Fútbol 24/04/2019 - 12:00 a.m. miércoles 24 de abril de 2019

Un poco más de lo mismo

Maurizio Sarri es blanco de la xenofobia, mientras Raheem Sterling propone una fórmula para ayudar a la erradicación de las conductas inapropiadas o violentas en las tribunas y en las canchas

Maurizio Sarri, entrenador del Chelsea. / Shutterstock
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Maurizio Sarri, entrenador del Chelsea.

Alberto Gualde
periodistas@laestrella.com.pa

Veamos los hechos. El lunes pasado terminaba el intenso partido entre Chelsea y Burnley por la Liga Premier de Inglaterra, cuando el entrenador del Chelsea, Maurizio Sarri, fue expulsado. Hasta ahí, pura anécdota futbolera. Pero al dirigirse a los vestuarios alguien le gritó a Sarri: ‘mierda italiana' y lo curioso es que el vociferante no era ningún hincha violento o un poco salido de lugar. El insultador era un miembro del cuerpo de entrenadores del Burnley y su actitud nos deja unas cuantas reflexiones. La primera es positiva y tiene que ver con un incremento en la conciencia de lo incorrectas y equivocadas que son las salidas xenófobas (y racistas, claro). En otros tiempos, esta situación ni siquiera sería noticia, quizás mero folklore de cancha. Pero en esta ocasión, el Chelsea piensa denunciar la conducta violenta del asistente del Burnley (equipo que sacó un valiente meritorio empate en cancha del Chelsea comprometiendo las posibilidades de Champions del equipo londinense).

Sarri se rehusó a participar en la conferencia de prensa posterior al partido, debido, según fuentes del club, a que se sentía hondamente frustrado (por el resultado negativo) y muy ofendido (por el comportamiento xenófobo). El resultado de todo esto ya lo sabemos. Caerá una multa que no le hará ni siquiera cosquillas a Burnley (pese a ser uno de los modestos en la Premier League), habrá lamentaciones, indignaciones y clamores diversos. Así, hasta la próxima vez, hasta el próximo insulto, la próxima agresión, la próxima nota de violencia.

Y aquí es donde entra Raheem Sterling. La estrella del Manchester City, nominado a Jugador del Año y Jugador Joven del año en la Premier League, insiste con firmeza en que las formas para combatir el racismo en el fútbol son más simples de lo que parece y básicamente dependen de una mayor voluntad política por parte de los estamentos que gobiernan el fútbol. Recientemente escribió un artículo en el Times en el que expresaba sus experiencias como sujeto de abusos racistas y sus ideas para enfrentar el endémico problema. Para muchos, sus ideas pueden parecer exageradas, pero si tomamos en cuenta la incapacidad creciente para frenar dichas conductas, quizás deberíamos prestarle un poquito más de atención a sus propuestas.

Sterling afirma que las multas son apenas arañazos infantiles que no afectan las corazas poderosas de las finanzas del fútbol. Por eso propone cambiar multas por deducción de puntos. ¿Algún hincha sería tan bruto para poner en peligro las oportunidades de título de su club a cambio de un alarido racista? ¿O acaso arriesgaría el descenso de su club por no ponerle freno a sus más burdos instintos de superioridad racial? Sterling pide deducir 9 puntos a los equipos incapaces de controlar a sus hinchas más embrutecidos e inflamados. En meses recientes, los jugadores negros de la selección inglesa sufrieron la repugnante violencia verbal de los hinchas de Montenegro. Y el propio Sterling fue insultado durante una visita de su equipo al Chelsea. Esto por no mencionar el abuso sufrido por el jugador negro de la Juve Moise Kean, quién como si no fuera suficiente fue criticado por compañeros de raza blanca de su propio equipo, acusando de ‘provocar' el despliegue racista por festejar un gol. ‘No sé cuánto tardará en cambiar esta situación' –escribió Sterling en su artículo- ‘pero tenemos que empezar a cambiarlo ya'.

Estoy muy de acuerdo con Raheem Sterling. El racismo no es un problema de ahora, ya lo sé. Pero es un problema que deberíamos empezar a solucionar con eficacia, con acciones capaces de volar más lejos que las lindas palabras y las buenas intenciones.

Hace poco más de 100 años se jugó el primer torneo Sudamericano de Fútbol (ancestro de la actual Copa América). Argentina fue la sede y apenas participaron cuatro equipos (el anfitrión, Brasil, Chile y Uruguay). En el debut, Uruguay goleó 4-0 a Chile y apenas 24 horas después, la federación chilena exigió la anulación del partido, denunciando que Uruguay había procedido ilegalmente, pues contó en su equipo con dos jugadores africanos. Los supuestos africanos eran uruguayos de nacimiento: Isabelino Gradín y Juan Delgado. Ambos eran bisnietos de esclavos y brillaban en la cancha. Gradín fue declarado mejor jugador del torneo y resultó como el goleador. En aquel tiempo remoto, ambos eran los únicos jugadores negros que participaban en una selección nacional en todo el mundo.

Está claro: el problema no es de hoy; pero toca resolverlo hoy.

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