11/10/2018 - 12:00 a.m. jueves 11 de octubre de 2018

El dilema del presupuesto nacional

La aprobación del presupuesto debe darse en base al cumplimiento de compromisos y no para heredar deudas a administraciones futuras

Luis Alberto Morán
economista.pty@gmail.com

R ecientemente se aprobó un presupuesto nacional para la vigencia fiscal 2019 por $23,318 millones, reflejando una disminución de $549 millones en comparación con el período anterior. Ante este presupuesto aprobado, se realizan consultas y evaluaciones para recortes importantes por parte de las instituciones en la Asamblea Nacional de Diputados. Esto ha elevado las evaluaciones y discusiones sobre las prioridades que se deben tomar en cuenta para el próximo período, lo cual es muy importante, tomando en cuenta el desempeño de la economía actual.

La desaceleración económica que ha reflejado la economía en los últimos períodos, y que ha afectado actividades y sectores estratégicos del crecimiento nacional, requiere la aprobación de dicho presupuesto con las necesidades reales, que cumpla con los compromisos adquiridos, y que no permita heredar deudas a la nueva administración, al contrario, debe cumplir dejando las bases sentadas para ese período clave de transición, pensando en continuidad de políticas públicas.

No solo por la continuación y finalización de obras que se manejan como parte del actual período gubernamental, sino también para poder reactivar la economía que ha presentado signos de debilidad.

La tasa anual de crecimiento del 2017 fue de 5.4%, un crecimiento menor al período anterior. En el mismo sentido, la tasa de crecimiento es inferior al promedio de los años 2004 al 2014, cuando la tasa promedio de crecimiento superó el 8%.

Esta tasa promedio anual de 5.4% (2017), también guarda mucha similitud con el promedio de los tres últimos años —2014 al 2016— cuando se registró 5.2% en el crecimiento, que bien se puede considerar como un crecimiento moderado. También refleja la mejora en producción de bienes y servicios, cuando se observan bajas en actividades puntuales que requieren de la proactividad gubernamental, enfocando capital humano capacitado y recursos económicos para poder mantener su potencial en el aporte de ingresos al país. Estas actividades claves son, por ejemplo, IED y turismo.

Las revisiones presupuestarias y recortes que se consideren hacer deben ir dirigidos a la mejora de la inversión con el presupuesto destinado a inversión desde el gobierno (que debe ser más eficiente) y evitar que el presupuesto del próximo año contenga un matiz político, ya sea por el lado de incremento de planilla estatal y también por el lado de publicidad de obras con carácter partidista. Lo cual reduce el impacto presupuestario en la economía real, y de beneficiario final a través de la rentabilidad social.

Reactivar el dinamismo con obra pública es fundamental, a la vez que hay que optimizar el gasto de funcionamiento, el cual equivale a aproximadamente $11,188 millones en funcionamiento. Hay que reducir gastos innecesarios en las entidades relacionados con equipos y maquinarias no necesarios, incluso reduciendo gastos en publicidad gubernamental, y contratación de personal que no es necesario y/o no amerita.

Hay que abrir el campo y fortalecer la plataforma privada para fomentar el empleo desde lo privado, sector que ha reducido sus expectativas de contratación, lo cual impacta en la generación de ingresos en la población, elevando la tasa de desocupados. En este punto sería ideal contar con un presupuesto que mejore la entrada de jóvenes en el mercado laboral, y reduzca la informalidad en las mujeres. Ambos afectados en esta desaceleración de la economía.

La inversión adecuada y estratégica, con generación de empleo, deberían ser propósitos fundamentales en el nuevo presupuesto
 

La inversión adecuada y estratégica, con generación de empleo, deberían ser propósitos fundamentales en el nuevo presupuesto, identificando aquellas entidades con baja ejecución y poca capacidad de desarrollo de programas y proyectos que no vayan en el camino de reactivar la economía. En este campo necesitamos más programas que mejoren el desarrollo agropecuario, que reactiven la construcción, que promuevan la inversión extranjera y local, así como la mejora del turismo, y el comercio.

Contar con un presupuesto ajustado con la realidad y objetivos estratégicos es fundamental, para los próximos seis meses del próximo año, tomando en cuenta el desempeño de estos seis meses del año, lo cual reflejaron bajas considerables en motores estratégicos. Esto también reflejó la necesidad de potenciar otros sectores.

En el primer semestre del año 2018 la economía alcanza un 3.1% de crecimiento, reflejando una baja en la actividad económica, que tampoco es grave, pero sí brinda luces para mejorar el próximo año cuando se necesita mantener tasas de crecimiento que reflejen una mejora en la producción, manteniendo niveles de empleo adecuados que nos permitan ir reduciendo los niveles de pobreza y desigualdad.

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