji Murata, Noburo Ofuji o Kenzo Masaoka ganan fama por sus aportes al género y el uso de diversas técnicas de animación artesanal, entre las que se destacan el uso de recortes o el chiyogami, un papel japonés translúcido e impreso con diversos motivos.

Otro producto es la animación de personajes de cómics, como es el caso de Norakuro, un perro creado por Suiho Tagawa en 1931 y que dos años más tarde salta a la pantalla grande en la animación ‘Norakuro, soldado raso' (Norakuro Nitôhei: Kyôren No Maki, 1933) dirigida por Yasuji Murata.

CRISIS POLÍTICA

Con la entrada de Japón en la Segunda Guerra Mundial, los materiales escasean, ya que las filminas transparentes que se utilizaban para las animaciones tenían una base de nitrocelulosa, material que funcionaba como propulsor en las municiones, por lo que el gobierno restringe su uso, además, encarga animaciones de propaganda para reclutar jóvenes para el ejercito, además de enaltecer el esfuerzo bélico del momento.

Uno de los primeros cortometrajes de propaganda es ‘Las águilas del mar de Momotaro' (Momotaro no Umiwashi, 1942) de Mitsuyo Seo, cuya duración era de 37 minutos; tres años más tarde, el mismo director y también a pedido del gobierno crea el largometraje de 74 minutos ‘Momotaro y el divino ejército del océano' (Momotaro: Umi no Shinpei, 1944), que fue restaurada digitalmente en el 2016.

Terminado el conflicto, muchos de los animadores siguieron trabajando por su cuenta, a pesar de las vicisitudes del momento, pero en el año 1956 el estudio Toei compra una compañía de animación llamada Nihon Doga Eiga y conforma la Toei Doga (ahora conocida como Toei Animation) bajo la dirección de Hiroshi Okawa, fanático de las animaciones, quien decide que ésta deberá convertirse en la ‘Disney del oriente'.

Dos años más tarde presentan ‘La leyenda de la serpiente blanca' (Hakujaden, 1958), adaptación de una historia de la antigua China.

‘Los trabajos de principios del siglo XX no son nada parecidos a las animaciones provenientes del Japón a las que estamos acostumbrados en esta época; sin embargo, fueron estos precursores los que marcaron y crearon la ilusión de los dibujos en movimiento para las futuras generaciones de animadores, directores y productores',

ROLANDO RODRÍGUEZ

PRODUCTOR AUDIOVISUAL

RENACER COLORIDO

‘La leyenda de la serpiente blanca' fue el primer largometraje animado en colores de Japón y ganó en 1959 el Concurso de Cine Mainichi y mención honorífica en el Festival de Cine Infantil de Venecia.

Luego le siguieron ‘El chico mágico' (Shonen sarutobi sasuke, 1959), ‘El pequeño guerrero' (Anju to zushio-maru, 1961), ‘Las aventuras de Simbad' (Arabian night Simbad no boken, 1961) y ‘El valeroso príncipe derrota a la serpiente blanca' (Wanpaku oji no orochi taiji, 1963).

Es precisamente en 1963, que Osamu Tezuka inicia la revolución de la animación para televisión con Astro Boy.

Los trabajos de principios del siglo XX no son nada parecidos a las animaciones provenientes del Japón a las que estamos acostumbrados en esta época; sin embargo, fueron estos precursores los que marcaron y crearon la ilusión de los dibujos en movimiento para las futuras generaciones de animadores, directores y productores.

HOMENAJE AL CENTENARIO

Ahora, al cumplirse los cien años de este arte, Japón y el mundo se preparan para celebrarlo.

El Anime NEXT 100 es un portal que explica el valor de las creaciones japonesas con miras a crear más infraestructuras y personal especializado en el arte del dibujo en movimiento.

En el portal de internet de la televisora NHK hay una votación en proceso para escoger los cien mejores animes y las cien mejores canciones ya sean de televisión o cine.

En Francia, la famosa Japan Expo Paris hará un homenaje que ha llamado ‘animé 100', en que presentarán 100 animés escogidos de la abundante producción japonesa y el Anime Expo de Los Ángeles, realizará un panel de expertos en el tema.

En Panamá se esperan para el mes de febrero dos conferencias magistrales por la Dra. Laura Montero Plata: ‘El mundo invisible del Studio Ghibli: las claves del éxito' y ‘Tradición e innovación narrativa en el cine de Hayao Miyazaki', auspiciadas por la Fundación Japón y la Embajada del Japón en Panamá.

Además, el Cine Club de Arquitectura de la Universidad de Panamá estará presentando a partir de agosto una selección de animaciones de la preguerra en el Cine Universitario. Ambas actividades se proponen honrar a los pioneros de la animación japonesa.

EL ANIME EN PANAMÁ

- De acuerdo con Adolfo Berríos (28), uno de los tantos fanáticos del anime en el país, muchos seguidores de su generación crecieron con ‘Dragon Ball', ‘Samurai X', ‘Los Caballeros del Zodiaco', ‘Supercampeones' y ‘Sailor Moon'.

- Por impacto mundial, agrega, la serie ‘Neon Genesis Evangelion' no falta en las listas de los mejores; mientras que, ‘Cowboy Bebop' ayudó a empezar la popularidad en la región occidental del mundo.

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