26/07/2018 - 12:00 a.m. jueves 26 de julio de 2018

En defensa de la mano invisible

El libre mercado es uno de los principales instrumentos que impulsan el crecimiento económico, y Panamá debe seguir librando negociaciones que contribuyan a la estabilidad del orden económico mundial

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Rafael Carles
rcarles@cableonda.net

Con el resurgimiento de la era democrática en Panamá, los gobiernos de Guillermo Endara Galimany y Ernesto Pérez Balladares fueron los primeros que aplicaron reformas económicas que consistían particularmente en la liberación de la economía, la desregulación del mercado y la privatización de las empresas públicas, todas ellas dirigidas a fortalecer el papel de las fuerzas del mercado en el logro de mayores niveles de eficiencia económica y competitividad que se requieren en una economía internacional cada vez más integrada.

Panamá inició la apertura comercial eliminando permisos de importación, lo cual significó una reducción significativa del porcentaje de producción doméstica cubierta por el régimen de permisos. Por otra parte, se registró una desgravación arancelaria sustancial que redujo el arancel máximo negociado en la Organización Mundial de Comercio (OMC) de 320% ad valorem en abril de 1996 a un arancel máximo de 60% en abril de 1997 (arroz y papas). Además se suprimieron por completo los precios oficiales de importación como uno de los compromisos adquiridos con la adhesión a la OMC, lo cual no solamente significó la reducción arancelaria sino la adopción de disciplinas para dar seguridad y certidumbre a los flujos de comercio e inversiones internacionales.

Ante la inminente necesidad de aumentar la competitividad de la economía después de su ingreso a la OMC, Panamá inició un intenso programa de negociaciones para lograr acuerdos de libre comercio con otras naciones. Con la celebración de los tratados con Chile y México en 1998, todos los panameños esperábamos que las posibilidades de eficiencia económica de la economía panameña fueran mayores y pudieran consolidarse en un contexto de bienestar para todos en el país.

Aunque los acuerdos de libre comercio son fundamentales para la inserción de nuestra economía en el mundo internacional, es necesario señalar que los tratados de libre comercio por sí sólos no garantizan únicamente el éxito, ya que es necesario contar con instrumentos legales sólidos y estructuras institucionales fuertes que normen la implementación de los acuerdos y la operación de los mercados bajo condiciones de competencia y transparencia.

Por lo anterior, es nuestra intención en los siguientes párrafos explicar acerca de la teoría que sustenta el libre mercado y poner en contexto los antecedentes que promovieron los acuerdos de libre comercio. Igualmente, es nuestro deseo sugerir algunas ideas para aplacar las críticas anti-mercado que han surgido a raíz de los pocos beneficios logrados tras la firma de más de una veintena de tratados de libre comercio, y además hacer recomendaciones puntuales para asegurar que la próxima negociación con China podamos sacar ventajas y lograr posturas que favorezcan a Panamá.

Libre Mercado: Teoría o Práctica

En 1997, cuando Dani Rodrik, un profesor turco de la Kennedy School of Government de Harvard, publicó su libro ‘Has Globalization Gone Too Far?', algunos economistas abrazaron sus argumentos de que muchas políticas del libre comercio que reducían los aranceles y otras protecciones, habían debilitado industrias nacionales, desestabilizado los salarios y alentado conflictos sociales. Casi veinte años después, el escepticismo de Rodrik encontró asidero político en la figura de Donald Trump cuando declaró durante su campaña presidencial que había llegado la era del fin de la hiperglobalización.

La creencia económica dominante en los primeros años de la globalización era que la reducción de aranceles resultaría en economías más saludables y crecimientos más rápidos para todas las naciones. Si algunos empleos en industrias que competían directamente con el aumento de las importaciones se perdían o se reducía el salario de sus trabajadores, se asumía que la economía crearía suficientes puestos de trabajo nuevos para compensarlos.

El libre comercio es un principio de la teoría económica moderna de la época de Adam Smith. Pero en la década de 1970 surgió un afán intenso con Milton Friedman, que abogaba por un gobierno chico y la desregulación de los mercados. Libros como ‘The End of History' y ‘The Last Man' del filósofo Francis Fukuyama y ‘The Lexus and the Olive Tree' del periodista Thomas Friedman insistieron en que una reducción del proteccionismo y el desarrollo del libre mercado en todo los países conduciría a la prosperidad y una mayor igualdad de ingresos en todo el mundo. Incluso, en 1999, Lawrence Summers cuando era Secretario del Tesoro, dijo a periodistas que en economía ‘un conjunto de leyes funciona en todas partes, es decir, los beneficios del libre comercio llegarán a todos los mercados, grandes y pequeños'.

Paul Samuelson, ganador del Premio Nobel, escribió que la teoría de la ventaja comparativa, la base teórica del libre comercio, es el único principio de la economía que es a la vez fundamental e incuestionable. Según esta teoría, desarrollada por el economista británico David Ricardo, si el país A hace todo más eficientemente que el país B, es decir, produce más con menos trabajo, ambos países se beneficiarían porque el país B también disfrutaría relativamente precios más bajos en los bienes fabricados por el país A. La belleza del libre comercio ricardiano, como lo describió Samuelson, es que debería generar prosperidad para la mayoría de los países. Las ganancias para el país deberían superar las pérdidas combinadas de industrias y trabajadores individuales.

Durante la década de 1990, se iniciaron importantes acciones y entraron en vigor pactos comerciales que reflejaban la intensa fe en el libre mercado. En 1993, con una abrumadora mayoría republicana y un poco de apoyo demócrata, Bill Clinton firmó el NAFTA que estableció un bloque de libre comercio entre México, Canadá y los EE.UU.. En 1994, el presidente Pérez Balladares creó en Panamá el Consejo de Comercio Exterior para impulsar negociaciones y buscar acuerdos de libre comercio con los demás países del mundo. En 1995, el Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT) fue reemplazado por la OMC. Panamá se adhiere a la OMC el 6 de septiembre de 1997 y quedamos sujetos a normas más estrictas que dan menos flexibilidad de la que habíamos disfrutado bajo el GATT para aplicar subsidios gubernamentales y otras políticas proteccionistas que beneficiaban a nuestras industrias.

Libre Mercado: Mito o Realidad

Sin embargo, la crisis financiera asiática de 1997 fue una de las primeras señales que justificó el escepticismo por la ideología del libre comercio. Las economías asiáticas colapsaron y las principales instituciones económicas internacionales, como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, impusieron políticas destructivas de austeridad en un intento de revitalizar las fuerzas del libre mercado en estos países. Lo que se conoció como el Consenso de Washington —una serie de recomendaciones políticas del gobierno de EE.UU. para aplicar disciplina fiscal en países en desarrollo— realmente empeoró las cosas. Lo que se necesitaba era aumentar la demanda, no contraerla con recortes presupuestarios.

Donald Trump ganó las elecciones de los EE.UU. en 2016 y uno de sus principales argumentos de campaña fue los acuerdos de libre comercio, incluyendo la Alianza Trans-Pacífico (TPP) entre una docena de naciones y la Asociación Transatlántica de Comercio e Inversión entre los EE.UU. y la UE. Recordemos que Bernie Sanders también criticó el libre comercio durante su campaña presidencial y la propia Hillary Clinton reconoció que el TPP no cumplía con sus expectativas.

En gran parte, la justificación proviene de un estudio de 2015, publicado por los economistas John McLaren y Shushanik Hakobyan, que demuestra que el crecimiento salarial disminuyó 17% en los mercados cuyas industrias se afectaron por los recortes arancelarios del NAFTA. Y además que los trabajadores menos educados fueron los más afectados, ya que la pérdida de empleo generalmente ocurre en industrias y servicios de fabricación menos calificados.

Esta revelación va mucho más allá de los efectos negativos del libre mercado en sí mismo. Aunque los acuerdos de libre comercio son en esencia para promover el intercambio de bienes y servicio entre los países, el TPP fue diseñado originalmente como una herramienta estratégica para presionar a China a adoptar políticas de libre comercio y contrarrestar su creciente poder económico en el mundo. Sin embargo, si EE.UU. lo hubiera ratificado, su principal beneficio sería haber protegido la propiedad intelectual y los derechos regulatorios de grandes empresas estadounidenses, en particular bancos, corporaciones farmacéuticas y compañías de tecnología, que ahora quedan en desventaja significativa ante las arbitrariedades de los chinos.

Ciertamente, los beneficios del libre comercio no han llegado igualmente a todos los países. Pero eso no significa que estamos de acuerdo con Donald Trump en su forma igualmente arbitraria de subir nuevos aranceles. Lo que los países del mundo necesitan es una nueva política comercial equilibrada para reducir la desigualdad de ingresos y lograr mayores beneficios a la población, pero nunca pensaríamos que una guerra comercial de aranceles es la forma correcta de abordar el problema. Más bien, esa nueva política comercial tendría que iniciar con negociaciones más inteligentes y más abiertas donde se definan fondos sustanciales y se asignen recursos para capacitar a empresarios y trabajadores en aquellas industrias que pierden competitividad y empleos con la apertura.

Libre Mercado: negociación o implementación

Pensar que Panamá puede negociar un tratado de libre comercio con China con la misma visión y el mismo equipo con que negociamos el de EE.UU. es un error garrafal. Panamá debe aplicar con China tácticas novedosas y sobretodo ‘pensar fuera de la caja'. Por ejemplo, debemos ampliar la definición de dumping , un concepto que la OMC utiliza cuando el precio de las exportaciones está por debajo de los costos de producción. De hecho, esta es una de las razones por la cual la OMC se creó en primer lugar. Existen otras aristas como las leyes que prohíben a los trabajadores organizarse en China, que no son más que formas de dumping social diseñadas para mantener los costos bajos en comparación con otras naciones.

A diferencia de las primeras negociaciones y tratados anteriores, creemos firmemente que las discusiones comerciales de aquí en adelante deben ser públicas y transparentes. Llevar a cabo negociaciones en secreto es quizás el mejor argumento que tienen los detractores para desacreditar el libre comercio. También, la influencia corporativa que siempre impone sus condiciones de rentabilidad y ganancias por encima del bienestar común, debe ser controlada y matizada por negociadores expertos que establezcan posturas firmes que beneficien al país como un todo.

Nos oponemos también a cualquier aumento de salario mínimo que no venga acompañado de aumentos de productividad y mayores ventajas competitivas para el país. En su afán por ganar caudal político, nuestros gobernantes se han valido de esta artimaña populista para robarse las joyas de la corona y olvidar los criterios fundamentales del libre comercio, que son la eficiencia del mercado, la mano invisible y las ventajas comparativas. Gobernar sin tomar en cuenta lo anterior es casi como querer aplicar la primera ley de Newton en un mundo sin gravedad.

Por eso, rechazamos los argumentos de aquellos que dicen que los tratados de libre comercio causaron daño a los sectores de la economía que no han podido competir en el mercado internacional. La verdad es que los acuerdos fueron bien negociados, pero el problema es que las autoridades han fallado en su implementación y han sido incapaces de lograr los beneficios esperados. El embajador mexicano, José Ignacio Piñas Rojas, declaró a La Estrella de Panamá el 25 de agosto de 2016 que ‘Panamá no aprovecha los tratados de libre comercio y que nadie se ha acercado a ver qué se le puede ofrecer a México'.

La economía de hoy necesita con urgencia de instituciones sólidas y de ministerios como el Comercio e Industrias (MICI) y Desarrollo Agropecuario (MIDA) con sentido reforzado de país, atributos totalmente contrarios a lo que hemos observado hasta ahora. Seguramente, el sector agropecuario y muchas otras industrias en Panamá que perdieron su capacidad competitiva, ya estaban en declive cuando nos adherimos a la OMC en 1997, pero esta tendencia pudo haberse frenado con políticas que respaldaban tecnologías más nuevas y empresas manufactureras mejor administradas, y con recursos suficientes para capacitación de trabajadores que perdieron sus empleos como resultado de la competencia internacional.

Pero lo que se hizo fue otra cosa. Con el inicio de cada nuevo gobierno, llegaba la esperanza de aumentos políticos de aranceles que enviaban un mensaje engañoso de que se estaba trabajando en una solución para aquellos que habían perdido sus trabajos. No solamente nos opusimos a estas iniciativas proteccionistas sino que sabíamos que este tipo de artilugios no solucionarían absolutamente nada. Y así hemos estado años tras año, y mientras tanto muchos sectores de la economía han ido desapareciendo lentamente.

Libre Mercado: compromisos y salvaguardia

Los tratados de libre comercio firmados por Panamá contienen de por sí medidas de salvaguardia que pueden utilizarse correctamente para frenar las pérdidas de empleos y permitir buscar tecnologías más innovadoras. Pero eso requiere primero la definición de un plan de promoción a las exportaciones y la selección de rubros estratégicos. Para tal propósito, es urgente la creación de una oficina de promoción comercial dedicada totalmente a promover los rubros de exportación y llevar a cabo todo el proceso de marketing , logística de entrega y transporte, precios y promoción.

De hecho, Panamá exporta una gran variedad de productos, ninguno de los cuales tiene una verdadera ventaja comparativa, como sería el caso de la piña de Costa Rica, el vino de Chile, el cacao de Brasil, la leche de Nueva Zelandia y las flores de Colombia. En 2015, los 10 productos más exportados, enumerándose de mayor a menor tomando en cuenta su valor, fueron banano, oro, camarones, piña, chatarra de hierro, azúcar de caña, pescado, aceite de palma, carne de res y desperdicios de cobre, ninguno de los cuales tiene sello estratégico ni marca país.

El ministro del MICI, Augusto Arosemena, reiteró recientemente ante el pleno de la Undécima Conferencia Ministerial de la OMC, que Panamá está comprometido con el sistema multilateral de comercio y reconoció la importancia del libre mercado en el crecimiento del comercio mundial de bienes y servicios, y su contribución a la estabilidad del orden económico mundial. Por eso, hay que hacer el trabajo para dejar sin argumentos a los detractores del libre mercado. Para ello, necesitamos más que nunca de una estrategia para negociar acuerdos inteligentes de libre comercio y asegurar que los mismos encuentren en el MICI y el MIDA instituciones que ayuden a ampliar los mecanismos para apoyar financieramente a productores para innovar e incorporar nuevas tecnologías, incentivar la inversión de las empresas en su capital humano, fomentar la estandarización de la calidad de los productos, propiciar la generación de polos de desarrollo fuera del área metropolitana, incorporar herramientas tecnológicas para facilitar el comercio electrónico, e instaurar programas de apoyo a la competitividad agropecuaria. En nuestra opinión, y de cara a nuestras otras posibilidades como nación, no tenemos otra opción más que hacer el intento y seguir hacia adelante.

El libre mercado permanece siendo el más efectivo y el único instrumento fehaciente de crecimiento económico sostenible. Pero ningún sistema económico puede sostenerse sin apoyo institucional. El reto para aquellos que creen que la globalización es emparejar el crecimiento económico a la imaginación política, es dejar de estrangular las libertades económicas, permitir el desarrollo de las instituciones novedosas y abandonar la conducta improductiva de proteccionismo paternalista. Los gobiernos y los Estados comprometidos con la cultura del libre mercado deben preservar y extender los logros extraordinarios que fomentaron la globalización.

El libre mercado hay que defenderlo, tomando medidas que minimicen el sufrimiento de aquellos más vulnerables. Debemos propiciar un ambiente donde impere el orden del mercado, con la observancia de la defensa de la libre competencia y los derechos de los consumidores. Hacer lo contrario sería inconsecuente con la realidad nacional y global.

EL AUTOR ES EMPRESARIO Y AUTOR DEL LIBRO ‘LIBRE MERCADO: MITO O REALIDAD'

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