Fútbol 13/05/2018 - 12:00 a.m. domingo 13 de mayo de 2018

Cuando la política se mete en un proceso deportivo

La sede del Mundial de fútbol del 2026 se ha convertido en un escenario donde los intereses de la política mundial convierten la elección en toda una controversia

México aspira junto con Canadá y EE.UU. a celebrar el Mundial del 2026. / Archivo | La Estrella de Panamá
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México aspira junto con Canadá y EE.UU. a celebrar el Mundial del 2026.

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EFE
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La carrera por organizar el Mundial de 2026, que disputan la candidatura de Marruecos y la que integran Estados Unidos, México y Canadá, se ha convertido en un complejo teatro de operaciones en el que los elementos políticos pesan, aparentemente, tanto como los factores estrictamente futbolísticos.

Si desde el principio del proceso de selección se adivinaba un trasfondo diplomático, este pasó a un definitivo primer plano el pasado 27 de abril, cuando el presidente estadounidense, Donald Trump, lanzó en Twitter una advertencia velada a aquellos estados que no respalden al trío norteamericano.

‘Sería una lástima que países que siempre hemos apoyado hicieran ‘lobby' contra la candidatura de Estados Unidos. ¿Por qué deberíamos seguir apoyando a esos países cuando ellos no nos apoyan a nosotros (incluyendo a las Naciones Unidas)?', escribió Trump en un tuit que, si bien provocó críticas por parte de la FIFA, reflejó el carácter político de una pugna que trasciende lo deportivo.

En cierto modo, la situación viene propiciada por el nuevo sistema de elección introducido por la FIFA: ya no será su Comité Ejecutivo el encargado de designar al organizador, sino que el Congreso de la FIFA, con el voto de todas las federaciones nacionales adscritas, será el que elija al ganador.

Cada voto (207 en total) cuenta y, por mucho que la FIFA ruegue a los gobiernos nacionales que no se inmiscuyan en los asuntos de las federaciones de fútbol, la realidad es que a menudo éstas siguen la línea política marcada por aquellos.

En el caso de Marruecos, el proyecto mundialista nació como una auténtica cuestión de estado, y su primer objetivo fue asegurarse los 53 votos de las federaciones africanas.

La Federación Real Marroquí de Fútbol (FRMF) se alineaba así con la estrategia de acercamiento al continente emprendida por el país magrebí, culminada en enero de 2017 con su regreso a la Unión Africana (UA) tras 32 años de ausencia.

‘Estados Unidos ha presentado una candidatura fuerte con Canadá y México para el Mundial 2026'

DONALD TRUMP

Hace tres meses la Confederación Africana de Fútbol (CAF) anunció su apoyo orgánico a la FRMF, dejando atrás las tensiones entre Marruecos y la CAF que había originado el rechazo marroquí a organizar la Copa de África de Naciones (CAN) de 2015 por sus temores a la epidemia de ébola que se extendía por el continente.

Sin embargo, han aparecido las primeras grietas en el respaldo nuclear de África a Marruecos, que se antoja imprescindible para que la quinta intentona del reino de organizar un Mundial tenga esperanzas de prosperar.

En los días que siguieron al ya famoso ‘tuit' de Trump, Sudáfrica anunció que no votará por Marruecos, mientras el presidente estadounidense recibía en la Casa Blanca a su homólogo nigeriano, Muhammadu Buhari, y pedía el voto de los países africanos a ‘United 2026'.

Nigeria y Sudáfrica no sólo son dos de las grandes potencias del continente (con el potencial ‘efecto llamada' que ello conlleva), sino que además integran, junto con Argelia (que en principio sí votará a Marruecos), un eje político que tradicionalmente ha sido aliado incondicional del Frente Polisario y, por tanto, contrario a los intereses marroquíes en el conflicto del Sáhara Occidental.

Otro caladero para Marruecos podría ser Oriente Medio, y aprovechó la última cumbre de la Liga Árabe, en abril, para obtener una declaración de apoyo de esta organización, cuyos estados miembros no africanos podrían sumar 12 votos más.

No obstante, Arabia Saudí se ha mostrado reticente a respaldar a Marruecos, postura que se explica por la tradicional amistad entre saudíes y estadounidenses, pero también por la neutralidad marroquí respecto a la crisis abierta entre Catar y sus países vecinos.

En Europa, no es de extrañar que el aval más potente recibido por Marruecos haya sido el de Francia, dada su condición de antigua metrópoli, importante socio comercial y principal valedora del país norteafricano en el concierto internacional. Y aunque España no haya hecho pública la opción que defenderá, todo un expresidente del Gobierno como José Luis Rodríguez Zapatero, conocido aliado de la monarquía alauí, manifestó recientemente su ‘decidido apoyo' a Marruecos.

A 32 días de que el Congreso de la FIFA dicte sentencia en Moscú (tiempo de sobra para repentinos cambios de opinión), Marruecos continúa sus esfuerzos diplomáticos, especialmente en el Caribe y en la Asia musulmana, mientras la candidatura tripartita, con los 10 votos de la Confederación Sudamericana de Fútbol (CONMEBOL) ya garantizados, busca cerrar nuevos apoyos en el resto de continentes.

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